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Kurt Cobain (Nirvana) reconocía que no tenía ninguna intención de mejorar como guitarrista: "No tengo ni idea de cómo ser músico, no sé el nombre de los acordes”

Cuando se elaboran listas de los guitarristas más influyentes de la historia, no de los más virtuosos o técnicos, suele sorprender que el nombre de Kurt Cobain se encuentre entre ellos, pero no son pocas las voces que defienden que el líder de Nirvana aportó un enfoque nuevo, rabioso y personal al instrumento, especialmente indicada para abanderar la esencia del grunge, género que emergió del rechazo a los destellos del rock y metal de los ochenta. El propio Cobain lo expresaba reconociendo que no tenía ninguna intención de mejorar como guitarrista: "No tengo ni idea de cómo ser músico, no sé el nombre de los acordes”.

Este ejemplo de actitud grunge lo plasmó el cantante y guitarrista de Nirvana en varias ocasiones, luciendo intencionadamente un supuesto desconocimiento de la música no exento de unas gotas de sentido del humor, como se aprecia en estas palabras a Guitar World en 1991: “Somos unos retrasados musicales y rítmicos. Tocamos con tanta fuerza que ni siquiera podemos afinar las guitarras lo suficientemente rápido. La gente se puede identificar con eso”.

Un tiempo después, en 1993, tal como recoge Loudersound, ya con Nirvana en lo más alto de la escena rockera en todo el mundo, Cobain volvía a hacer alarde de ese desinterés por el aspecto más técnico de la música: “No tengo ningún deseo de mejorar como guitarrista. No tengo ni la más remota idea de cómo ser músico. No sé el nombre de los acordes que toco ni sé cómo hacer acordes mayores o menores en una guitarra”.

La influencia de Kurt Cobain

Pese a todo, no se puede negar la influencia de Kurt Cobain en las generaciones que llegaron tras la gran erupción de Nirvana y del grunge en general, cambiando la forma de entender el instrumento para siempre. De hecho, dos guitarras de Kurt se encuentran entre las que más alto precio han alcanzado en sus ventas más recientes, con la de David Gilmour de Pink Floyd ocupando el primer lugar.

Los expertos destacan de la forma de entender el instrumento de Cobain su expresividad, dinámica y cómo se ponía totalmente al servicio de la canción, descartando solos o transformando estas partes en una prolongación de las melodías principales de la voz, y haciendo que la armonía, la agresividad y la melodía fueran siempre muy por delante de cualquier demostración individual.

Algunos grandes protagonistas hablaban así del legado de Cobain en declaraciones recogidas por Fender hace un tiempo de John Frusciante de Red Hot Chili Peppers, Butch Vig (productor de ‘Nevermind’), Rivers Cuomo de Weezer o el añorado Chris Cornell de Soundgarden.

El productor del histórico disco de 1991 dejaba estas palabras a The Washington Post: “No podía tocar (ni tenía ningún interés en aprender) las escalas a toda velocidad de Eddie Van Halen ni los acordes de jazz increíblemente complicados. Pero era un gran guitarrista con un instinto especial para componer patrones de acordes realmente geniales, pegadizos, rítmicos y llenos de riffs. Tenía una especie de instinto primitivo para tocar la guitarra. Y gran parte de eso proviene de su pasado punk. Te veías obligado a convertirte en tu propio maestro”.

En el caso de Frusciante, eran palabras a Fact Magazine: “Las improvisaciones de Kurt Cobain son solos de guitarra realmente impresionantes porque se centran más en su energía y su naturalidad, sin intentar impresionar con dedos ágiles ni nada por el estilo. No se ciñen a cosas como mantener la tonalidad correcta: simplemente tocan la nota que les apetece. Así es como funciona en la música electrónica”.

Cuomo hablaba así para Rolling Stone: “Estábamos en el estudio grabando el ‘Blue Album’ cuando salió ‘In Utero’, y como estábamos en el mismo sello que Nirvana, pudimos escucharlo bastante pronto. Eso no hizo más que intensificar nuestra admiración por Kurt. En algún rincón de mi mente había una esperanza y un temor de que algún día pudiera conocerlo. Me hubiera encantado conocerlo, pero, por otra parte, me daba miedo, porque estaba bastante seguro de que despreciaría mi música y todo lo que representábamos”.

Finalmente, Cornell comentaba lo siguiente también a Rolling Stone: “Mi primer recuerdo de Nirvana es cuando me hicieron llegar una cinta con maquetas, lo que acabó convirtiéndose en ‘Bleach’. La reacción de todo el mundo fue que se trataba de una banda increíble y de canciones increíbles. Era otra señal de que el Noroeste tenía algo especial que no se podía negar. Resultaba bastante impactante ver a un trío que sonaba así, e intentar meterse en la cabeza de un tipo que escribe una canción como “Floyd the Barber”. ¿De dónde surge la idea inicial de una canción como esa? La escena de Seattle se benefició de la cultura de MTV, y fue precisamente la imagen y la forma de presentarse de Nirvana lo que generó ese apoyo unánime en todo el mundo. El rock se había vuelto un poco hedonista: hombres de 35 años que llegaban al escenario en helicóptero, salían con supermodelos y se esforzaban por distanciarse de su público. Nirvana, más que cualquier otra banda, tocaba mucho más duro, tenía una originalidad significativa, mientras que parecían chicos con los que habías ido al instituto. Creo que ese era su secreto. La leyenda no va a ser simplemente la forma en que se quitó la vida; creo que siempre serán las canciones”.

Jorge Bobadilla

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