El aprendizaje de una lengua puede enfocarse de muy diversas maneras, desde la más tradicional con libros y toda la parafernalia de antaño hasta aquellas perspectivas contemporáneas con las nuevas tecnologías como eje principal. No hay que olvidar tampoco el componente emotivo o motivacional, pues no es lo mismo progresar con el objetivo de fundirse con la clase dirigente que controla el país y okupa los consejos de administración de las grandes empresas que enfocar la enseñanza para entender el legado de Hertzainak, Kortatu, Baldin Bada y tantos otros.
La época más convulsa de la reconversión industrial en el País Vasco del gobierno de Felipe González trajo el nacimiento de Naste Borraste en 1983, un contexto complicado con políticas de excepción que no se aplicaban en otros lugares de la península. Ahí brotó una interesante escena con bandas como la que nos ocupa, Eskorbuto o Parabellum, que ejercieron una suerte de resistencia a nivel musical y debieron convertirse en un problema tan acuciante para los biempensantes que la Diputación de Bizkaia echó a la banda de Gorka de la Kultur Etxea de San Inazio donde ensayaban.
Los bolos en domingo suelen ser un interrogante en cuanto a poder de convocatoria, pero una resurrección de Naste Borraste no se veía todos los días, por lo que seguramente por ese motivo una considerable multitud de fieles se agolpó en el Kafe Antzokia bilbaíno. Juventud y veteranos se dieron la mano en los múltiples pogos que sazonaron el evento, y no cabe duda de que si hubiera sido sábado, habrían colgado el cartel de entradas agotadas, aunque poco faltaría para alcanzar dicha marca.

Para dotar a la velada de un carácter todavía más especial, se anunció el último concierto de Toni Metralla y Los Antibalas, que se transformó en un auténtico supergrupo de leyendas locales como Josu Parabellum a la batería, Koldo M.C.D. al bajo, Lino Prieto (Parabellum) a la guitarra, y comandando la nave, con su micro fusil de asalto, Tonino, uno de los mejores cantantes de la escena con actitud para regalar. Con estos mimbres, nada podría salir mal para crear una noche antológica.
Sonaron himnos como sus peculiares revisiones de Supersuckers, “Bien jodida”, o Billy Idol, “Grito rebelde”, pero no deberían caer en saco roto otras contundentes piezas como “Cohete Cósmico”, “Día despejado en Ciudad Rencor”, aparte de la inesperada versión de “Nancy” de Zoquillos, uno de los combos más auténticos de los ochenta. Solo quedaba encomendarse al Altísimo y preguntarse “¿Quién salvará al rock ‘n’ roll?” ahora que ellos ya no están. Toda una despedida por la puerta grande.

Según nos comentó el veterano Iñaki del sello Decadencia Corporal, la tendencia anárquica en lo que respectaba a los shows de Naste Borraste hacía que uno se pudiera esperar cualquier cosa de ellos en directo. Desde algo infumable hasta un concierto mayúsculo, como el que vivimos en plena tarde de domingo.
Tras un titubeante comienzo con “La rara” o “Kuentame”, el asunto se animó de veras con “Al otro lado”, donde brotaron los pogos y luego salieron unos tipos con la pancarta de “Antifascista siempre”. El cantante Gorka amenazó en varias ocasiones con no poder terminar el bolo por cansancio, pero sigue gozando de buena voz y de una chaladura considerable en el escenario, algo que se ha convertido en un valor al alza en los tiempos actuales en los que todo tiene que estar medido o controlado.

La espectacular recepción del personal provocó que el guitarrista agradeciera ya desde el comienzo la implicación. Y no era para menos, pues ya en la primera recta atronaron “Resignación”, “Kontaminados por el sistema” o “Para”, que recupera la noble costumbre de ciscarse en las autoridades que tanto se echa en falta en la actualidad, además de esa evocación a lugares míticos como Barrenkalle.
Había invitados a lo largo del show y el primero fue Vitxo de Shöck, que se marcó “Haste Kresta”. Gorka se acordó de los Ramones y dijo que seguramente a otras edades no habrían sido tan rápidos. Según Iñaki, tanto Naste Borraste como Zer Bizio? en la época poseían el estigma de “grupos malos”, una impresión que desde luego no se percibía hoy en día con un guitarrista realmente competente y una banda muy a la altura a nivel instrumental.

“Kontrolados” y “Txabi Kannabis” añadieron épica a la velada, mientras Gorka se abría paso entre la peña para desparramar como uno más. Preguntó el cantante cuántos asistentes estaban apuntados a un “euskaltegi”, esto es, uno de esos lugares en los que enseña euskera a un precio nada barato, y la respuesta fue que todos estaban apuntados a “Larrako Skaltegia”, otro temón para partirla a ritmo de ska.
Durante su época mítica Naste Borraste solían tocar bastante con sus colegas de Zer Bizio?, por lo que no podría faltar el propio vocalista Tomás en “Hau Bai Pasadia”. Siempre que se sube a un escenario es un subidón y no defraudó en absoluto, pues conserva tanto la pose como los tonos de antaño. Gorka era de los que pensaba que del deporte se puede salir, por lo que cargó contra las Olimpiadas en “Barna 92”: “¿Qué es esa mierda? A mí dame birras”. Grandioso.

Otro destacado protagonista de los años del rock radical vasco era Roberto Moso de Zarama, que apareció en “Euritan Desagertu Arte”, y luego uno de los momentos álgidos se alcanzó con “Txarol beltza”, que no podía faltar en tan histórica noche. En teoría estaba previsto que Podri participara, pero se encontraba de gira con Rat-Zinger y finalmente no pudo llegar a tiempo. Toni Metralla sí que se encontraba por allí, así que no dudó en subirse a echar un capote en “Torturado”, si no me equivoco, que se transformó en algo tan contagioso que Tomás regresó para bailar ska sobre las tablas.

Cerca del final, Gorka admitió que lo de hablar no se le daba demasiado bien, pero que “fumaba de puta madre”, así que por ahí le tiraron un porro para que demostrara sus habilidades. “Dios, patria, rey” puso la guinda a un evento que esperemos que se repita en el futuro, pero no podrían abandonar el recinto sin pegar la puntilla a los imperialistas en “Yankiek Ez”, que como podemos ver en las noticias, no ha pasado de moda.
Fue una oportunidad única de contemplar sobre las tablas a unos históricos del rock radical vasco todavía con mucho que decir y con temas que siguen estando plenamente vigentes, a tenor de las letras entonadas a pulmón que se pudieron escuchar durante la velada. Que no se pierdan nunca mensajes tan edificantes como el de “No pises la hierba, fúmatela”, entre otros muchos.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.



