Llevo casi 30 años esperando ver a Suede en directo y el concierto me abrió las carnes de par en par. La energía de Brett Anderson y el gran momento de forma de la banda dejaron claro en Madrid que la expectación no había sido en vano.
Quiero remontarme, para empezar, al año 1997, Móstoles acogía una nueva edición de uno de los festivales, desde mi punto de vista, más importantes de nuestra historia: el Festimad. Ese año uno de los platos fuertes era Suede, pero poco antes de su inicio, la organización decidió que el cabeza de cartel de ese día no iba a ser la banda británica, sino Extremoduro. Este mazazo fue de tal magnitud que el ego de Brett Anderson colapsó hasta el punto de cancelar su actuación y dejar con un palmo de narices a todos los fans que ansiábamos esa actuación.
Casi tres décadas después, ya perdonado el desaire, llegaba con unas ganas enormes de ver el directo de Suede en Madrid, más teniendo en cuenta la calidad de su último trabajo, ‘Antidepressants’, que quería presentar en nuestro país con una gira de seis conciertos que han canalizado la potencia de sus temas.

Swim School
Pero antes de entrar de lleno en su bolo, nos detendremos un momento en Swim School, la banda telonera que me dejó de piedra, una apuesta que te obliga a sacar el móvil no para grabar, sino para buscar quién diablos está haciendo tanto ruido. Los escoceses aterrizaron con una propuesta que es un auténtico choque de trenes. Cerraba los ojos y el escenario me devolvía un eco sucio, oscuro, casi siniestro que bebía directamente de los The Cure más densos; eso sí, al abrirlos se encontraban con la dulzura melódica de Alice Johnson que recordaba a la actitud desafiante de Blondie, su voz fuerte, a veces rasgada, pero a la vez tierna, como si Courtney Love se hubiera vuelto mansa. Es difícil encontrar teloneros que consigan que olvidemos a quién hemos venido a ver, pero su descarga nos dejó con ganas de más.
Suede
Llegaba el momento de Suede, no era la primera vez que se dejaban la piel en La Riviera, ese bunker que, pese a sus columnas, palmeras y esa acústica a veces caprichosa, sigue siendo un templo para este tipo de conciertos que, para muchos, supone un mapa emocional; en mi caso, se trata de una de las pocas bandas que me transporta a tres etapas muy diferentes: la de pre-universidad con el impacto casi animal de sus primeros singles, la universitaria, gracias a un ‘Coming Up’ sublime, y la post, en la que se juntaron varios trabajos que, si bien, no son del todo significativos de la carrera de los británicos, también me dejaron mella, como ‘Head Music’ y ‘A New Morning’, trabajos más maduros con matices que superaban a la primera etapa en calidad, pero no en ese estado emocional que transmitían los inicios.

Los primeros acordes fueron para presentar el nuevo material: “Disintegrate” y “Antidepresesants” fueron una buena carta de presentación con la que el público comenzó a acompañar la voz de Brett. Pero el protocolo estalló con “Trash”, momento de comunión con la platea que se abrazó a su ídolo, que había decidido mezclarse en la audiencia, una necesidad física que mostró en varias ocasiones a lo largo del show.
Sus inicios se presentaron en forma “Animal Nitrate”, otro clásico que ha sobrevivido de maravilla al paso del tiempo, al igual que “The Drowners”, temas que se muestran oscuros, con otro cariz, quizás más peligroso. La personalidad de Brett queda claramente definida en sus letras, pero también en su voz, una cualidad que no entra dentro de las mejores de su generación, pero que ha sido capaz, gracias a su personalidad, de describir su propio formato con un fraseo histriónico que pocas veces falla, una imperfección perfecta que se mostró también en cortes como “It Starts and Ends With You” o la gélida “Pale Snow”.

El eje central del repertorio pasó de la intensidad de “Filmstar” y “Can’t Get Enough” al relax de “The Wild Ones”, momento en el que Anderson se quedó sobre las tablas junto a Richard Oakes, héroe discreto del bolo, para cambiar de dimensión jugando con la acústica de su hombre de confianza y también con la acústica de la sala, bajo la que se atrevió a cantar a capella para desafiar sus dotes ante lo ruidoso de la sala y sus acólitos, que mostraron un silencio sepulcral antes de seguir coreando sus siguientes bombazos: “So Young” o “Metal Mickey”, que sonaron con la rabia juvenil de hace décadas.
Cerraba este bloque “Beatutiful Ones” con una promesa que le salió del alma: “Madrid: you are the beautiful”; palabras que no cayeron en saco roto y que confirman lo que me desveló hace unos meses Neil Coedling, guitarrista, teclados y coros de Suede, en una entrevista para RockFM, en la que dejó claro que Bret y toda la banda tenía una gran debilidad por nuestro país y, en especial, por Madrid, a la que consideran su segunda casa de Europa.

Tan solo les quedaba una bala en la recámara cuando volvieron a escena, es verdad que todos esperábamos algún que otro himno como “Saturday Night” o “Lazy”, pero el repertorio en esta gira es tan cambiante que puede sorprender con cualquier cosa, eso sí, no falla “Dancing with the Europeans”, un cierre directo que no dejó tiempo para más, solo para el vacío que quedó en el escenario y en la sala.
Seis conciertos son los que ha ofrecido en estas últimas semanas la banda que promete volver para julio, de hecho, el 10 de ese mes estarán junto a Nacho Vegas en el festival Pirineos Sur que se celebra en el Auditorio Natural de Lanuza, en Huesca, pero también visitarán, un día antes, el Cruilla de Barcelona y las Noches del Malecón de Murcia el 12 de julio.
Suede es, sin duda, una especie en extinción que sigue retando a su propio catálogo, descubriendo cómo envejecer con las ideas claras y la energía de antaño, con esa llama que se mantiene viva y descarga sobre unos fans incombustibles que viven del sudor que salpica Brett desde las tablas.
El veneno del rock me da la vida. Defensor de las bandas que se dejan la piel en la carretera, amante de los vinilos y las Stratocaster. Si escuchas una descarga de decibelios, lo más probable es que yo ande a escasos centímetros de los amplis, si no estás, deja que te lo cuente.

