Siete años hacía que Dünedain no recalaban por la capital para aplastar con su directo demoledor y afilado, desde que vinieron a presentar 'Memento Mori'. Tanto tiempo provocó que la expectación fuera máxima, con la sala Copérnico rozando el lleno para comprobar cómo lucía su reciente 'Érase' sobre el escenario.
Con una gran puntualidad iban ocupando sus puestos los componentes mientras sonaba la intro para arrancar con "A un paso del cielo", con su letra machacona hasta que Carlos, el último en salir, ponía a prueba los muros de la sala. Se nota que eran sólidos ya que los seguían llevando al límite con “Oh yeah!”, la primera en caer del último trabajo que iban a tocar casi en su totalidad, mientras a nosotros nos levantaban y nos llevaban en volandas.
Es cierto que el sonido nos jugaba una mala pasada en este comienzo, siendo un poco bola y no dejando que se distinguiese todo de forma nítida. Un problema que pronto iban a solucionar ya que un concierto así merecía tener un “Legado” a la altura, aquel que Carlos empezó a escribir en Dünedain con canciones como esta de 'Pandemonium', del que también tocaron “Vuela” del tirón. Se habían metido al público desde el primer tema, y eso se notaba en la pasión con la que eran recibidas cada nota que nos llegaba a los oídos, cuernos en alto y sin dejar de cantar.
Tomó la palabra Tony para presentarnos “Fénix”, donde su voz junto con la de Carlos dibujaron melodías afiladas, se contestaban el uno al otro, y nos contagiaban alegría y fuerza a partes iguales, estando sobresalientes ambos durante toda la noche, mientras Miguel nos empujaba con cada golpe de sus baquetas a la batería para no dejarnos quietos.
“Memento Mori” bajaba las revoluciones y se abría paso con el punteo de guitarra que domina los primeros compases, antes que tocaran por primera vez en directo “Hilo rojo”. A estas alturas ya tenían al público en el bolsillo, realmente desde que sonó por altavoces el primer compás, y ellos correspondían en una noche especial dándolo todo sobre las tablas. Por eso, cuando comenzó “Fiel a mi libertad” no se diferenció tanto de la reacción que provocó en comparación con las canciones más nuevas, y eso que es uno de sus clásicos.
Tony reivindicó el vínculo que a todos nos mantiene “Unidos”, como a él con Miguel y el guitarrista Mariano, que llevan juntos desde el inicio de Dünedain, “somos una familia dentro y fuera del escenario”. El último en unirse a la banda fue Alberto al bajo, el Steve Harris español que no dejó de sonreír, de moverse y de animar a la gente. Así es imposible no emocionarse con sus cuatro cuerdas en el inicio de “Silencio” o echando la mirada atrás con la potencia de “1.000 golpes”.
Los temas iban cayendo uno a uno en una comunión perfecta entre público y banda, con ellos dejándose el alma sobre las tablas y nosotros abajo llevando al límite nuestras cuerdas vocales, embrujados por “Hechizo”, y un Carlos de nuevo sensacional con los agudos, “Pandora”, otro de los estrenos en directo para este concierto especial, o 'Érase'.
Dünedain demostraban que para dar un conciertazo lo único que se necesita es actitud para no parar de moverse, conectar con el público y combinar temazos antiguos como “Una razón” de 'Buscando el norte', o más modernos como “La misma canción”. La respuesta era unánime, puños alzados hacia el techo de la sala para una noche de heavy metal en la que no se escatimó un grano de entrega y pasión.
Por eso se marcharon de escena, pero no por mucho tiempo ya que quedaba una recta final de traca. Prendía la mecha “Tu sueño”, antes de gritar en alto que estarán aquí, y nosotros con ellos, peleando “Por los siglos de los siglos”, la única visita al 'Luz de mi oscuridad' y uno de los temas especiales de Dünedain para un servidor ya que me engancharon a ellos hace unos años ya y siguen volándome la cabeza, como a muchos otros, cuando la escucho en directo.
Más de uno pensaba que ese sería el final, pero se quisieron acordar de 'Mágica', el disco que faltaba por representar, con un “Corazón de invierno” que fue el broche perfecto con la sala coreando el riff inicial, el doble bombo martilleando y todos disfrutando de un directo que se había pasado demasiado rápido a pesar de las casi dos horas de duración.
En una época de actuaciones que sobrepasan llorando la hora escasa, Dünedain vino a Madrid a demostrar que se pueden hacer conciertos largos, llenos de intensidad, pasión y rindiendo a un nivel espectacular durante toda la noche. Las canciones de su último disco se cuelan en el repertorio con los grandes clásicos, cantados por banda y público en una comunión que durará “por los siglos de los siglos”.



