Hay que saber apreciar los tesoros de proximidad, las cosas valiosas que no hay que recorrer medio mundo para disfrutar y los sueños alcanzables que dejan las utopías como entes innecesarios y hasta pretenciosos. La escena de nuestro rock estatal es un ajuar de incalculable valía, repleta de bandas que han marcado las vidas de millones de personas y de otras muchas que lo siguen haciendo, tanto pretéritas y todavía muy vigentes como de nueva hornada, y que seguirán haciendo que esta rueda gire haciendo trizas los palos que le puedan meter entre los radios de sus llantas irrompibles. El ExpoROCK de A Coruña se propuso exponer varias de las valiosas piezas de tan sagrado y eléctrico menaje, y el resultado fue inolvidable.
La primera edición de un festival que ha llegado para quedarse, emplazado bajo techo en la a menudo lluviosa pero siempre acogedora ciudad de A Coruña, se saldó con un éxito de público y actuaciones. Su emplazamiento, en la enorme nave de EXPOCoruña, que contaba también con exposición de motos Harley-Davidson y un puñado de food trucks y puestos de ropa y complementos rockeros, era accesible y cómodo para disfrutar de una jornada intensa y gratificante.
Agoraphobia y Talco
Abriendo un horario de jornada partida en cuanto a conciertos, las locales Agoraphobia, con la vocalista Susana, la bajista Lucía, la guitarrista Sabela y la batería Paula propusieron un metal alternativo dinámico y penetrante repleto de contrastes que logró agitar a los más madrugadores, si es que las doce y media del mediodía de un sábado se puede considerar horario madrugador.
Tras ellas, Talco aglutinó a un número nada despreciable de adoradores de su ska-punk construido desde el anticapitalismo y el sentido común. Los italianos, más aclamados en la península ibérica que en la itálica, inauguraron con “D’ollore de la norte” un largo repertorio que transcurrió por momentos álgidos como “La mia Città”, su propia versión de la insigne “Bella Ciao”, la siempre exuberante “Dalla pallida Miró” o la muy bailable “Danza dell’autunno rosa”, de las más coreadas por los presentes junto a la definitiva e ineludible “La Torre”, que abrió el apetito y terminó de poner a punto los engranajes de la maquinaria para rendir a tope durante la larga tarde-noche que se presentaba.
Ciclonautas
Con absoluta puntualidad, la variopinta música de un DJ que discurrió con criterio por un amplio espectro estilístico se apagó dando paso al estallido de autenticidad que detonaron los navarros Ciclonautas inaugurando la tarde como si un restaurante abriese su menú degustación con un chuletón de Ávila al punto.

Encabezado por el cercano e imponente cantante y guitarrista argentino Mai Medina, cuya voz se cernió sobre nosotros como un torrente pedregoso bajo el que nos encantaba ser sepultados, la banda completada por el firme y seguro batería de Marea Alén Ayerdi y el pintoresco y entregado Javier “Txo” Pintor, toda una estrella de escenario cuyo desempeño a las cuatro cuerdas cobra una presencia prominente, el power trio exhibió una eficacia a prueba de bombas.

Perfectamente empastados y con un setlist repleto de temas que no fallan en vivo, demostraron el poderío del rock de pura cepa sin trampa ni cartón, ese en el que todas las piezas destacan en su lugar al tiempo en que viven al servicio de la canción.

Con ese regustillo stoner, desértico y denso de algunos pasajes en perfecta conjunción con su alma de rock urbano, a caballo entre la escena estatal y un panorama argentino cuyas influencias están grabadas a fuego en el ADN del combo, Ciclonautas vencieron y convencieron con temazos como “En mi espacio sideral”, “Bombo sicario”, “Eterno aprendiz” o la fenomenal “Kamikaze del nido”, en la que Mai se lució a una guitarra sobre la que parecía hacer fuego a cada solo.

Un esforzado y portentoso solo de batería de Alén sirvió para recargar un último cargador de himnos entre los que no faltaron balas certeras como “El animal”, “Mi estupidez” o las muy aplaudidas y aguerridas “Qué tal?” y “Bienvenidos los muertos”, todo un clásico ya para una banda que sigue consolidando su vigencia y lo mucho que tiene que decir a cuenta de una personalidad arrolladora.

El Drogas
La llamativa y pizpireta introducción con reminiscencias casi infantiles avisando de la salida de El Drogas y compañía cantada por el mismísimo vocalista de la Txantrea dio pie a un concierto de los de no parpadear ni perder el tiempo en nada más que no sea entregarse a fondo a la causa. El mítico frontman de Barricada estuvo desde el primer instante a la altura de su leyenda, con su figura llenando y hasta desbordando el escenario y, por supuesto, muy bien acompañado por músicos de garantías.

Sin parar de gesticular con ese carisma tan peculiar e irremplazable, y con su abrupto, viscoso e inconfundible tono de voz, nos sentó de buenas a primeras “En la silla eléctrica”, para inaugurar así un catálogo de temas centrado en el grupo en el que militó durante casi tres décadas, desde su fundación en 1982 hasta su marcha en 2011. Así, se sucedieron en cascada “Problemas”, “Campo amargo” y “Objetivo a rendir”, hasta desembocar en la única de la noche que portaba su firma en solitario, “Mientras arde tu país (Europa callada)”, muy apropiada a tenor de la insoportable realidad bélica que sufren tantos pueblos en el mundo. Hubo tiempo también, por supuesto, para una firme, pertinente y compartida condena al Estado genocida de Israel

El nivel de iconicidad del repertorio subió varios peldaños de golpe con “Tentando a la suerte”, en la que el vocalista, que no toca el bajo en esta etapa de su carrera como sí hacía en Barricada, hizo sus particulares coreografías con dos bastones, y “Esta es una noche de rock & roll”, que es un himno incontestable, aunque en ella se echa de menos una voz más aguda y fluida como la del añorado Boni.

“Por salir corriendo”, “Empujo pa’kí”, la siempre emocionante “Lentejuelas” y “La noche del carnaval” abrieron la puerta a la fenomenal versión de “Frío” de Alarma!!!, tema que ya parafraseaba en la época de Txarrena.

A partir de ahí, la coctelera de tótems imprescindibles de Barricada, bandas sonoras de nuestras vidas como “Víctima”, la dulce y penetrante “Animal caliente”, “Todos mirando”, “Okupación”, “Azulejo frío” de Txarrena, “Oveja Negra”, “No hay tregua” y “En blanco y negro”, siguieron dejándonos, como diría Enrique Villarreal, “a gusto”. Difícilmente podría haber rendido tributo a la histórica banda pamplonesa con una selección más completa y estimulante. Fue glorioso.

M Clan
Desde 2023 llevaba la ilustre banda murciana comandada por Carlos Tarque y su infalible centinela Ricardo Ruipérez sin salir de gira, y en A Coruña inauguraba un nuevo e ilusionante periplo que les llevará por numerosas ciudades del país para conmemorar como se merece el 30º aniversario desde su fundación. Ante una afluencia masiva, M Clan blandió un estado de forma más propio de un grupo que lleva meses curtiéndose bajo los focos y sin parar de tocar que de una banda que acaba de inaugurar su primer tour propiamente dicho tras un largo parón apenas interrumpido por apariciones puntuales.

La riqueza de cada instrumento, con unas guitarras rutilantes que despertaban el gusanillo del estómago en cada punteo y unos vientos que coloreaban hasta el rincón más gris del recinto, nos elevó durante una hora y media larga en la que el disfrute fue prácticamente un imperativo legal.

Encantado de estar en A Coruña “rodeado de amigos como El drogas y S.A.”, Tarque se marcó un show sublime, cercano a los suyos y con sus benditas cuerdas vocales intactas, rayando al nivel estratosférico de tonalidades y modulación que solo cabría esperar por parte de uno de los mejores vocalistas de nuestra escena.

Por supuesto, su tren paró por todas las estaciones principales de su discografía, y no faltaron canciones emblemáticas como “Llamando a la tierra”, enorme versión de Steve Miller Band; “Sopa fría”, la siempre conmovedora “Roto por dentro”, la no menos emotiva “Miedo”, capaz de poner los pelos de punta por muchas veces que la hayamos degustado; la ágil y coreada “Quédate a dormir”, la irreverente “Las calles están ardiendo”, ante la que el frontman hizo un severo alegato contra las guerras; la famosísima “Carolina” o “Concierto salvaje”.

Eso sí, hubo tiempo también para bucear en lo que Carlos Tarque llamó “el pleistoceno” de la banda y recalar también en cortes como “Perdido en la ciudad”, que sonó antes de presentar al numeroso personal que completó un show con mucha clase y buenas vibraciones, prendiendo la mecha de un tour que, por suerte, nos dará la oportunidad de repetir y hasta tripetir. Las ganas nunca nos van a faltar.

Soziedad Alkoholika
Los gasteizarras van a salvajada por concierto. Vivir en primera persona una actuación suya siempre es garantía de soltar adrenalina como si la presa de las Tres Gargantas abriese todas sus compuertas de sopetón. No fallaron en su cometido en A Coruña, ciudad que disfrutaron la noche anterior con un ratito de esparcimiento en uno de sus muchos locales rockeros. Ahí los saludamos y tuvimos un encantador encuentro con ellos.
Tan cercanos y afables son en las distancias cortas como fieros y demoledores cuando suben a un escenario y se sitúan frente a ese tupido muro de amplificadores que potencian todavía más su brutalidad sonora, siempre perfectamente encauzada, siempre al servicio de las más justas y afiladas proclamas.

En el día en el que nos habíamos enterado de la inesperada y dolorosa muerte de Phil Campbell, Soziedad Alkoholika decidieron hacer sonar “The Ace of Spades” de Motörhead como intro, y Juan vestía una camiseta de la mítica banda liderada por el también añorado Lemmy Kilmister cuando, junto al resto de la formación, salió a escena como un tornado para embestirnos con abrumadores cortes de su último trabajo, ‘Confrontación’, como “Alienado” o “Falsos dioses”, que aunque sonaron exacerbados y bestiales, ni se acercaron al entusiasmo desatado poco después por “Polvo en los ojos”, caviar contestatario con la acostumbrada enjundia mensajística y esas sacudidas de guitarras, bajo y batería inapelables. El fuego hizo acto de presencia en escena con severas llamaradas que acentuaron la impresión de vivir algo escandalosamente y maravillosamente devastador.

“Control de masas” y “Colapso final” fueron las últimas alusiones a su etapa más contemporánea, que no tuvo una acogida pareja a la de cañonazos como “Política del miedo” o, ya aludiendo a una era más pretérita y masivamente venerada, “Palomas y buitres”, inmensa y tan vigente como cuando se escribió pese al bendito cambio de paradigma en según qué terrenos, y la trepidante “La aventura del saber”, que cualquiera diría que se escribió anteayer con un tabloide digital o impreso delante de los que todos conocemos, o con alguna de esas tertulias de hormigas y abades que pueblan la pequeña pantalla.
Juan tuvo un bonito guiño con la tierra que visitaban cuando empuñó la armónica para tocar “A Rianxeira”, coreada desde el alma y el corazón, que fue concatenada por el arranque de “Cienzia asesina”, otro clasicazo para desfogarse al tiempo que clamábamos por el respeto a los seres vivos y contra la vivisección. “Ratas” y “S.H.A.K.T.A.L.E” fueron, acto seguido, otros monumentales cañonazos para desahogarse y someterse a ritmos trepidantes marcados por las guitarras de Jimmy e Íñigo, el bajo de Pirulo y la aplastante batería de Mikel, infranqueable y versátil a las baquetas.

Fue luego tiempo de nadar junto a los “Peces mutantes” y subyugarse a la gravedad de “No kiero participar”, el bazooka sonoro frente a “las mafias funerarias carroñeras”, antes de dejarnos la voz en “Cuando nada vale nada” y entrenar nuestro euskera en “Pauso bat”. La fiesta culminó con “Motxalo” y “Nos vimos en Berlín”, en la que un inoportuno tropezón de Juan no le impidió levantarse para culminarla con el habitual estribillo de “Vivo cantando” de Salomé. Con tamaño alegato contra el genocidio de Israel, lamentablemente más vigente que nunca, nos quedamos saciados de brutalidad sonora, y fue momento de tomarnos un respiro antes del acto final de la velada.

Obús
A las dos de la mañana, lo que para algunos es ya todo un ejercicio de resistencia física tras toda una jornada de rock en vivo, arribaron Obús para culminar por todo lo alto la faena con un concierto muy digno en el que volvieron a reivindicar que su entrega, su actitud y sus canciones carecen de cualquier fecha de caducidad.

Su setlist fue una coctelera de clásicos cuyos primeros ingredientes fueron “Necesito más”, “La raya” y “El que más”, con Fortu sembrado y firme en su papel de frontman. Cantar con esa suficiencia y ese porte a sus casi 72 años es digno de alabanza. ¿Dónde hay que firmar para llegar a esa edad con ese estado de forma y esa energía?

“Corre mamón” es el tema más moderno de todos los que cayeron en su show, pero se sintió como un verdadero clásico, lo cual es, con todas las de la ley, “Te visitará la muerte”, en la que la puntiaguda y distorsionada guitarra de Paco Laguna, excelso en su rol y en magnífica camaradería con su inseparable compañero de filas desde los primerísimos ochenta, horadó nuestros tímpanos con tino y efervescencia.
Nuestro dedo corazón ganó varios milímetros al extenderlo al aire al son de “Que te jodan”, sucedida por la siempre poderosa “Autopista”, con Fortu implacable en su agudo, y “Juego sucio”, en la que hubo que exprimir los últimos recursos de nuestras exigidas cuerdas vocales.

Comentó Paco Laguna que en el año 81 ya tuvieron una pesadilla nuclear; “han pasado cuarenta y tantos años y parece que no hemos aprendido nada”, proclamó con nervio y desazón por la ominosa coyuntura mundial actual antes de detonar la colosal “Pesadilla nuclear”, tras la que todos deseamos que, tal y como termina la canción, el reventón del mundo se quede en el plano de la ciencia ficción.
“Dinero, dinero”, “Va a estallar el Obús” y la siempre eufórica y jovial “Vamos muy bien” pusieron el broche dorado a una velada en la que rendimos merecido culto a ese tesoro de proximidad que, gracias a festivales como ExpoROCK, podemos seguir disfrutando en generosas dosis. ¡Esperamos regresar a A Coruña a la caza del tesoro el año que viene!

Empecé a respirar rock desde niño, mi primer programa de radio lo hice con quince años y a los dieciséis monté una web. Comencé a escribir en MariskalRock, La Heavy y Kerrang en 2006, y en 2008 di el pistoletazo de salida a El Drakkar en MariskalRock Radio, que años después se transformaría en La Hora Argonauta. También presento festivales y pongo musiquita en sitios.
Mi vida está en Madrid, pero parte de mi corazón está en Castrocalbón (León) y en Oslo (Noruega).
- Crónica de ExpoRock Festival con M Clan, Soziedad Alkoholika, El Drogas, Obús o Ciclonautas en A Coruña: A la caza del tesoro - 19 marzo 2026
- Crónica de Gluecifer y Kristi Brud en Oslo (Noruega): Subidón absoluto en el norte a días de bajar al sur - 6 marzo 2026
- Entrevista a Sanguijuelas del Guadiana (Extremúsika): “Dentro de los indies somos los punkis y viceversa; tiene su punto, pero el mensaje difiere de todo lo convencional” - 16 febrero 2026
