El nombre de la Vargas Blues Band lleva décadas grabado a fuego en la ruta del rock y del blues; el domingo, en la madrileña sala Rockville, volvió a demostrar esa fuerza inherente a un músico legendario que aprovechó para presentar su libro "Historias de la Carretera".
Javier Vargas subió acompañado de nuestro querido Mariano Muniesa, hombre que ha sabido dar forma a las palabras del guitarrista y pasarlas a negro sobre blanco en este libro que cuenta sus peripecias y aventuras dentro de la industria musical. Él mismo reconocía que ha puesto en él todo su corazón, “porque yo mismo cuando lo he leído ha sido como viajar en el túnel de tiempo, una máquina del tiempo hacia el pasado. He vivido y he revivido los momentos que son como una catarsis, para todos aquellos que tengan el libro les cuento momentos esenciales de mi vida y es cuando me he dado cuenta de lo increíble que ha sido”.
Muniesa no olvidó preguntarle por el futuro musical, ante lo que Javier avanzó que pronto habrá nuevo trabajo y “os prometo que lo próximo que escuchéis mío va a sorprender a mucha gente, porque lo que llevo dentro lo tengo que sacar sí o sí, porque yo he nacido para eso”. Tras sus palabras dio paso al concierto, en formato trío junto a Peter Kunt a la batería y voz y Luis Mayo al bajo y voz, para transformar en notas el relato que conforma su libro.
Presumiendo de guitarra nueva, Vargas abría con su magnífica "Rumble" de su último trabajo 'Down Under Blues', que, por cierto, se incluye como regalo en su biografía. Un primer tramo en el que dio protagonismo a este redondo con "Down Underground", "Long Way from Home" y "Magic Train", una de mis favoritas. Volvía a un pasado no demasiado lejano con "Black Cat Boogie", ese tema que arrastraba el polvo de Texas.
Aunque Javier no es de los que habla entre tema y tema, sí tuvo palabras para presentar una canción que en su día escribió junto a Joaquín Sabina: "Conductores suicidas", del mítico disco 'Física y química', y que ahora se puede escuchar en la versión que acaba de publicar la banda, al igual que su último single, "Mexico City Blues", que también quiso presentar en directo, un tema con dos semanas de vida que muestra su pasión por las raíces fronterizas y latinas, algo que también se pudo saborear con "El Tren de las 16".
Un Vargas felino, crecido, nos llevó de Chicago a Madrid, pasando, cómo no, por su "Avellaneda Blues" hasta el "Blues Local" en homenaje a Pappo. También hubo momento para invitar a la mesa a amigos de faena que supieron manejar su espacio ante el virtuosismo de Javier, momentos inolvidables como la icónica "Sunshine of Your Love" o el rock sucio de "Sin City". El repertorio se mostraba como una sólida columna vertebral, un viaje por carreteras secundarias bajo una banda sonora cuyo eje está marcado por el blues; no importa si es del Delta, de Texas o latino, lo que sí parece claro es que dibuja surcos elegantes que traen calor a estos fríos días en la capital.
Parece claro que las alabanzas que han llegado de boca de gigantes como Santana, Sabina o Miguel Ríos, no son en vano: Javier inunda y vibra como pocos, pero la culpa del groove también se la debemos a Luis y Peter, compañeros de viaje que sintonizan a la perfección con el estilo único de Vargas y su relato; fueron capaces de mantener el clima intacto, demoledor, algo muy de agradecer para los fieles que nos reunimos en una sala que supo sacar rendimiento del sonido.
Quedaba la traca final, que comenzaba con la potencia de "Whisky Women & Wine" (perfecta para subir el ánimo), para regresar al siglo pasado con "Make Sweet Love 2 U", tema que ha envejecido de una forma increíble, lo mismo que "Texas Tango", que tiene mucho de Texas y poco de tango, las cosas como son. Bajaron las pulsaciones con "Someone Else is Stepping In", un blues que se llevó una larga ovación.
"Back Alley Blues" ponía el punto latino al fin de fiesta antes de cerrar con la incandescente "Man on Run", tema que podría haber firmado Joe Bonamassa. Mucha verdad fue la que se vivió, momentos en los que el slide y sus trabajados dedos llenaron un espacio que, para ser domingo, nos hizo olvidar la semana de trabajo que llegaba.
La Vargas lo volvió a hacer: regaló un viaje vital de un tipo que tiene aún mucho que contar; entre su libro y su show recorrimos kilómetros, los que lleva a su espalda Javier, un hombre de oficio y hambre. Mientras existan noches como esta, el blues siempre será la casa a la que regresar en una ciudad que aprieta y casi ahoga.







