Fuera del escenario, su tono es sereno, cercano, incluso relajado; sobre las tablas, en cambio, se transforma en una fuerza arrolladora, casi ritual. Laura Guldemond también muestra esa dualidad fascinante al hablar con Saro Lo Bue. La vocalista de Burning Witches reflexiona con naturalidad sobre esa metamorfosis, justo cuando la banda se prepara para llevar su nuevo álbum, ‘Inquisition’, a los escenarios españoles este febrero. Durante esta gira por nuestro país, en la que estarán acompañados por Hammer King, tocarán el 11 de febrero en la Salamandra de L’Hospitalet (Barcelona), el 12 de febrero en la Garaje Beat Club de Murcia, el 13 de febrero en la Revi Live de Madrid y, finalmente, el 14 de febrero en la Urban Rock Concept de Vitoria. Consigue aquí tus entradas.
El disco, marcado por una atmósfera oscura, opresiva y poderosa, no es un simple ejercicio estético. Para Laura, esa oscuridad es un territorio cómodo, incluso estimulante. “Nunca me gustan demasiado esas canciones pop que tienen que calmarte o hacerte sentir feliz todo el tiempo. A mí me gusta que la música sea un poco inquietante, un poco oscura”, explica. Y no lo dice desde la pose, sino desde una convicción muy clara: canalizar esa energía en directo no la consume, la libera. “Sí, me gusta llevar eso al escenario. Es divertido”.
Esa conexión con lo oscuro se traduce en una interpretación vocal que, con los años, se ha convertido en una de las grandes armas de Burning Witches. Laura siente que ha encontrado su lugar. “Creo que ya encontré mi punto. Al principio se notaban grandes diferencias de un disco a otro, ahora los cambios son más pequeños”, comenta. No habla de estancamiento, sino de madurez. De haber encontrado ese “sweet spot” donde la voz no solo responde técnicamente, sino que expresa exactamente lo que la música necesita.

Parte de esa fuerza nace del contraste entre la Laura persona y la Laura artista. Ella misma lo reconoce con una sonrisa. “A veces la gente que me ve backstage no se lo espera. Estoy cansada, tranquila… y luego me ven en el escenario y es otra cosa”. Esa energía no aparece por casualidad: es algo que reserva, que protege, que decide cuándo liberar. “Antes del show intento estar calmada. En el escenario lo doy todo”. Y se nota.
Esa transformación no es un personaje impostado, sino una concentración absoluta. Laura no interpreta un papel: canaliza una energía que ya está ahí. La puesta en escena de Burning Witches no busca agradar ni suavizar el mensaje, sino intensificarlo. La mirada fija, los gestos medidos y la forma en que se planta frente al público refuerzan la sensación de estar presenciando algo más que un concierto. Hay intención, hay control y hay una voluntad clara de convertir cada canción en una experiencia compartida.
La gira española llegará en formato club, un contexto que Laura aprecia especialmente. Aunque disfruta de los grandes festivales, reconoce que hay algo único en la cercanía. “En los clubs puedes ver las caras, sentir a la gente mucho más cerca. Es más humano”, explica. En los festivales, la reacción se mide por el ruido; en las salas, por las miradas. Y Burning Witches, con su carga teatral y emocional, funcionan especialmente bien cuando esa distancia desaparece.
En ese contexto íntimo, la comunicación es directa y sin filtros. Laura percibe el feedback de la sala casi de forma inmediata, ajustando la intensidad, la presencia y el tempo emocional del show. No se trata solo de cantar bien, sino de leer el ambiente y responder a él. Esa interacción constante es lo que convierte cada concierto en algo ligeramente distinto al anterior, incluso cuando el setlist podría ser el mismo.
Compartiendo cartel con Hammer King, el contraste añade un componente casi cinematográfico a la gira. Mientras Burning Witches exploran territorios sombríos y rituales, Hammer King representan la pompa, la realeza y la épica del power metal. Laura lo imagina como una historia de intrigas y poder. “Pienso en algo como Dune, con reyes, conspiraciones… incluso estaría bien hacer una batalla de guitarras en el escenario”, dice entre risas, dejando ver que el espíritu del tour también tendrá espacio para la complicidad y el juego.
España, además, ocupa un lugar especial en su memoria. No tanto por momentos concretos sobre el escenario, sino por lo que ocurre después. “Aquí la gente no tiene miedo de acercarse. Quieren fotos, hablar… son muy expresivos”, señala. En contraste con la contención de otros públicos europeos, “el público español se deja llevar, muestra la emoción, no intenta ocultarla”. Para una banda que vive del intercambio de energía, eso es oro puro.
El repertorio, con ya varios discos a sus espaldas, se ha convertido en un pequeño rompecabezas. “Cada vez es más difícil equilibrar canciones nuevas y clásicas”, admite Laura. La intención es clara: presentar ‘Inquisition’ sin dejar de lado esos temas que el público quiere cantar. “Hemos preparado un set con variedad de todos los discos y algunas canciones nuevas. Ahora toca probarlo”. No hay fórmulas cerradas, solo ensayo, error y escucha.
Esa búsqueda de equilibrio define también el momento vital de la banda. Burning Witches ya no son una promesa ni una sorpresa: son una realidad consolidada dentro del heavy metal europeo. Sin embargo, Laura deja claro que no existe comodidad ni piloto automático. Cada gira es una prueba, cada concierto una oportunidad de afinar lo que funciona y detectar lo que aún puede crecer. La ambición no está en mirar atrás, sino en seguir avanzando sin perder identidad.
En medio de todo esto, Laura es consciente, aunque le sorprenda, del papel que ocupa para muchas mujeres jóvenes dentro del metal. “Siempre me sorprende cuando alguien me llama referente”, confiesa. No se siente portavoz ni activista, pero entiende la responsabilidad. “Si lo que hago inspira a alguien, eso es increíble”. Y cuando surge inevitablemente el nombre de Doro, su respuesta es honesta y respetuosa. “No se puede reemplazar a Doro. Ella es una leyenda. Pero si puedo ayudar a llevar la antorcha un poco más adelante, eso sería increíble”.
La vida en la carretera, intensa y exigente, también tiene sus pequeños refugios. Para Laura, la clave está en algo tan simple como su litera en el tour bus. “Es como un pequeño espacio cerrado, tu burbuja. Necesito ese momento de estar sola”. Introvertida y extrovertida a la vez, ese equilibrio es lo que le permite llegar cada noche al escenario con la energía intacta.
Y si alguien todavía duda sobre asistir a uno de los conciertos de Burning Witches en España, Laura lo resume sin rodeos: “Es uno de los shows más fuertes que hemos llevado a la carretera. Un set largo, sorpresas y mucha energía”. No promete perfección, promete entrega. Y en el heavy metal, eso sigue siendo lo más importante.
Lo que se percibe al hablar con Laura es una artista consciente de su lugar, pero no obsesionada con él. No hay discursos grandilocuentes ni intención de sentar cátedra. Hay trabajo, constancia y una relación honesta con el escenario. Esa naturalidad es, probablemente, una de las razones por las que conecta con públicos tan diversos, porque no pretende ser algo que no es ni cargar con etiquetas que no ha buscado.
Burning Witches no vienen a España solo a presentar un disco. Vienen a invocar una atmósfera, a compartir oscuridad, fuerza y comunión. Y Laura Guldemond, con los pies en la tierra y la mirada firme, se confirma como una de las voces más auténticas y poderosas del heavy metal actual.
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Un comentario
Realmente buenos y cañeros estos tres temas pertenecientes a el nuevo álbum de las suizas BURNING WITCHES. Un honor tenerlas en España en cuatro de las mejores salas de estas ciudades.