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Crónica de Herrero en Madrid: Radiaciones para la valentía

Además de la depilación láser, de los rayos UVA, de la microdermoabrasión o del peeling químico, tiene que haber algún aparato de sesiones anticobardía. No tengo nada en contra del cuidado personal o, incluso, del culto al cuerpo, pero, en estos tiempos de mensajes sin contestar, de enmascarar emociones románticas y de armaduras que blindan el corazón, lo que falta en la sociedad actual es, sin duda, el valor.

Fue Platón el que vinculó directamente la valentía con el amor, sobre todo en su obra “El banquete”. Ahí explica que este sentimiento te impulsa hacia la superación personal, y recoge una de sus frases más lapidarias: “No existe hombre tan cobarde como para que el amor no pueda hacerlo valiente y transformarlo en héroe”.

Así, me pregunto para qué sirve eliminar el vello púbico y las células muertas con el objetivo de presentar una piel tersa y perfecta si luego tapamos por cobardía todos los sentimientos que propicien el contacto y la relación. Quizá sería más humano afrontar el dolor a no ser correspondido, arriesgarse, amar y, por lo tanto, ser valiente.

“Valiente” fue el bombazo de la noche y el nuevo single de Herrero que presentó en su concierto del pasado miércoles 25 de marzo en la sala Intruso Bar de Madrid. Una obra de rock en estado puro, rápida, original, salvaje por momentos y con un arreglo secuencial guitarrero extraordinario de mi adorado Javi Quintana, que, en mi opinión, es uno de los mejores guitarristas de este país.

El recital comenzó épico y didáctico con la parte instrumental del “Jungleland” de Bruce Springsteen. Ahí demostró las sólidas razones que tienen Loquillo, Alejo Estivel o Vetusta Morla entre otros muchos artistas consolidados para elegirlo siempre como el saxofonista de sus bandas.

Sin darnos un respiro, provocaba nuestros primeros bailes gracias a “Nada es eterno”, el consistente y, a la vez, contagioso tema que da nombre a su álbum. Volviendo a la valentía, llegó la hora de dar un “Salto mortal”, una de las canciones que más me gusta de Herrero, que sonó impecable.

Es probable que la composición que más identifique el “soft rock” de este grupo sea “Mañana quizás”, con ella, este músico multidisciplinar (vocalista, saxofonista, guitarrista, compositor, showman…) pudo comprobar el merecido y enorme cariño de su público, que tapó con una explosión de aplausos unos ligeros problemas que tuvo en la voz y que, por supuesto, subsanó rápidamente como el gran profesional que es.

Después, siempre con un gran sentido del humor, entre chascarrillos, nos contó que venía del médico y que este concierto estuvo a punto de ser cancelado por afonía. No obstante, como por arte de magia, todo desapareció en la siguiente: “Mi ciudad tu habitación”, celebrada y gritada por los fans que casi llenaron un miércoles la sala Intruso, donde siempre destaca la base rítmica de los geniales Danny Pennalver a la batería y Arturo Ruiz al bajo.

Las preciosas melodías y las perfectas transiciones a estribillos poderosos conquistaron el corazón de todos los asistentes y, en este punto del concierto, ya todo fue una fiesta en la que se celebraba la vida.

A veces, perdemos todo el tiempo del mundo buscando la felicidad y resulta que solo cuesta unos quince euros. De esta manera, esta inconmensurable banda continuó haciéndonos felices gracias a temas como “Miedo a bailar”, el homenaje al recordado Antonio Flores con su “Arriba los corazones” o la pegadiza “Besos de primavera”.

Henrique (fotógrafo) y yo nos emocionamos cuando Herrero dedicó “Boomerang” (una de sus canciones más emblemáticas) a los medios de prensa musical y, sobre todo, a MariskalRock, nombrando también a nuestro jefe, Juan Destroyer, para destacar su labor a favor de la cultura.

Herrero intentó terminar con “Valiente”, el bombazo con el que comencé esta crónica, pero, lógicamente, el público no les dejó, y se subieron para regalarnos “Cicatrices”, que sonó más cañera de lo habitual, y la versión de Status Quo del “Rockin’ All Over the World” de John Fogerty con la que culminó este impresionante concierto de la felicidad que también nos subió el ánimo y nos dio valor para seguir en la lucha.

En definitiva, aparte de su inmenso talento y de que nos haya hecho felices, solo me queda agradecer a Dani Herrero que sea el perfecto artefacto de radiaciones para la valentía porque, además de la depilación láser, de los rayos UVA, de la microdermoabrasión o del peeling químico, tiene que haber algún aparato de sesiones anticobardía.

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