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Crónica de Malaputa en Madrid: El bravío poder de la música en directo

Los artificios, cada vez más habituales en los estudios de grabación, empañan el sonido auténtico y puro de una banda. El escenario se convierte así en la prueba de fuego para demostrar cuál es su verdadera esencia, con la que pueden decepcionar o sorprender a su audiencia. Malaputa pertenece a la segunda categoría, desplegando una potencia sonora que cuesta creer que provenga de tan solo tres músicos.

Llegar a la redacción de MariskalRock y La Heavy y recibir la noticia de que voy a terminar la semana con una dosis de música en directo hace que, al instante, se dibuje una amplia sonrisa en mi cara. Al dejar atrás la oficina y lanzarme de lleno a las calles de Madrid, se respira un ambiente festivo que se mantiene hasta llegar a las inmediaciones del mítico Moby Dick Club.

Al entrar al local, con cerveza en mano, nos recibe un hilo musical muy propicio para la ocasión, con La Fuga y, posteriormente, Fito & Fitipaldis sonando como antesala de lo que estaba por venir. El local estaba abarrotado de público, con sed de la descarga sonora de Malaputa, power trío en el que encontramos a Eduardo Beaumont "El Piñas" (voz y bajo) y Kolibrí Díaz (guitarra), ambos de Marea, acompañados por Eugenio Ubasos "Euken" (batería).

Kolibrí Díaz (Malaputa)

Los músicos subieron al escenario, lo que desató un compendio de gritos, silbidos y ruidos de toda clase, que se intensificaron al encenderse las luces. “¡Vamos, Kolibrí, dale!”, se escuchaba entre los asistentes. Tras esto comenzó a sonar el contundente riff de "Mar de trigo", canción perteneciente a su último trabajo 'De raíz' (2024), que iban a seguir presentando a través de este show.

Precisamente, había estado escuchando esta canción en mis auriculares para ir metiéndome en situación, pero he de decir que no tiene nada que ver en directo. El bajo mantiene una contundencia de esas que hacen que incluso se confunda con el bombo de la batería, incrustándose en el pecho. La percusión desborda energía y se convierte en el acompañamiento ideal para los grandilocuentes solos de Kolibrí, que vuelven loco al público. “Quien no haya calentado ya está muerto”, advirtió El Piñas dando paso a "A las dos envido". Durante la canción, la entrega de los asistentes era absoluta, sobre todo en las primeras filas, donde se montó todo un ritual que rendía culto a la fuerza del rock de Malaputa.

Malaputa

Uno de los momentos más emotivos del espectáculo llegó, tras “Golpes de viento”, cuando se escuchó un “Gracias, Robe”, brindando así un pequeño homenaje al añorado líder de Extremoduro. El público comenzó a corear su nombre sin cesar, generando uno de los instantes más memorables del show. “Vamos con una canción de los chavales del barrio”, anunciaban antes de escuchar los primeros acordes de "A toda velocidad", pieza que el público conocía la letra a la perfección.

Los amantes de las seis cuerdas pudieron quedarse más que satisfechos con los emotivos y desbordantes punteos de Kolibrí. “Vaya fichaje nos hemos echado, ¿eh?”, dijo El Piñas con mucho cachondeo, mirando a su compañero. Euken Ubasos también se aventuró a deleitarnos con un exquisito solo de batería que dio paso a "Mi altar". Todo apuntaba a que la noche iba llegando a su fin, algo que se hizo evidente cuando se escuchó: “Nos vamos metiendo mucho ruido. Muchas gracias, Madrid, os quiero”. Tras este juego de palabras irrumpió "Su nombre es ruido", poniendo el broche de oro a la noche. Al concluir el espectáculo, mientras Malaputa se despedía, comenzó a sonar "Let There Be Rock" de AC/DC, manteniendo así la energía en nuestro cuerpo.

Eduardo Beaumont "El Piñas" (Malaputa)

“Esto ha sido un lujo”, “madre mía, estoy sudando”, fueron algunas de las reacciones que pudimos escuchar mientras abandonábamos el Moby Dick, aún procesando lo que acabábamos de vivir. Sin duda, fue una noche de rock sencillo, directo y sin artificios. Con tan solo tres instrumentos y una voz cargada de crudeza, Malaputa logró trasladar la energía y el espíritu de los grandes conciertos de estadio a una sala.

Malaputa

 

Alfonso Herreros

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