Con canciones como como “Aunque llueva mierda”, “A veces” o la propia “A beso descubierto” se nos fue presentando el nuevo disco de La Comanche, la banda capitaneada por Quique Palacios, que vuelve para recoger el testigo de su anterior trabajo, ‘Eviterna’, y continuar engrosando su legado. 'A beso descubierto' nos ofrece una decena de excelentes canciones para nuestro rock sobre las que Borja Díaz ha centrado las preguntas que contesta el líder de la formación madrileña.
‘A beso descubierto’ demuestra la intención de destilar sinceridad desde el título. ¿Cómo es el trabajo de introspección a la hora de componer?
“Uno de los momentos que más disfruto es la composición, que nace de esa necesidad de poner sobre la mesa lo que sentimos en cada instante, sin filtros. Por mi parte, llevo al local cada tema con letra y acordes, luego se moldean con la banda hasta que cada riff y cada palabra suenen auténticos y viscerales”.
¿Cuáles son las principales diferencias con ‘Eviterna’?
“A beso descubierto’ es una evolución de ‘Eviterna’. Sonamos mejor, componemos mejor y eso se refleja en el resultado. Para este nuevo disco todas las letras son de nueva creación, mientras en el anterior había temas antiguos que no habíamos grabado todavía”.
”Aunque llueva mierda” podría ser vuestro himno de resistencia.
“Sí. Esa canción tiene ese pulso combativo que nace de la resistencia. El título ya es una declaración de intenciones, una forma cruda y poética de decir “sí, duele… pero aquí estoy””.
“Reencarnación” tiene un toque cálido que invita a seguir adelante. ¿De qué ha tenido que levantarse La Comanche?
“Sacar un disco siempre es un salto al vacío: ilusión, trabajo, inversión y alma. Pero, cuando no alcanza a toda la gente que debería, se mezcla la frustración y la tristeza… Y, sí, a veces dan ganas de rendirse… luego toca levantarse de nuevo”.
¿Qué historia hay detrás de “Si mece la cantonera”?
“Es una forma popular de referirse a una prostituta, alguien que carga con una vida llena de golpes, silencios y cicatrices. La canción habla de consuelo en medio del caos, de cómo cuando alguien que conoce la oscuridad es capaz de abrazar la tuya y encuentras una paz brutalmente honesta. Es una metáfora poderosa sobre compartir el dolor para poder seguir adelante, sobre cómo, a veces, el refugio aparece en los lugares más inesperados…”
¿Por qué elegisteis hacer la versión de “Guadalmedina” de Tabletom?
“Esa canción siempre ha sido una de mis favoritas. No solemos hacer muchas versiones, pero esta vez quisimos ponernos un reto de verdad: llevarla a un terreno íntimo, acústico, donde cada palabra pesara más. La original tiene algo mágico: la primera estrofa la escribió Tabletom sobre su Málaga natal, la segunda es de Kutxi Romero, que la llevó hasta su Iruña. Y, con el permiso y el respeto absoluto hacia Tabletom, sentimos la necesidad de completar ese viaje añadiendo una tercera estrofa que hablara de nuestro barrio de Madrid, de donde venimos, donde crecimos y donde aprendimos a sentir la música como la sentimos hoy. Al final, es una forma de rendir homenaje, pero también de dejar nuestra huella en una canción que ya era pura vida”.
¿Por qué habéis vuelto a cerrar este trabajo con dos acústicas?
“Terminar en acústico es como bajar la guardia tras un viaje emocional intenso: invita a la calma, a la reflexión tras la tormenta. Las acústicas son refugios, respiros y, a la vez, puentes que conectan el corazón del disco con cada persona que lo escucha”.
Cómo se logra plasmar en el directo canciones que invitan a escucharlas dejando que te lleguen al alma?
“Tenemos algo muy nuestro: en directo sonamos incluso mejor que en estudio. Sobre un escenario, todos juntos, codo con codo, es donde realmente explotamos. Ahí no hay filtros, no hay distancia… solo energía, sudor y verdad. El estudio es más frío, más técnico, cada uno grabando su parte; pero cuando estamos frente al público todo encaja de una forma brutal. Es ahí donde La Comanche respira de verdad y donde nuestras canciones cobran vida”.
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