De sobra era sabida la afición del difunto Ozzy Osbourne por The Beatles, algo que llegaba al punto de calificar su primer encuentro con Paul McCartney como “conocer a Jesucristo”. Pero hubo también una leyenda del progresivo con la que estaba obsesionado y así rememoraba la vez en la que se toparon ambos frente a frente: “El ascensor se detiene, las puertas se abren y entra este tipo”.
Según relataba su hijo Louis en un reciente episodio del podcast de otro hijo de los Osbourne, Jack, llamado Trying Not To Die, uno de los artistas con los que Ozzy estaba especialmente obsesionado en los ochenta era una leyenda del prog rock y una auténtica estrella de la MTV en esa década: “Papá estaba obsesionado en ese momento con todo lo relacionado con la producción musical, con el álbum ‘So’ de Peter Gabriel. Dios, escuchamos ese disco… A papá le encantaba. La mayor parte de nuestra vida escuchábamos a The Beatles, The Beatles, The Beatles todo el tiempo, pero ese fue uno de los álbumes que él seguía poniendo una y otra vez”.
El propio Ozzy respaldó esta afirmación escribiendo sobre su amor por ‘So’ en su último libro, ‘Last Rites’, que se publicó apenas unas semanas después de su muerte: “No hay ni una sola canción mala ahí. “In Your Eyes”, “Red Rain”, “Mercy Street”. Suenan hoy tan frescas como entonces. Durante todo un año después de que salió, lo ponía a todo volumen donde fuera… Lo escuchaba todo el día en el autobús de gira. Lo ponía toda la noche en cualquier hotel en el que estuviéramos. Lo subía al máximo en mi radiocasete si estaba junto a una piscina. Y en cualquier otro momento, salvo cuando estaba en el escenario, me pasaba cantando a voz en grito alguna de sus canciones”.
Ozzy acabaría conociendo al hombre detrás de su obsesión en un encuentro fortuito en el hotel en el que se alojaba mientras estaba de gira: “Me estaba alojando en este hotel en Midtown Manhattan. Esa mañana, mi guardaespaldas me recoge en la suite, se mete conmigo en el ascensor y yo pulso el botón de la planta baja… entonces, el ascensor se detiene en el entresuelo. Las puertas se abren. Y entra este tipo. Y es el puto Peter Gabriel”.
Ozzy trató de mantener la calma, pero no pudo resistirse: “No podía creer la suerte que tenía. Yo estaba en plan: “Oh, tengo que decirte, Peter, que me encanta tu álbum, de verdad es una obra maestra absoluta; solo verte aquí en persona me dan ganas de escucharlo otras mil veces”. En realidad, no pudo haber sido más amable. Antes de bajarse, le pregunté cuánto tiempo le había llevado hacerlo, y me dijo: “Oh, mucho tiempo… al menos tres meses”. Y yo pensé: “Joder, si yo intentara hacer un disco así, me llevaría treinta años”. Luego nos despedimos y se fue”.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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