En el Ateneo de Madrid, cuna del conocimiento y el saber, se presentaba la cantante, música y filósofa Eloísa de Castro con su desafiante disco ‘Gineceo’ y un espectáculo denominado “Viaje al Gineceo”, la historia de las filósofas y científicas contada desde el filometal.
En la sala Manuel de Falla, la cantante proponía ante un auditorio colmado ese estilo único que define su expresión artística: reunir el metal y la filosofía destacando la importancia y el rol femenino a lo largo y ancho de la historia de la humanidad con un recorrido cronológico de varios siglos. La presentación estaba dividida en dos actos: el primero, denominado “Filósofas de la antigüedad”, y en segundo lugar, “Filósofas de España”.
En cuanto las luces del recinto se apagaron, la función comenzó con un vídeo introductorio que nos sumergía en la atrapante propuesta de Eloísa. A lo largo del mismo, se destacaba el papel de las mujeres en distintas áreas y con las ramas de las ciencias y de la filosofía como hilos conductores de la idea y el concepto de la actuación.
Antes de cada una de las piezas interpretadas durante el concierto, hubo un videoclip explicativo y divulgativo con lo que había aportado cada una de las mujeres protagonistas de las canciones a la ciencia, al conocimiento y a la historia de la humanidad.
Aparece imponente Eloísa de Castro, vestida de impoluto negro, y abre la noche con “Teano de Crotona y el número áureo” para hacer temblar los cimientos del auditorio. Acompañada en escena por batería, bajo y guitarra, fue envolviendo con su voz y conectó rápidamente con la platea con un sonido pulcro, acompasado y la vez potente.
Es para destacar que era la primera vez en los casi doscientos años de vida de una de las entidades máximas del saber, del conocimiento y la divulgación del país, que se presentaba una propuesta de metal en sus instalaciones.

Prosiguió la cantante con el poderío de su gola, su talento y su gran magnetismo, afrontando canciones como “Temisclotea, la sacerdotisa de Delfos”, “Diotima, maestra socrática” y “Safo de Lesbos, oda a Eros”, obteniendo vítores a raudales tras cada interpretación.

José Pardial de Avalanch y Dani Nogués de Lèpoka no se quisieron perder el show y aportaron sus voces en sendos duetos con la cantante madrileña.
Según la canción y la historia que tuviera detrás, la frontwoman aparecía en escena con algún objeto como un libro, un globo terráqueo o una seda enorme. Secundada en toda la actuación por Andy C. en batería, Nando Campos en bajo y Mike B. Wolf en guitarra, supo cautivar con su espectáculo de fuego y sabiduría.
Más que un viaje en el tiempo, la sensación general era la de estar honrando con la mirada del presente e impregnado de heavy metal de gran nivel el gran aporte que cada una de las ilustres mujeres protagonistas de las obras le obsequiaron a la humanidad y que en su momento no tuvo el reconocimiento adecuado.
Era un latido femenino a base de riffs, prolijas líneas de bajo y titánicos tambores que se sumaban al caudal de los pulmones de la cantante.
Hasta las alegorías del arte, de la música, de la literatura y de la poesía entre otras, que decoran el techo de la emblemática sala Manuel de Falla movían sus cuerpos y melenas al compás de cada trallazo del cuarteto.

Otro de los puntos álgidos en el directo fueron las trabajadas visuales que acompañaron cada una de las interpretaciones. La primera parte se cerró majestuosamente con “Hipatia of Alexandria, the Science of the Universe”.
Cambio de vestuario pero no de energía por parte de la compositora madrileña en el segundo y último acto, ya que Eloísa encaró la parte final del espectáculo, bautizada “Filosofas de España”, con un vestido blanco marfil y su voz como un candil de aceite sagrado encendido con un fuego eterno que servía de guía para el respetable.
La ejecución de “Emilia Pardo Bazán, Rerum Natura” fue muy aplaudida y la ovación se sostuvo por varios minutos. Es para recordar que la escritora gallega fue la primera mujer que ingresó como socia de número en el Ateneo.
Las últimas poesías musicalizadas supieron mantener y elevar aún más la combustión. El heavy metal estaba sentando un precedente en el templo del conocimiento en la capital y las butacas eran meras espectadoras ante un público que, de pie, disfrutaba a pleno.
Además de datos sobre las labores profesionales de cada uno de las protagonistas, los videoclips que funcionan como antesalas idóneas comentan algunas anécdotas de las ilustres féminas y las injusticias y contratiempos que tuvieron que sufrir por haber nacido en una época con una visión errónea sobre el rol de las mujeres en la sociedad, la cultura y la ciencia.
El epílogo llegó en primer término con el último single publicado por Eloísa de Castro, “María de Maeztu: las sin sombrero”, y concluye con verdadera potencia de la mano de “María Zambrano, Ordo Amoris” ante una descomunal ovación, tras la cual, la cantante agradece a todo el público presente, a todo el staff, a los músicos que la acompañan y a la prensa que la ha apoyado desde el primer instante.
Eloísa de Castro sentó cátedra a su paso por el Ateneo de Madrid, logrando aunar virtuosamente y a partes iguales el mejor metal con la filosofía y la ciencia, y destacar el importante rol de la mujer en materia de divulgación científica a través de los siglos.
He cursado mis estudios de Derecho y Ciencias Políticas en Granada, teniendo puestos mis cinco sentidos en los héroes, mitos, leyendas y también en las propuestas emergentes del género.
Escribo con mi pluma cargada de tinta en MariskalRock y en La Heavy, con rigor, honestidad y tratando de conectar con los lectores desde mi prisma.
Sin Rock and Roll, no hay vida.
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