El concierto ya había empezado, pero en la Sala 3 de Razzmatazz aún no todos se habían dado cuenta. Entre conversaciones cruzadas y un murmullo constante, un desconocido telonero desplegaba sus primeros temas ante un público todavía más pendiente del reencuentro que del escenario.
Sin mediar palabra, Jack Bennett, escondido tras el proyecto Grumble Bee, tomó el escenario y dio inicio a un repertorio que pronto desconcertó a un público que, por sus gestos, no terminaba de reconocer lo que estaba escuchando. Temas como “Psycho”, “Caramel”, “Sky Writer” y “You” se fueron sucediendo dentro de un sonido alternativo de clara raíz grunge, aunque con una progresión algo caótica. En formato solista, Bennett se apoyó en un par de guitarras eléctricas, alternando distintos niveles de distorsión y dejando patente una ejecución técnicamente impecable. Sin embargo, y con una actitud impropia de quien no logra conectar con la audiencia, la propuesta se mantuvo distante en todo momento, sin llegar a establecer un vínculo real con el público.

De forma abrupta, abandonó con rapidez el escenario de la Sala 3 de Razzmatazz tras lanzar una de sus guitarras contra el suelo, poniendo un cierre desconcertante a su actuación. Horas más tarde, a través de sus redes sociales, Jack Bennett anunciaba la cancelación de sus próximos compromisos, alegando que la situación “no era sostenible”, en un mensaje que aportaba cierto contexto a lo ocurrido sobre el escenario.
Superado el desconcierto inicial y tras los habituales minutos de tregua entre actuaciones, la noche comenzaba a encaminarse hacia su momento más esperado. La expectación crecía por momentos mientras el público, ya más atento y concentrado, se preparaba para la llegada de Grey Daze, en lo que suponía su debut en nuestro país. La banda llegaba además precedida por su actuación en Madrid la noche anterior, donde habían dejado constancia de su potencial, lo que no hacía sino aumentar las expectativas ante su puesta en escena en Barcelona.

Con las luces ya centradas en el escenario, Grey Daze irrumpió con fuerza para desplegar un repertorio que combinaba nostalgia y contundencia a partes iguales. Los primeros acordes de “More Than I Can Offer” rompieron definitivamente el murmullo que aún flotaba en la sala, provocando una reacción inmediata del público ante la contundente voz del talentoso vocalista Cris Hodges, pasando de la expectación contenida a una atención absoluta. Desde ese instante, la conexión fue total: cada tema encontraba respuesta en una audiencia entregada, coreando y dejándose llevar por la intensidad de un poderoso directo.
“Sometimes” y “She Shines” reforzaron una conexión casi mística con el público, que respondió de forma inmediata, mientras que “Heroin” y “Monster” llevaron el directo a un terreno más crudo y emocionalmente intenso. Todos los allí presentes eran conscientes de que Grey Daze marcó los inicios de la carrera de Chester Bennington, quien años más tarde alcanzaría reconocimiento mundial como frontman de Linkin Park. Todo ello bajo su inevitable sombra, cuya presencia, aunque ausente, parecía resonar tras cada canción, flotando en el ambiente y recordando a cada instante el peso emocional de su legado.

No faltaron los guiños al imaginario grunge, con la inclusión de “Man in the Box”, original de Alice in Chains, en una noche dominada por ese espíritu. Fue entonces cuando la sala se convirtió en un solo coro, con el público entregado, cantando al unísono de principio a fin y elevando el momento a uno de los puntos más intensos del concierto.
El concierto encaraba su tramo final cuando Cris descendió a la pista para interpretar “Sickness” entre el público, desdibujando cualquier distancia entre artista y audiencia. Con una cercanía desbordante y mucho corazón, cantó, bailó y compartió selfies con los asistentes, transformando el momento en una comunión total difícil de olvidar. A partir de ahí, “Shadows” y “B12” llevaron el directo hacia un cierre intenso y oscuro, culminando en una auténtica catarsis colectiva que puso el broche perfecto a una noche cargada de emoción.

Cris y sus colegas de banda, Sean Dowdell (batería), Cristin Davis (guitarra), Evan Nichols (bajo) y Kenny Bulka (guitarra), firmaron una primera visita a la ciudad condal difícil de olvidar. Antes de despedirse, lanzaron una promesa clara: “We will be back soon!”. Y, visto lo vivido, no hay duda de que la próxima vez les esperará una audiencia aún más multitudinaria. Gracias por compartir vuestra música.
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