Rock alternativo, independiente, sonido alt-folk, una marcada dosis de melancolía y la influencia de sus años vividos en Inglaterra mezclada con la paz de su regreso a nuestro país, concretamente a tierras abulenses, da como resultado el sobresaliente disco ’22·22’, con el que se presenta en sociedad Silver Roy. Alfredo Villaescusa lanza sus preguntas al joven músico, que nos abre las puertas a su mundo creativo.
Con este disco tienes la intención de cerrar una etapa e iniciar otra diferente. ¿Es importante no dejar flecos sueltos? ¿Por qué se ha caracterizado dicha etapa que ahora darás por finalizada?
“Sí, para mí era importante cerrar ese capítulo sin dejar nada pendiente. Durante muchos años, fui construyendo un universo muy personal desde que era bastante joven, escribiendo canciones y publicando cosas de forma bastante intuitiva, sin una estrategia clara alrededor del proyecto. Era un proceso muy orgánico y bastante privado, y muchas de esas canciones quedaron dispersas o con poca visibilidad.
La pandemia fue un punto de inflexión. En ese momento estaba viviendo en Inglaterra y, como a mucha gente, me dio tiempo para parar y reflexionar. Ahí empezó a surgir la idea de cerrar esa etapa de una forma consciente, de ordenar todo ese material y darle un sentido más claro. Cuando regresé a España y me instalé en Arenas de San Pedro empecé también a escribir nuevas canciones y a pensar el proyecto de una forma más completa. Fue entonces cuando empezó a tomar forma la era ’22·22’, donde además de la música quise desarrollar una parte audiovisual que siempre había tenido pendiente. Durante unos tres años fui organizando todo ese trabajo hasta que finalmente tomó forma en el disco 22·22, que publiqué el 23 de enero y que de alguna manera funciona como el cierre de todo ese recorrido creativo”.
¿Qué hay acerca del título ‘22·22’?
“El 22 es un número que me ha acompañado durante mucho tiempo. De hecho, fue alrededor de los 22 años cuando realmente empecé a dar forma al proyecto y a presentarme como Silver Roy. Desde entonces ha sido una cifra que ha ido apareciendo de manera bastante recurrente en distintos momentos relacionados con la música.
Durante muchos años, tuve una relación un poco contradictoria con ella. La música siempre ha sido una parte muy importante de mí, pero al mismo tiempo también la mantuve bastante en privado, porque es un mundo complicado y a veces yo mismo me alejaba de él. Aun así, cada vez que volvía a hacer algo relacionado con la música, ese número volvía a aparecer de alguna forma. No soy especialmente supersticioso ni creo demasiado en ese tipo de señales, pero cuando algo se repite tanto acaba teniendo un significado personal. Por eso, cuando llegó el momento de ponerle título al disco, lo tuve bastante claro: ’22·22’ representaba muy bien esa idea de ciclo, de algo que se completa y que al mismo tiempo abre la puerta a lo siguiente”.
Tengo entendido que en este disco aparecen canciones de diversas épocas. ¿Es por tanto una recopilación? ¿Qué criterio seguiste a la hora de elegir las canciones?
“No diría que es exactamente una recopilación. Más bien es un disco que pone las cosas en su sitio. No mira hacia atrás con nostalgia, sino que ordena todo ese recorrido y le da una forma coherente. Las canciones pertenecen a diferentes momentos de mi vida, pero todas representan muy bien las etapas por las que he ido pasando. Ese fue el criterio principal: elegir temas que reflejaran claramente ese viaje creativo y personal.
No fue una selección fácil, porque hay canciones que me gustan mucho y que finalmente se quedaron fuera. Pero también tenía claro que el disco tenía que mantener un equilibrio y una narrativa. De todos modos, la idea es que algunas de esas canciones que se han quedado fuera puedan aparecer más adelante en una versión ampliada del proyecto, posiblemente durante el verano, con material extra como versiones en directo o formatos más acústicos”.

Te mudaste a la localidad abulense de Arenas de San Pedro, ¿por qué? ¿Buscabas paz interior?
“Absolutamente. Cuando regresé de Inglaterra, estábamos en plena pandemia, y la situación a nivel social y emocional era bastante dura. Yo venía con muchas cosas dentro y necesitaba parar un poco y recolocar todo. Soy originalmente de Madrid, toda mi familia vive en Móstoles, y pasé allí un par de meses al volver. Pero enseguida tuve claro que no quería instalarme de nuevo en ese entorno. Sentía que necesitaba algo completamente diferente.
Buscaba un lugar rodeado de naturaleza, montañas, bosque… un sitio donde pudiera bajar el ritmo y tener el tiempo y la tranquilidad necesarios para trabajar en todo lo que estaba empezando a imaginar alrededor de ’22·22’. Arenas de San Pedro apareció en ese momento y encajaba perfectamente con lo que necesitaba: un lugar con calma, con paisaje, con espacio para pensar y crear. De alguna manera, instalarme allí también fue parte del proceso de volver a conectar conmigo mismo y con la música desde otro lugar”.
Otro punto relevante de tu trayectoria fue tu estancia en Gran Bretaña. ¿Qué te aportó en concreto? Creo que tu música a partir de entonces se volvió más intimista, ¿cierto?
“Sí, es verdad que viví cerca de diez años en Inglaterra y fue una etapa muy importante, aunque quizá no tanto desde el punto de vista visible de la música, sino desde el personal. Cuando empecé en el mundo musical siendo más joven tenía algunas partes personales bastante debilitadas, y enfrentarme a la industria desde ese lugar me parecía inviable. Durante esos años, me centré mucho en crecer a nivel personal, en vivir experiencias, madurar y recolocar muchas cosas dentro de mí. La música nunca desapareció, siempre estuvo ahí, pero pasó a un segundo plano.
También es verdad que vivir en grandes ciudades tiene un componente muy marcado de tendencias, de lo que está de moda, y eso muchas veces genera mucha comparación. A mí, en cierto modo, me alejaba de lo que realmente quería ser como artista. Sentía que ese no era el lugar donde podía desarrollarme con autenticidad. Pero todo ese proceso personal sí que influyó mucho en mi forma de escribir. Nunca dejé de componer y fue precisamente en ese tiempo cuando empezó a aparecer una parte más introspectiva en mis canciones”.

Diría que tu estilo bascula entre el indie rock y el folk, ¿lo compartes? ¿Cuáles dirías que son tus principales influencias?
“Entiendo que la gente necesite etiquetar la música para orientarse, pero cada vez tengo más claro que yo intento ir justo en la dirección contraria. No me interesa demasiado encasillar lo que hago dentro de una etiqueta concreta. Prefiero que las canciones se escuchen como son, sin la necesidad de ponerles un nombre previo. Es verdad que, si tuviera que hablar de un núcleo, seguramente estaría en algún punto entre el rock alternativo, el indie rock o incluso ciertas influencias folk. Pero, para mí, eso no es una frontera, sino más bien un punto de partida. No quiero cerrarme a nada ni limitarme creativamente.
Vivimos en una época en la que todo necesita una etiqueta muy concreta, y a mí esa idea me resulta un poco limitante. Prefiero pensar que mi música se mueve con libertad dentro de ese territorio del rock alternativo y de la canción más introspectiva, pero sin la obligación de pertenecer a un género específico”.
Si hay un tema que destaca bastante en el disco, ese es “October”, con cierta atmósfera gótica y ramalazos del rock alternativo de los noventa. ¿Cómo surgió realmente?
“Es una canción que tiene ya bastantes años. De hecho, nació literalmente en un mes de octubre y está inspirada en el final de una amistad que en su momento me marcó bastante. Cuando eres joven, la ruptura de una relación de amistad puede afectarte muchísimo, porque al final las amistades ocupan un lugar muy importante en tu vida, casi al mismo nivel que cualquier relación sentimental.
La canción empezó a escribirse desde ese lugar emocional, intentando entender ese tipo de pérdida y lo que deja dentro de ti. A medida que fue creciendo la composición también fue apareciendo de forma bastante natural ese tono más oscuro o melancólico que tiene, y de ahí ese aire un poco gótico y ese guiño al rock alternativo de los noventa que se percibe en el tema. Curiosamente, durante mucho tiempo, fue una canción que quedó un poco escondida dentro de mi repertorio. Pero cuando empecé a construir el proyecto ’22·22’ me di cuenta de que encajaba perfectamente dentro del disco y terminó convirtiéndose en una pieza bastante clave dentro del conjunto”.
“Nights in Saturn” evoca la melancolía de The Smiths. ¿Es una referencia importante?
“Sí, totalmente. The Smiths fue un grupo que me marcó mucho durante mi adolescencia. Siempre me parecieron una banda muy original, con un sonido muy particular y una manera muy especial de transmitir esa melancolía que tenían sus canciones. También fui muy fan de The Cranberries, y de alguna manera llegué a The Smiths a través de ellos, porque su música también tiene bastante influencia de ese universo sonoro.
En el caso de “Nights in Saturn”, sí que hay algo de esa melancolía británica en la canción, tanto en el espíritu como en la atmósfera. Es una pieza que siempre ha tenido muy buena reacción cuando la he tocado o la he compartido con gente cercana, así que para mí siempre ha sido una canción bastante importante dentro de mi repertorio”.
¿Hay intención de presentar el disco en directo? ¿Cómo suelen ser tus conciertos?
“Sí, por supuesto. Presentar el disco en directo es una parte muy importante del proyecto, y en eso estoy ahora mismo. También lo veo como una nueva fase dentro del recorrido de ’22·22’: empezar a llevar estas canciones al escenario. Pero intento hacerlo con bastante criterio. No se trata simplemente de tocar por tocar, sino de buscar conciertos que realmente tengan sentido y que merezcan la pena.
Ahora mismo estoy en un momento de crecimiento y de dar a conocer el proyecto, así que prefiero seleccionar bien cada actuación antes que aceptar cualquier tipo de concierto. Además trabajo con una banda que está localizada en Arenas de San Pedro, así que también hay una logística detrás y eso hace que cuidemos mucho cada oportunidad. De momento, ya hay dos conciertos previstos para esta primavera: uno precisamente en Arenas de San Pedro y otro en Móstoles. La idea es ir construyendo poco a poco una serie de actuaciones que ayuden a que el proyecto siga creciendo también en directo”.
Escucha ’22·22’ en Spotify:
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.

