The Dead South afrontaba la cita final en su visita a nuestro país, que comenzó días atrás con el concierto ofrecido en La Riviera de Madrid. Como sustituto de William Crighton, el cantante canadiense de folk Benjamin Dakota Rogers fue el encargado de calentar el ambiente y preparar al público para la entrada, como se merece, del concierto de The Dead South en Barcelona.
Los primeros versos arrancaron desnudos, solo con su voz, marcando el ritmo a base de golpes sobre el cuerpo de la guitarra y su propia pisada. “War Cry” resonaba en la sala principal de Razzmatazz, mientras el público, aun llegando poco a poco, iba ocupando su sitio con respeto al ritmo de “She’s Wondering Why to This Day”.
Un inicio sencillo pero muy potente, que dejó a la sala en silencio desde el primer momento. Menos, es más: una idea que cobra todo el sentido al ver a un artista como Benjamin Dakota, capaz de transmitir tanto con tan poco desde el primer instante de su actuación en solitario.

Tan solo con su guitarra y su voz, consiguió enganchar al público con una propuesta directa y honesta, dentro del folk más puro. En palabras del propio Benjamin, “a la vieja usanza”, una idea que repitió en varias ocasiones durante la presentación de las canciones de su último disco, ‘This Ol’ Way’, llegando incluso a resumir su esencia de vida sencilla y rural, la lucha por mantener las raíces, la tradición familiar y la autenticidad: “Compongo música folk para mantener viva la granja familiar”.
“Till The Morning”, “This Ol’ Way” y “John Came Home” fueron claros ejemplos de ese sonido crudo y directo, donde la sencillez instrumental y la carga emocional se imponen sin necesidad de más instrumentos.
Con un agradecimiento sincero a un público que se mantuvo atento y respetuoso durante todo el concierto, y agradeciendo también a The Dead South la invitación a formar parte de la gira, el músico de Ontario se despidió con cercanía antes de dejar paso a sus compañeros de cartel.

La sala volvió a oscurecerse, y una fina capa de humo empezó a cubrir el escenario, ocultando por completo la entrada del cuarteto canadiense al son de “Snake Man Pt. 1-2” y sumergiendo al público en una atmósfera que transportaba directamente al “far west”. Poco a poco, entre la neblina, se dejaba ver una escenografía que recreaba un antiguo pueblo del Oeste, con fachadas de madera alineadas como en una calle polvorienta del oeste americano y algunos toneles colocados estratégicamente sobre el escenario. Una puesta en escena muy cuidada que evocaba la estética de la portada de su último álbum, ‘Chains & Stakes’, inspirada en esos pueblos fronterizos del siglo XIX.

El repertorio fue moviéndose con naturalidad entre historias más sombrías y otros momentos mucho más desenfadados. Canciones como “Son of Ambrose” o “That Bastard Son” mantienen esa tradición de relatos familiares y personajes peculiares propios de la América rural, mientras que otros temas dejan ver el sentido del humor que atraviesa todo el directo del grupo.
Es el caso de “Time for Crawlin’”, uno de los temas más celebrados, donde Scott “The Gentleman” Pringle cuenta, con tono entre irónico y resignado, sus excesos con el alcohol y cómo acaba pasando la noche fuera de casa porque su mujer no le deja entrar.
En esta gira europea, el banjo estuvo en manos de Scott “The Disciple” Caelum, que sustituyó a Colton Crawford en varias fechas por motivos de salud. La banda no perdió la ocasión para bromear con ello: “Si estamos aquí esta noche, es gracias a él”, y la noche tuvo además un toque especial al coincidir con su cumpleaños. Cuando lo anunciaron desde el escenario, toda la sala respondió de forma espontánea cantándole el “Cumpleaños feliz”, en uno de esos momentos que convierten un concierto en algo cercano, casi como una reunión entre amigos.
“El mundo no cambia, cambias tú… y entonces se ve todo diferente”, con estas palabras, Nate, vocalista y guitarrista de la banda, introdujo un guiño a la sensación que experimentaba Jim Morrison al componer esta obra de arte, “People Are Strange”, a la que supieron darle su propio enfoque, llevándola al terreno del folk con el equilibrio justo.
Sobre el escenario, Nate Hilts y Scott Pringle (mandolina) se fueron alternando a la voz, combinando sus registros con naturalidad, mientras Danny Kenyon destacaba con una interpretación de violonchelo llena de energía y carácter. Por su parte, Colton Crawford aportó solidez y precisión con su habitual “disciplina”, convirtiéndose además en protagonista de las bromas constantes de Nate, que añadieron un punto de complicidad al directo.
El punto álgido de la noche llegó, como era de esperar, con “In Hell I’ll Be in Good Company”. Desde los primeros acordes, el público reaccionó al instante: coreando el estribillo, silbando la melodía y sacando el móvil para capturar el momento. Una de esas canciones que, en directo, termina de confirmar por qué se han convertido en un fenómeno global.

El regreso para el bis tuvo un arranque más sobrio, con solo dos integrantes apareciendo primero sobre el escenario en un ambiente más cercano, hasta que poco a poco se reincorporó el resto del grupo para afrontar “Clemency”, “Completely, Sweetly” y “Travellin Man”
Ese inconfundible riff de banjo, que prácticamente todo el público reconoció al instante, hacía presagiar un final a la altura de la intensidad que había marcado el concierto hasta entonces. “Banjo Odyssey” se adueñó del último tramo de la noche, llevando a la sala a uno de sus puntos más altos.
Un cierre redondo, rematado por un estribillo que bien podría quedarse sonando en la cabeza durante el resto de nuestras vidas. Gracias por compartir vuestra música.
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