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Entrevista a Noche Cero: “Vivimos rodeados de instrucciones invisibles; qué pensar, a quién odiar, qué votar y hasta qué palabras usar”

Si alguna vez sentiste que no encajabas en esa sociedad moderna en apariencia tolerante que se nos ha quedado con múltiples directrices encubiertas desde diversos ámbitos, en ‘Manual del esclavo moderno’ se encuentra toda una auténtica obra antisistema del pensamiento crítico. Tras soltar tantas verdades como puños en sus canciones, Alfredo Villaescusa no puede evitar lanzar unas preguntas a Carlos González Peñalba, compositor, productor, letrista y responsable de este proyecto nacido para rasgar las vestiduras de incautos y abducidos diversos.

‘Manual del esclavo moderno’ disecciona el mundo actual en muy diversas facetas. ¿Cómo surge la idea? ¿Era algo que tenías ya pensado anteriormente o partió de algún momento o hecho en concreto?

“En realidad, es una continuación natural de mi álbum anterior, ‘Manual de supervivencia’. En aquel disco el foco estaba puesto en el individuo, en cómo sobrevivir mentalmente a un mundo cada vez más absurdo, recuperar tu dignidad y no dejar que te conviertan en una pieza más del engranaje.

Con ‘Manual del esclavo moderno’ la mirada se abre un poco más. Ya no se trata solo de cómo resistir como individuo, sino de entender qué tipo de sistema genera ese desgaste.

Las canciones hablan de los mecanismos de control modernos, el trabajo precario, la polarización política, los medios de comunicación, la manipulación emocional, la anestesia digital…

La idea del disco es muy simple, si el anterior era un manual para sobrevivir, este es el manual que el sistema usa para domesticarnos”.

Ya de entrada, cargas contra todos esos tutoriales que pululan por la red en “Tutorial para tragar”, ¿cierto?

“Sí, pero no tanto contra los tutoriales en sí, sino contra el tutorial ideológico que nos meten a todos sin darnos cuenta. “Tutorial para tragar” está planteada como si fuera un curso absurdo donde te enseñan a ser un ciudadano perfecto: trabajar en silencio, elegir un bando político, repetir consignas, no hacer preguntas y aplaudir.

La canción resume esa lógica con frases como “traga, firma, vuelve a aplaudir” o “elige tu bando, rojo o azul, da igual el color”. Es una forma irónica de decir que vivimos rodeados de instrucciones invisibles; qué pensar, a quién odiar, qué votar y hasta qué palabras usar”.

“Rojos vs Azules” y “Un día cada cuatro años” atacan al sistema político en general, ¿hace falta más espíritu crítico?

“Muchísimo más. Uno de los problemas de nuestra época es que la gente ha sustituido el pensamiento crítico por la identidad política. Ya no se analizan ideas, se defienden bandos. En “Rojos vs Azules” lo digo bastante claro, la pelea entre partidos muchas veces es un teatro donde los ciudadanos discuten entre ellos mientras el poder real sigue intacto.

Y en “Un día cada cuatro años” se plantea algo incómodo, las elecciones muchas veces funcionan como una válvula de escape para que la gente canalice su rabia… pero sin que cambie realmente el sistema.

El mensaje no es antipolítico. El mensaje es que, si no hay pensamiento crítico, cualquier democracia se convierte en una rutina vacía”.

En tu web señalas que “no se ataca a un bando concreto, sino al juego entero”. ¿Esta aclaración es para prevenir malentendidos?

“Más que prevenir malentendidos, es ser honesto con lo que pienso. Yo crecí en una época donde la división izquierda-derecha tenía cierto sentido histórico. Pero hoy muchas veces funciona más como una herramienta de polarización que como un debate real sobre ideas. Mientras discutimos sobre etiquetas, el modelo económico, mediático y tecnológico sigue funcionando exactamente igual. Por eso el disco no dispara contra un partido concreto, dispara contra el tablero entero”.

En “400.000” hablas del crecimiento de la clase política y sus privilegios. ¿Hay una solución al respecto? Se denunciaron las llamadas “puertas giratorias” en cierto momento, pero quedó en una bonita intención…

““400.000” nace de un dato que me dejó bastante impactado: el enorme crecimiento del número de cargos políticos y asesores en las últimas décadas.

La canción lo resume de forma muy cruda, mientras tú comparas precios en el supermercado, ellos brindan con champán pagado con tu salario.

Más que proponer una solución concreta, la canción intenta señalar algo muy básico, cuando una estructura de poder crece demasiado, acaba desconectándose de las necesidades de sus usuarios, o sea, del pueblo. Y eso, históricamente, nunca termina bien”.

En “Dictadura maquillada” abordas el control de los medios de comunicación, ¿existen pocos espacios para la auténtica libertad hoy en día?

“Creo que el problema no es tanto la censura clásica como algo mucho más sutil, la narrativa dominante. En la canción hablo de titulares filtrados, subvenciones, opinadores repitiendo el mismo discurso… y de cómo la verdad pasa por tantos filtros que a veces acaba desapareciendo. No hacen falta tanques ni prohibiciones directas si consigues que todo el mundo repita la misma historia. Ese es el peligro de una “dictadura maquillada”, parece que todo es libre… mientras nadie se salga demasiado del guion”.

Recuperas la tradición del punk como reflejo y altavoz de la incomodidad. ¿Era algo que se echaba de menos? ¿La provocación ha pasado a mejor vida?

“El punk nunca se ha ido del todo, lo que pasa es que ha cambiado de forma. Yo crecí escuchando bandas como Ska-P, Barricada, Extremoduro, Reincidentes o La Polla Records, que tenían esa mezcla de rabia, crítica social y humor negro.

Hoy esa actitud sigue viva, aunque a veces aparezca en otros géneros. Por ejemplo, Rage Against The Machine, System of a Down, o incluso artistas más modernos dentro del rap o el metal alternativo siguen teniendo ese espíritu incómodo.

Para mí, el punk no es solo un estilo de música, es una actitud, decir lo que piensas, aunque incomode”.

Una visión humanista

¿Qué escenas te inspiran más como músico y qué escuelas políticas como activista contestatario?

“A nivel musical, me inspiran las escenas donde la música sigue siendo una herramienta de expresión real: el punk, el rock alternativo, el metal… Espacios donde todavía hay margen para incomodar y decir cosas sin demasiados filtros. En lo político, no me identifico con una escuela concreta. Mi visión es más bien humanista: poner a la persona en el centro, por encima de ideologías, etiquetas o bloques. Creo que cuando la política se convierte en identidad, deja de ser útil. Y cuando deja de ser útil para la gente, solo sirve para mantener el poder”.

En la actualidad se suele aplicar la etiqueta de “extrema derecha” al que ose discrepar respecto a la verdad oficial. ¿Temes que se te aplique el mismo rasero?

“Vivimos en una época muy curiosa donde muchas veces la etiqueta sustituye al debate. Hoy parece que, si cuestionas algo de uno de los bandos, automáticamente tienes que pertenecer al bando contrario. Y si no encajas en ninguno, si la gente no sabe muy bien dónde colocarte, suelen recurrir al término comodín que se usa siempre: fascista, facha, etc.

A mí sinceramente me da igual la etiqueta que quieran ponerme. No escribo canciones para agradar a una tribu política concreta, yo lo resumiría así: no soy ni de derechas ni de izquierdas. Soy humanista. Y desde esa posición critico lo que creo que merece ser criticado, venga de donde venga”.

Creo que en este proyecto estás tú solo y recurres a la IA, pero con límites. ¿En qué consisten exactamente? ¿Qué le dirías a los que consideran la utilización de la IA en la música como algo negativo?

“La IA es simplemente una herramienta. Yo compongo las canciones, escribo las letras y toco instrumentos como guitarra o piano. Las guitarras de los temas son mías, por ejemplo. La IA me permite completar lo que no puedo hacer yo solo: batería, bajo, arreglos, voces diferentes… incluso voces femeninas. Pero siempre bajo una idea muy clara: la IA no dirige el proyecto, la IA ejecuta lo que imagina el humano. Para mí, es lo mismo que pasó con los sintetizadores, los samplers o la producción digital.

Cada tecnología cambia la forma de crear música, pero la creatividad sigue siendo exclusivamente humana. Desgraciadamente, las redes ya están llenas de música “autogenerada” por IA, y es fácilmente identificable”.

Por último, ¿hay intención de hacer conciertos a la vieja usanza en el futuro?

“Sí, esa es la idea. Noche Cero nació como un proyecto creativo muy libre, casi experimental, pero poco a poco está creciendo y cada vez hay más gente interesada en llevar las canciones al directo.

La intención es montar una banda y empezar a probar conciertos. No sé si será este año o el siguiente, pero me gustaría que las canciones terminaran donde siempre deberían terminar, en un escenario, con la gente cantándolas a gritos. Porque al final el rock, el punk y el metal no están hechos para quedarse solo en internet”.

Alfredo Villaescusa

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