Jairo Martín vuelve a escena con su nuevo trabajo, ‘Bailar los domingos’, un disco que marca un nuevo punto de encuentro entre su vertiente más rockera y su querencia por explorar distintos territorios musicales. El canario recupera el formato de banda, vuelve a rodearse de una amplia familia de músicos y cómplices de distintas etapas de su carrera y reivindica el valor del rock de sala, de la cercanía con el público y de las canciones que se hacen grandes cuando se viven en directo. El artista ha charlado con Kike Marcos sobre el proceso de creación de este nuevo trabajo y sobre su esperada vuelta a Madrid, que tendrá lugar el 21 de febrero en la sala El Perro de la Parte de Atrás del Coche (entradas aquí) una de esas citas pensadas para el contacto directo, el sudor compartido y la comunión entre escenario y público.
Desde el punto de vista sonoro, ‘Bailar los domingos’ supone una continuidad natural dentro de su discografía. Como él mismo explica, es “un disco de banda, con el rock como principal fuente, pero que apunta al mismo tiempo hacia otras direcciones”. Esa voluntad de no encasillarse vuelve a ser una de las señas de identidad de Jairo, que disfruta de que sus trabajos respiren variedad, y le gusta “que los discos y los conciertos, al menos los míos, pasen por diferentes etapas y jueguen con diversos géneros”. En el fondo, todo nace de una escucha ecléctica, ya que se describe como “amante de artistas de toda clase y condición, a veces antagónicos entre ellos por la música que hacen”. Algo que, a sus ojos, se refleja en su manera de conformar las diez canciones que componen un álbum.
Esa apertura musical se traslada también al plano temático. Lejos de refugiarse únicamente en lo autobiográfico, Jairo apunta hacia lo cotidiano, hacia aquello que atraviesa a cualquiera. “Suelo tratar temas y asuntos que a cualquiera le pueden suceder”, comenta, subrayando que su mirada va más allá de lo estrictamente personal, y escribe “mucho acerca de las relaciones personales, desde luego no de las mías únicamente”.
En este nuevo trabajo hay, además, una reflexión sobre el propio oficio de escribir canciones y sobre el ecosistema creativo que lo rodea. “En este disco hay algunas canciones acerca de mi propio universo musical, de los artistas o músicos que lo componen y también un poco acerca de lo que nos pasa a nosotros como músicos o autores”, nos indica. En ese mismo hilo se sitúa el homenaje a una de sus figuras de referencia al incluir “una versión de mi querido y añorado Rafael Berrio de una canción que siempre me encantó, “No pienso bajar más al centro””.
El proceso de grabación fue, en sí mismo, un reencuentro con viejas complicidades y una celebración del trabajo colectivo. Jairo volvió a contar con el núcleo creativo que lo acompaña desde hace años, reuniendo “por un lado, a parte del equipo habitual en Madrid, al menos desde ‘Hombres mejores’, como son Kike Eizaguirre e Iván Domínguez en la producción, con los que me entiendo muy bien y confían mucho en mis canciones”. A ello se sumó un nutrido grupo de amigos y colaboradores, repartidos entre Madrid y las islas en lo que fue “una grabación muy divertida, con cantidad de amigos que vinieron a participar en ambos sitios”. El proceso no fue inmediato, pero ese tempo pausado acabó jugando a favor del resultado. Jairo cree que “esa cierta calma le vino bien al resultado final”.
En lo estilístico, el disco vuelve a moverse entre polos aparentemente opuestos. “En ‘Bailar los domingos’ hay bastante rock ’n’ roll, pero también nos vamos al cantautorismo… Hay guiños al tango, al pop, hay algo de funk incluso”, detalla, dejando claro que no se trata de una norma premeditada, sino de una necesidad creativa, y que le apetece darse “un respiro" a sí mismo "a la hora de componer, no aburrirme e ir buscando en diferentes direcciones”. Esa libertad formal es, en buena medida, la que dota al álbum de una personalidad poliédrica, capaz de transitar del voltaje eléctrico a la cercanía emocional sin perder coherencia.
La apuesta por el directo como espacio de verdad también se refleja en la manera de presentar una de las canciones más rockeras del álbum, “La noche es Violeta”. “Es una canción eminentemente madrileña, y queríamos que eso estuviera presente de alguna manera en el vídeo”, explica. Finalmente, se optó por una toma en vivo, capturando el pulso real de la banda y “su sonido sin trampa ni cartón, en una versión muy entregada, y no pueden ser más madrileños los emplazamientos ni el público que nos acompañaba cantando aquella noche”. Una forma de reivindicar la sala como espacio natural del rock, lejos de artificios y más cerca de la piel.
Ese mismo espíritu es el que marcará la noche del 21 de febrero en El Perro de la Parte de Atrás del Coche. Después de un tiempo sin poder tocar en Madrid, Jairo afronta la cita con ganas acumuladas, asegura que tienen “todas las ganas del mundo, porque debido a varios cierres de salas consecutivos, nos ha sido imposible acercarnos a Madrid en un tiempo”. El concierto del 21 será un repaso amplio por su cancionero además de “por casi todo el disco”, y Jairo señala que tocarán “también bastantes de nuestras viejas canciones”, buscando ese equilibrio que define sus directos. “Los conciertos que venimos haciendo creo que mezclan potencia con intimismo y ternura con humor”, nos explica.
La cercanía física de la sala es un elemento clave en la experiencia. “Estos conciertos con banda "a todo tren" y con la gente cerca los disfruto muchísimo”, reconoce, consciente de que esa proximidad multiplica la intensidad de lo que ocurre sobre el escenario. A su lado estarán Los Chicos del Coro, una formación con la que ha encontrado una complicidad especial y no puede pasárselo “mejor que con ellos en un escenario. Todos tienen un nivel impresionante, son muy buenos músicos y, sobre todo, amigos, así que una de las principales cosas que compartimos son las risas”. La química interna de la banda se traduce en un directo vivo, cambiante, que respira según lo que va ocurriendo en la sala.
Las canciones de ‘Bailar los domingos’ están encontrando una segunda vida sobre las tablas, especialmente en los momentos de participación colectiva. “En directo el público suele ser cantarín sin demasiada necesidad de que le invites a ello, y celebro que algunas de las canciones que escribo provoquen esa comunión”, comenta Jairo, subrayando la importancia de ese ida y vuelta entre escenario y patio de butacas.
De cara al reencuentro con Madrid, sus expectativas pasan por recuperar esa complicidad histórica con la ciudad, donde espera reencontrarse “con muchos viejos amigos, con el público fiel que siempre hemos tenido en la ciudad, entregado y rockero”.
El 21 de febrero no será una fecha más en el calendario. Será una noche de rock de sala, de canciones que se estiran y se transforman cuando el público las devuelve cantadas, de abrazos sonoros entre banda y audiencia. Jairo Martín regresa a Madrid con ‘Bailar los domingos’ bajo el brazo y con la convicción de que el directo sigue siendo el lugar donde todo cobra sentido. En El Perro de la Parte de Atrás del Coche no habrá distancia ni artificio: habrá piel, guitarras y comunión.
Porque, como él mismo lo resume mejor que nadie, quien acuda a escucharlos “formará parte de una celebración de la música, del rock ’n’ roll, del amor y la amistad desde nuestra particular trinchera, con el corazón en la mano y sinceras palabras. Pocas cosas unen tanto”.
Escucha ‘Bailar los domingos’ en Spotiy:
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