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Crónica de Gluecifer y Kristi Brud en Oslo (Noruega): Subidón absoluto en el norte a días de bajar al sur

Gluecifer

Actitud, potencia, energía, adrenalina. Todos son atributos indisociables del rock, y todos ellos los encarna a la perfección Gluecifer. La curtida banda noruega inauguró en su ciudad, la maravillosa Oslo, la gira de presentación de su primer disco en veinte años, ‘Same Drug New High’, que pasará por nuestro país este mismo mes de marzo, y nosotros acudimos prestos a una puesta de largo sin ambages, sin rodeos ni medias tintas. Puro alto voltaje, con agallas y la vehemencia esperable de una leyenda del rock escandinavo.

Gluecifer + The Good, The Bad and the Zugly en concierto:
18 de marzo – Barcelona – Sala Apolo
19 de marzo – Madrid – Sala Wagon
20 de marzo – Sevilla – Sala Custom
22 de marzo – Valencia – Palau Alameda
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Gluecifer

Banda de primera línea en la capital noruega, Biff Malibu, Captain Poon y compañía se marcaron un doblete a lo grande, llenando hasta la bandera una de las principales salas de la ciudad, Sentrum Scene, en la que tanto visibilidad como acústica resultan inmejorables. Nosotros acudimos el primer día y comprobamos en primera persona que la maquinaria está tan engrasada como si llevasen veinte conciertos a sus espaldas en las últimas semanas.

Como aperitivo nos adentramos en la semblanza de post-punk y gothic rock de Kristi Brud, que en noruego significa “Novia de Cristo”, y que actuaron ante un aforo que iba creciendo por decenas a cada canción.

Kristi Brud

Bien es cierto que estilísticamente se sitúan en una parcela bastante alejada de los protagonistas de la velada, pero lograron contagiar su dinámica introspectiva y su efusividad emocional regada de melodías de guitarras, frecuentemente dobladas, que atrapaban apoyadas por evocadoras y especiales atmósferas de sintetizador, en una onda setentera embelesante. Así, temas como “Er du klar for å ha det gøy?”, “Et Fall”, “Små liv” o “Spiller ingen rolle” embriagaron nuestros sentidos en un ambiente de recogimiento y penumbra en el que tal vez echamos algo de menos más distorsión dado el contexto.

Gluecifer

Tras una módica espera durante la que el hilo musical del lugar ya fue metiéndonos en harina, el imparable torbellino de Gluecifer empezó a girar con el empuje de “Armadas”, una de las abanderadas de su última obra, en la que permanecen fieles a sus innegociables principios grabados en piedra en su anterior etapa discográfica. Su título, que significa “misma droga, nuevo subidón”, lo dice todo.

Gluecifer

Gesticulante e implicado, Biff Malibu fundió a plasma sus cuerdas vocales desde el minuto uno, con garbo y dedicación, en una tesitura muy diferente a la de respetable analista político y financiero que desempeña bajo su nombre de pila en televisiones y periódicos noruegos. A su lado, en una sintonía perfecta y manteniendo una muy evidente complicidad durante toda la actuación, el ilustre, solvente e implicadísimo Captain Poon, quien encarna la figura de guitarrista salvaje, inquieto e inapelable como muy pocos hoy en día bajo los focos. De la vieja guardia, aunque no miembros fundadores, también siguen en su papel el certero guitarrista Raldo Useless, expeditivo y preciso en los punteos, y el batería norteamericano Danny Young, único sin pseudónimo artístico junto con el bajista Peter Larsson, que se incorporó a la banda en su reunión allá por 2017.

Gluecifer

No tardaron en echar la vista atrás, hacia el tema que prestó título a su último álbum antes del apagón, el aguerrido “Authomatic Trill”, que fue sucedido por “Gett the Horn” y la propia “Same Drug New High”, que en vivo adquiere un atractivo indiscutible con esos guitarrazos certeros y su tono vacilón. Los muy nostálgicos, que suponían una importante proporción de la audiencia, gozaron después de lo lindo con la desinhibida “Go Away Man”, enlazada sin tregua ni respiro con “Car Full of Stash”.

Con cercanía y desenfado, el frontman de la banda se dirigió a la audiencia para agradecer su presencia y compartir un divertido recuerdo de su viaje a Hannover en junio de 2004, donde acudieron para citarse con su discográfica y se toparon con el primer concierto de Judas Priest tras el regreso a sus filas de Rob Halford. Entre risas, comentó que fueron invitados al show, y que los pijillos del sello discográfico los llevaron en sus Mercedes al show, en el que, como contraste, el Metal God apareció con su imponente Harley Davidson. Fue el preludio perfecto a “Mind Control”, corte del nuevo álbum en el que parecen escorarse hacia las enseñanzas del heavy metal británico y que defendieron con convincente reciedumbre.

Gluecifer

La batería de Danny inauguró después la irrefrenable “Take It”, de un ‘Authomatic Trill’ al que, se nota, le siguen teniendo una gran estima. “The Score” y “Pharmacity” nos devolvieron a su más rabiosa actualidad, antecediendo a la también reciente “Another Night, Another City”, en la estela de un hard rock redondo y accesible. Su última placa, de hecho, tuvo un gran protagonismo, señal irrefutable de la convicción por su momento presente y su avidez, una vez transcurrieron ocho años desde su retorno hasta su salida, por defender con el cuchillo entre los dientes su aplaudido ‘Same Drug New High’. De hecho, tras “Shaking So Bad”, “The Idiot” y la fenomenal “I’m Ready”, cota álgida del álbum, mantuvieron su primerísimo plano.

Gluecifer

El show se iba acercando hasta el final y los mosh-pits fueron in crescendo en las primeras filas frente al escenario, de modo que era momento de sacar la munición pesada de tiempos pretéritos, la de cortes como “Black Book Lodge”, “Easy Living” o la celebrada “I Got War”, en la que la camaradería entre Biff Malibu y Captain Poon volvió a salir a relucir cuando el primero le puso el micrófono al segundo, que sacó petróleo del mástil de su guitarra para poner el motor del rock and roll a máximas revoluciones.

Gluecifer

Se marcharon unos instantes del escenario y el público coreó su nombre lo suficientemente alto como para que se escuchara bien entre bambalinas antes de que Captain Poon apareciese de nuevo poseído por la electricidad para prender la mecha de “Rossheaded”, perfecto incentivo para terminar de empapar nuestras camisetas en sudor. Tocaría después abrigarse, que fuera hacía fresquito, pero antes el ambiente tenía que caldearse hasta el punto de fusión, y bien que lo hizo con la imprescindible “Desolate City” y “Rockthrone”, rubricando con ellas una actuación sin fisuras y desbordante de garra, nervio y brío. Y es que un concierto de Gluecifer es para darlo todo y no dejarse nada, ni encima ni frente al escenario.

Gluecifer

Jason Cenador

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