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Crónica de Sphinx en Madrid: El demoledor poder de la esfinge

Sphinx

El quinteto gaditano, que comenzaba su andadura en 1992 y era conocido al año siguiente como Enserio, decidió tomar el nombre definitivo de Sphinx en 1995 y, tras seis discos y un DVD en directo, con un pequeño paréntesis entremedias, volvía a la capital para celebrar su 30º aniversario, interpretando de manera íntegra su ópera prima de nombre homónimo.

El primer recuerdo que tengo de Sphinx se remonta al año 2001, cuando en la desaparecida y añorada tienda de discos Madrid Rock, que hoy ocupa una cadena de ropa, este primer disco ocupaba uno de los expositores con todos los nuevos lanzamientos. Esa portada con la pirámide, la esfinge y los grandes ojos entre el logo de la banda captaron mi atención y fue uno de los discos elegidos en la compra de ese día. Desde ese momento me convertí en seguidor de la formación, asistiendo a cada presentación y coleccionando su obra discográfica.

El ambiente en la sala, con seguidores llegados desde distintas provincias, era el de las grandes noches de heavy metal que todos recordamos, aunque ahora esto ocurre en recintos de menor tamaño, pero con la misma pasión de la época. No había grupo invitado en esta ocasión y, pasados quince minutos de las nueve de la noche, la sintonía de "Porto Suite" nos preparaba para la salida de los músicos.

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"Santa Maldad" de ‘Mar de dioses’ era la elegida para arrancar, con la banda en tromba y el público cantando cada estribillo. Manuel mostró un gran estado físico y con ese chorro de voz que le caracteriza, llegando a los tonos más altos. Estuvo muy bien flanqueado por dos hachas de las seis cuerdas como son Justi Bala y Alex Sánchez, y una base rítmica contundente con dos ex Guadaña, como el bajista Juanlu Ripalda y Pablo Casas.

Con el reivindicativo y demoledor "Vida virtual", que daba título a su último trabajo, nos dejaban el mensaje de su preocupación por la deshumanización de la sociedad y la frivolidad de las redes sociales, pasando después por otro trallazo como "Maldita ilusión" de su álbum ‘Renacer’, con un ritmo realmente frenético y asfixiante. Hay que decir que a partir de este momento mejoró notablemente la ecualización y aumentó el sonido de las guitarras, pues la fuerte pegada de Pablo las eclipsaba en los primeros temas.

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Manuel se dirigió a nosotros para recordarnos que, veinticinco años atrás, y tras la maqueta de 1999, lanzaban su primer disco oficial con el mismo título que la banda. En este concierto especial nos iban a ofrecer dicho álbum al completo y en el mismo orden en el que fue concebido. Tenemos que recordar además que se está regrabando para darle un aire nuevo y un sonido más actualizado.

Comenzaban con "Ángel sin piedad" y para ello Manuel se enfundó el teclado portátil que utilizaba en sus inicios y que compró en 1996, demostrando que se sentía cómodo y que no había perdido la práctica. Canciones como "Mundo oscuro", "Condenado a vivir", "Sueños perdidos", que tras 30 años de lucha siguen teniendo, o "La muerte sobre un papel", recordando su época de “la ruta de los sordos”, sonaron muy vivas y frescas, en un viaje temporal que nos transportaba de forma natural a su etapa iniciática.

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Ponían un poco de pausa, entre tanta energía desplegada, con "Mirando al infinito", la primera balada que compuso la formación y que es muy especial para ellos. Volvían a subir las revoluciones con esas guitarras iniciales a lo Maiden que nos llevaban hasta "Almas sin Paz", siguiendo con "Tierra del mal", una canción escrita en 1995, que llevaban mucho tiempo sin tocar en directo y que tristemente está de plena actualidad.

Manuel se mostró muy comunicativo durante toda la noche, dando sentido y explicando cómo habían surgido algunas canciones y siendo muy agradecido con todos los que habían hecho posible esta actuación: los seguidores y los medios que lo iban a cubrir. Qué delicia disfrutar de los solos de Alex y de Justi, con ese punto de apoyo en la caja de Schweppes, mientras que Juanlu y Pablo percutían sobre sus instrumentos de forma precisa y contundente, mostrando que la banda estaba perfectamente engrasada.

Con el título homónimo "Sphinx", una maravillosa composición de extenso minutaje y con cambios de ritmo, concluían el repaso a un álbum que llevaban veinticinco años sin tocar de forma íntegra y que el público supo agradecer como se merecía.

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Después de presentar a los músicos, completaron su actuación con "Destino", de aquel fantástico ‘Paraíso en la eternidad’, y "Momentos de lucidez", que trata de algo muy serio como son los problemas mentales. Un temazo en toda regla y que, como ellos mismos reconocieron, nunca debieron retirarla del repertorio. El broche final vino con "No", una patada en el culo a todas las injusticias, a la clase gobernante, a las guerras y a todo lo negativo que está desgraciadamente de actualidad, cantado con auténtica rabia y con la complicidad de todos los asistentes.

Qué falta nos hace que bandas como Sphinx sigan con la ilusión de mantener vigente un estilo como el heavy metal clásico, que no está de moda, pero que tanto nos ha aportado y que nos sigue haciendo vibrar con entusiasmo, como en su etapa dorada ochentera. Si alguien llegó tarde y quiere saber en qué consiste este género, que escuche las canciones de estos músicos gaditanos, entusiastas, entregados y comprometidos, y sabrá de lo que estamos hablando.

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