La Sala Apolo no fue una sala de conciertos, fue un polvorín. En pleno corazón del Paral·lel, el aire pesaba antes de que sonara la primera nota, como si la ciudad supiera que estaba a punto de saldar una deuda pendiente. Tras 22 años de silencio discográfico, los noruegos Gluecifer regresaban a Barcelona no solo para presentar nuevo material, sino para reafirmar algo que nunca dejaron de ser: Kings of Rock por derecho propio, no por eslogan. Y Barcelona, una vez más, respondió como una de sus plazas más fieles.
La atmósfera en la Sala Apolo ya estaba cargada cuando The Good The Bad and The Zugly irrumpió sin concesiones, con un Ivar Nikolaisen completamente desatado marcando el tono desde el primer segundo. “How to Do Nothing” abrió como una declaración feroz, seguida por “A Blazer in the Northern Sky”, convertida en una apisonadora en directo. Desde ahí, el concierto fue un crescendo de intensidad, impulsado tanto por la banda como por un Ivar en combustión constante: provocando, bajando al público, invadiendo la pista… y lanzándose una y otra vez hacia las primeras filas, acercándose a las cámaras hasta casi empotrarse en ellas, regalando primeros planos sudorosos, muecas salvajes y ese careto desencajado inmortalizado en tamaño DNI.
“Vik bak meg Satan” desató el primer gran estallido, mientras “Hadeland Hardcore” rompió cualquier barrera con Ivar directamente sobre la pista, escupiendo actitud a centímetros de objetivos y móviles. “The PKA Took My Money Away” mantuvo la descarga sin respiro, antes de que “November Boys” aportara uno de los momentos más coreados y “Corporate Rock” hiciera saltar a toda la sala.

“Nostradumbass” mantuvo la tensión al límite, dando paso a la oscuridad de “Sickness Unto Death” y la opresión de “Nowhere to Go”. La catarsis llegó con “Welcome to the Great Indoors”, seguida del tono casi terminal de “Dig a Ditch”. El cierre con “New Kids on the Blockchain” puso el broche a una descarga implacable que confirmó por qué la banda ha arrasado en festivales como Wacken Open Air o Sweden Rock y, de paso, dejó la vara peligrosamente alta para lo que estaba por venir.
Gluecifer

Puntuales, y tras el incendiario calentamiento de sus compatriotas, que dejaron el listón en rojo vivo con su punk macarra, las luces se apagaron y la tensión se volvió física. La entrada fue marcial, casi ceremonial. “Armadas”, el corte de apertura de Same Drug New High, irrumpió con una densidad inesperada: más pesada, más adulta, pero igual de afilada. Declaración directa: han vuelto, sí, pero no a repetir el pasado, sino a hacerlo más grande, más sucio.
Sin darnos respiro, enlazaron con “Automatic Thrill” y la sala explotó. El salto al speed rock convirtió la pista en un hervidero instantáneo. Biff Malibu apareció como el perfecto maestro de ceremonias: chaqueta negra impecable, gesto entre predicador y tahúr de casino, y esa presencia que no se enseña. Desde el primer minuto bajó a las primeras filas, buscó el contacto, señaló, empujó, agitó… y, como buen animal de escenario, no tardó en jugar también con las cámaras: acercamientos frontales, mirada fija al objetivo, sonrisa torcida y ese rostro curtido ocupando encuadres enteros, carne de instantánea en tamaño carnet, puro rock ’n’ roll sin filtro.
No tardaron en aparecer los primeros pogos, el mosh descontrolado y ese karaoke garajero en el que media sala ya no canta, sino que ruge. Entre tema y tema, Malibu chapurreó un castellano tan torcido como entrañable: “Barcelona… muy loco… muy caliente esta noche”, dejando claro que conoce bien estas tierras y que la conexión con la ciudad no es nueva ni impostada. Hubo incluso espacio para unos pasos de baile deslenguados, medio parodia, medio homenaje, evocando a Elvis pasado por la trituradora de Gluecifer.

A su lado, Captain Poon y Raldo Useless levantaron una muralla de guitarras compacta, sin fisuras, mientras la base rítmica, con Peter Larsson al bajo y un Danny Young impecable tras los parches, mantenía el pulso con precisión quirúrgica. El setlist fue dinamita bien medida: “Get the Horn” desató el macarrismo más puro, mientras que las nuevas “The Idiot” e “I’m Ready” ya suenan a clásicos inmediatos, más gruesos, más musculados, pero igual de infecciosos.
El concierto avanzó sin respiro. “Car Full of Stash” provocó uno de los momentos más salvajes de la noche, con un pogo tan violento como celebratorio, seguido de una asfixiante “Mind Control” que apretó aún más el ambiente. Pero más allá del golpe, lo que flotaba en la sala era comunión: banda y público hablando el mismo idioma, uno hecho de sudor, cerveza y riffs. Biff lo escupió a su manera: “Gracias, Barcelona… vosotros siempre… los mejores”, señalando a la multitud como si dirigiera una ceremonia pagana.

La recta final fue un asalto sin concesiones. “Black Book Lodge” aportó la épica previa, “Easy Living” fue el último espejismo antes del derrumbe, y “I Got a War” convirtió la Apolo en un coro desbocado, con vasos volando y gargantas reventadas. Era imposible no pensar en aquella primera ola del rock escandinavo de los 2000 y en cómo, dos décadas después, sigue latiendo con la misma mala leche.
Para los bises, la banda guardaba la artillería pesada. “Bossheaded” sonó cruda, casi mugrienta; “Desolate City” dejó un filo emocional inesperado; y “Rockthrone” cerró el ritual a machete. Sin discursos grandilocuentes, pero con un gesto claro: toda la banda al frente, agradeciendo a sus fieles, a esos feligreses del ruido que nunca soltaron la cuerda. Malibu, sonrisa cansada y mirada aún encendida, lo remató en su mezcla imposible: “Barcelona… gracias por todo… siempre en el corazón”.
Sin artificios. Sin postureo. Solo amplificadores acoplando, sudor en las paredes y la sensación de haber estado dentro de algo que no se puede repetir. Gluecifer no ha vuelto en 2026 para vivir del recuerdo: ha vuelto para prender fuego al presente. Y Barcelona, otra vez, ardió con ellos. El trono sigue ocupado. Y bien defendido.
- Crónica de Gluecifer + The Good The Bad and The Zugly en Barcelona: El rock tiene sus reyes del norte - 20 marzo 2026
- Crónica de Motionless in White + Dayseeker + Make Them Suffer en Barcelona: Oscuridad y celebración - 10 marzo 2026
- Crónica de Smith/Kotzen + Kris Barras Band en Barcelona: Una noche irrepetible - 6 febrero 2026
