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Crónica de Rock Elda Festival con Barón Rojo, Coz y Excalibur: Triada de oro

Barón Rojo

Apenas un suspiro temporal nos separaba de la edición anterior, celebrada bien entrado el mes de julio del pasado año, cuando, este sábado, la Plaza Castelar de Elda volvió a erigirse como punto de encuentro para una nutrida legión de rockeros y curiosos. El reclamo de la entrada libre abarrotó el recinto, congregando a los fieles en torno a una triple entente conformada por auténticos estandartes de nuestra historia musical.

Resulta sumamente encomiable que la ciudad alicantina mantenga su firme apuesta por la música en directo. Además, a esto se suma el reciente nacimiento de la asociación Musikando, una entidad forjada con el noble propósito de aglutinar a artistas de todos los géneros para dinamizar la escena cultural local; una iniciativa impulsada, entre otros, por dos integrantes de los anfitriones de la velada: Excalibur.

Coz

El telón de la tarde se descorrió con la maestría de los incombustibles Coz, quienes asaltaron el escenario encadenando dos proyectiles sonoros del calibre de “Abran fuego, abran juego” y la magnética “Te persigue un cow-boy”, ambas extraídas de su cuarto álbum, ‘Legítima defensa’. El legendario escuadrón madrileño, comandado por la inquebrantable presencia de Juan Márquez al bajo y la voz, flanqueado por las teclas de Snoopy Redondo (cofundador de Banzai), la percusión de Luis Garcés y el virtuosismo de los más jóvenes hachas Dani Moreno y Miguel Ángel López Escámez, despachó un recital de sesenta minutos tan efímero como demoledor.

Una hora que bastó para condensar más de medio siglo de trayectoria, cumpliendo la promesa inicial de su vocalista: un viaje exhaustivo a través del tiempo, fusionando tanto himnos antiguos como composiciones de cuño reciente.

En este periplo sonoro asomaron clásicos ineludibles como la irreverente y gamberra “Más sexy”, joya de su exitoso debut homónimo de 1980, revitalizada a principios de siglo por Beethoven R., y la soberbia adaptación del “Anda suelto Satanás” de Luis Eduardo Aute, inmortalizada igualmente por sus escindidos Barón Rojo en su ópera prima.

“Me tiemblan hasta las canillas”, dijo Márquez bromeando para introducir a una de las dos grandes revelaciones guitarreras de la banda, Dani Moreno, quien regaló un derroche instrumental deslumbrante, evocando la magia del mítico “Eruption” de Van Halen. El rescate de la añeja “Juega para ganar”, cobijada en su tercer elepé, ‘Duro’, aportó otra pincelada de nostalgia a la actuación.

La frescura de “África”, nacida en 2018 bajo el amparo de ‘Suite del diablo’, demostró la vigencia compositiva del grupo. Si bien la nitidez acústica se vio empañada en algunos tramos por un sonido excesivamente alto, el contratiempo se subsanó en parte con el arrollador carisma y la entrega absoluta del quinteto. Llegó el turno del príncipe de Cartagena, apelativo con el que el vocalista bautizó al segundo guitarrista, Miguel Ángel López Escámez. El murciano recogió el guante con el mismo virtuosismo que su compañero Dani, despachando un solo rebosante de depurada técnica, así como brillando con luz propia en las vertiginosas “Bate de béisbol” y “Va a ser un placer”.

La emotividad hizo acto de presencia cuando presentaron como una canción ñoña dedicada a John Lennon su imperecedero “Imagínate por qué”, engarzado en su segundo trabajo, de 1982. El clímax asomó en el horizonte con el corte homónimo de aquel álbum: “Las chicas son guerreras”. Este baluarte indiscutible de nuestra música, cuyo estribillo sigue resonando en el repertorio de toda orquesta de prestigio, desató el júbilo colectivo de la toda la plaza Castelar, siendo quizás el tema más coreado del día.

Aún tuvieron tiempo de hacer un bis más, y así, a modo de epílogo, sonó el endiablado tributo a B.B. King con los hipnóticos acordes de “Rock Me Baby”, certificando el triunfo de Coz, quienes se despidieron dejando riffs inolvidables en una tórrida tarde de asfalto y rock.

Excalibur

Ya entrada la tarde, los ídolos locales Excalibur reclamaron su trono en un festival que afianza su solidez a cada paso, desmintiendo con creces ese popular dicho de que nadie es profeta en su tierra. Inyectados de sangre fresca gracias a sus dos recientes incorporaciones, la leyenda eldense dejó patente que cabalga sobre una espléndida segunda juventud.

Pese a disponer de un tiempo ligeramente más ceñido que en la anterior edición, el sexteto no escatimó en desempolvar su artillería rockera. Desplegaron un espectáculo visual rotundo, amparado en una cuidada escenografía que combinó sugerentes proyecciones para cada canción, fogonazos de humo y confeti y un puñado de ases bajo la manga que paso a contaros en las siguientes líneas. Así, el ritual dio comienzo con la homónima “Excalibur”, estandarte de su tercer volumen, ‘Humo negro’, la obra que selló su resurrección tras décadas de silencio. A partir de ahí, se desató una tormenta de decibelios triunfantes que surcó temazos como la melodiosa “Rock And Roll”.

En un instante de comunión local, Paco, voz al frente, celebró la flamante permanencia en primera división del Elche CF antes de lanzar su proclama: “¡Que bote toda la plaza Castelar!”, nos dijo, mientras el público le siguió el juego.

La dedicatoria más sentida de la jornada, “sin vosotros, esto no sería posible”, precedió al que mencionaron como el corte más importante de la noche: la vibrante “Las hordas del rock”, que su cantante Paco nos dedicó, y cuyo trepidante final quedó coronado por un festivo estallido de serpentinas. Con igual calidez fue acogida la más contemporánea “Lágrimas de sangre”, un medio tiempo de soberbia factura.

“¿Qué tal lo estáis pasando? ¡Vámonos a la fiesta motera!”, gritó su frontman, desatando la euforia con este tema insignia de su aclamado regreso. El contrapunto melancólico lo puso la majestuosa power ballad “El poder del ciego”, rescatada de su debut discográfico, antes de que de nuevo Paco pidiera una merecida ovación para Silvia Panther. La excelsa vocalista irrumpió en escena para eclipsarnos, una edición más, con su imponente caudal de voz en la mística “Aracne”.

El cronómetro apuraba sus últimos granos de arena cuando desataron “Mi condena”, un abrasivo single estrenado apenas veinticuatro horas antes y que sirve como contundente aperitivo de su inminente próximo disco. Tras los pertinentes agradecimientos institucionales y el reconocimiento a una audiencia que superó con creces todas las previsiones de asistencia, la visceral “Generación maldita” echó el telón a otra lección de maestría. Paco Mira a las voces, las seis cuerdas de Juan Rico y Mario Mallebrera, el bajo de Jesús Folgado, las baquetas de Manu Leston y las atmósferas de Vicente Beneite certificaron un concierto memorable. Sobran los motivos para pedir su regreso el próximo año en la tercera edición, pues son, por mérito propio, un estandarte imprescindible en este festival.

Barón Rojo

El broche de oro al cartel llevó la rúbrica de los mitiquísimos Barón Rojo, a quienes tuve el privilegio de disfrutar escasos meses atrás en Murcia junto a Obús. En el plano estrictamente instrumental, la maquinaria sonó impecable, destilando el aplomo de una formación compuesta por Carlos de Castro y Armando de Castro a las guitarras y voces, José Luis Morán al bajo y el formidable batería con una pegada impresionante Rafa Díaz.

No obstante, al desnudar su sonido en un recinto abierto lejos de la calidez de las salas, se hizo palpable la acuciante necesidad de incorporar un vocalista de apoyo; un desgaste evidente que llevó a Carlos de Castro a bordear el límite en más de una ocasión, que se alternó en el micrófono junto a su hermano Armando. Pese a ello, la incondicional garganta del público y un repertorio cincelado en oro salvaron los muebles, cuajando otra gran velada del Barón.

Con su hermoso y clásico logotipo presidiendo las tablas, la banda despegó sin miramientos al ritmo de la arrolladora “Breakthoven” de su cuarto álbum, ‘En un lugar de la marcha’. No tardó en asomar una tempranera, rápida y coreada “Resistiré”, momento que Armando de Castro aprovechó para rememorar los 44 años de vida de ‘Volumen Brutal’. Aquel hito discográfico vertebra su actual repertorio, siendo interpretado en su práctica totalidad a lo largo de la noche, hábilmente entrelazado con el resto de clásicos.

Sorprendió gratamente el rescate de “Noche de rock and roll”, perteneciente a su denostado ‘Desafío’ de 1992, obra que hay que recordar que contó con Niko del Hierro de Saratoga al bajo.

Otra de las rarezas de la velada vino de la mano de “El presidente”, joya de su disco debut, que sirvió de puente hacia el virtuosismo instrumental de “El barón vuela sobre Inglaterra”, fundida magistralmente con la genial y coreada “El malo”. La intensidad fue in crescendo al liberar los afilados guiños del riff de la vertiginosa “Incomunicación”, una pieza indispensable aderezada con dinámicos juegos vocales en interacción con la audiencia y que abría el mencionado disco que Armando prometió tocar íntegramente.

Acto seguido, los hermanos desenterraron un tema menos asiduo en sus directos, la siempre apetecible “Dame la oportunidad”. La cadencia rockera se mantuvo intacta con “Hermano del Rock & Roll”, preparando el terreno para el sobrecogedor himno a algunos de los rockeros más míticos desaparecidos, “Concierto para ellos”, y la rotunda “Satánico Plan”. Con semblante serio, el menor de los de Castro proclamó que, por desgracia, este mundo sigue plagado de “Flores del mal”, ejecutando el citado corte con una contundencia espectacular.

Tras un nuevo desafío de coros en el que la audiencia replicaba las frases de los hermanos, la incunable y melódica “Cuerdas de acero” sacudió los cimientos de la plaza, y es que es, sin duda, una de las rolas favoritas y más exitosas de su trayectoria.

La inevitable pausa emocional emergió con la primera balada del repertorio, la bíblica “Hijos de Caín”, recibida con inmensa celebración por los presentes, y donde se da una vuelta de tuerca a esa historia religiosa, dejando a Caín como el verdadero mártir. El contraste radical lo impuso la celeridad de “Con botas sucias”; la piedra roseta de su ópera prima encubrió un magistral medley
trenzado con el “Born To Be Wild” de Steppenwolf, el “Satisfaction” de los Stones y el “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin.

El agradecimiento a la audiencia se materializó al dedicarnos la segunda balada de la noche: la infalible “Siempre estás allí”. Un medio tiempo conmovedor, cuya trascendencia queda avalada por versiones como la que cantó el ex-Mägo de Oz José Andrëa en su primer disco en solitario.

Con la arrolladora “Los rockeros van al infierno” llegó el turno de presentar a la banda y retirarse victoriosamente, aunque no por mucho tiempo. El bis trajo consigo el cierre definitivo a través de su imperecedera seña de identidad homónima con ese punteo inicial mítico, “Barón Rojo”, engarzada de manera impecable con la reivindicativa y callejera “Son como hormigas”.

Sin lugar a dudas, asistimos a un gran recital que, a juicio de todos los presentes, alcanzaría la matrícula de honor si reclutaran a un vocalista invitado. Pero, aun así, el veredicto unánime volvió a resonar en la noche: Larga vida al Barón. ¡Rock Elda Festival, el próximo año, más y mejor!

Jorge Bobadilla

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