LO ÚLTIMO

Crónica de Depresión Sonora en Madrid: Viaje hacia un pleno éxtasis

Marcos Crespo (Depresión Sonora)

Día gris en Madrid, el cual fue mutando a una oscuridad cruda que vino acompañada por una lluvia que caía de forma insistente y esto obligaba a los devotos seguidores de Depresión Sonora a que aceleraran el paso para ingresar a la sala La Riviera para latir en el marco del ciclo de conciertos Mazo que tiene lugar por estas fechas.

En los rostros del numeroso público, el cual en su mayoría eran adolescentes que acudían con el alma abierta, se veía la expectación, la devoción hacia el artista y la ansiedad por escuchar en vivo el último trabajo de estudio publicado el año pasado 'Los perros no entienden internet (…y yo no entiendo de sentimientos)'.

Las luces se van a cero mientras el abundante humo comienza a decir presente. El rugido es titánico, estruendoso, ensordecedor y atrapante a la vez. La platea, al unísono, comienza a gritar a viva voz "Markusiano, Markusiano, Markusiano", tal como es conocido popularmente el frontman del combo y venido a este mundo como Marcos Crespo, e instantes después, comienza la intro para sumergir al completo a su parroquia en el viaje espiritual y sonoro que propone el artista en su directo.

El primer disparo es "Éxodo 32: 15-28" y como un dogma, la voz del cantante se va incrustando en el interior más profundo de una sala que había colgado el cartel de no hay billetes. Esta fecha en Madrid forma parte de su gira internacional "Vacaciones para siempre world tour", pero convencido estoy de que no fue un concierto más para el intérprete; quizás por eso indicó “es un placer cantar en casa”. En breves cruzará el charco nuevamente y estará presentándose en México, Colombia, Estados Unidos, etcétera. Un profeta en ambas orillas del océano.

La banda forma una especie de círculo imperfecto sobre el escenario donde batería, teclados, sintetizadores, guitarra y bajo se miran a los ojos. El vocalista se mueve continuamente entre sus compañeros de actuación y busca la mirada cómplice con las primeras filas de los enfervorecidos fans. En el stage se ubican columnas con unas pequeñas pantallas rectangulares en su parte superior que van modificando su color según la pieza interpretada y, sumadas a las trabajadas visuales, el humo envolvente e incesante y la consistencia del grupo, forman la banda sonora ideal que todos habían acudido a ver.

Canciones como "Mala", "Donde están mis amigos" y "Veo tan adentro" son las responsables de que Depresión Sonora utilice el corazón de los presentes como lienzo y vaya imprimiendo sus colores con solvencia, con trazo firme y con electricidad. A destacar es el acompañamiento continuo por parte de los fans en todo momento. Ponen sus gargantas al servicio de la causa y logran, en algunos fragmentos del vivo, hasta tapar la voz. En algunas piezas, el líder espiritual de la banda se calza su guitarra y hasta toca un pequeño teclado a la vez que lo sopla. A Marcos también se lo ve atento y pendiente de que todo suene a la perfección en todo momento e intercambia consultas con el público para ver si se oye bien el show.

En el pie de la batería hay un pequeño peluche animal. Es un perro blanco con una gorra que casi cobra vida con las magnéticas canciones. Ramos de flores son arrojadas desde la platea y, cariñosamente, el cantante los coloca junto a la mencionada mascota. Las voces se vuelven una sola durante todo el concierto. Es increíble lo que se vive en La Riviera. Una conexión sublime entre el grupo y el auditorio

"Hay que abandonar este lugar" es una oda que se escucha hasta el Olimpo. En vivo da la sensación de que Depresión Sonora se vacía al completo. Se entrega en cuerpo y espíritu para deleite de sus fans. Entre el respetable se evidencia cómo en la propuesta artística del compositor vallecano depositan sus esperanzas, sus sueños, sus anhelos.

Si con su anterior trabajo de estudio 'El arte de morir muy despacio' ya dio un golpe sobre la mesa, con 'Los perros no entienden internet (…y yo no entiendo de sentimientos)' rubrica su gran presente creativo. El pogo prosigue entre las primeras filas y las legendarias palmeras de la sala contemplan cómo "Tú no me tienes que salvar", "Domingo químico" y "Apocalipsis virtual" son hipnóticas en vivo.

En la recta final del show, el frontman sale junto con sus compañeros por unos instantes y, a su regreso, con guitarra en mano y ante la inmensidad del stage, afronta "Qué pena que nos vayamos a olvidar" y "Fumando en mi funeral". Ya con el resto de la banda ejecuta himnos de su factoría como "Ya no hay verano", "La ley del pobre", "Gasolina y mechero" y concluye con "Vacaciones para siempre", para la cual se sumó Pablo Prieto deAlcalá Norte, .

El respetable, impregnado de sudor tras incesantes pogos y dejándose la voz y casi la piel durante el concierto, y satisfecho por lo vivido, abandonaba lentamente la sala al grito de "Markusiano, Markusiano". Depresión Sonora pasó por Madrid y una cosa ha quedado clara: no entenderán los perros de internet ni él de sentimientos, pero de lo que sí es un experto es en conducir a su parroquia por el sendero de post-punk hasta llevarlos al éxtasis.

Mauro Nicolás Gamboa

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

MariskalRock.com
Resumen de privacidad

Desde este panel podrá configurar las cookies que el sitio web puede instalar en su navegador, excepto las cookies técnicas o funcionales que son necesarias para la navegación y la utilización de las diferentes opciones o servicios que se ofrecen.

Las cookies seleccionadas indican que el usuario autoriza la instalación en su navegador y el tratamiento de datos bajo las condiciones reflejadas en la Política de cookies.

El usuario puede marcar o desmarcar el selector según se desee aceptar o rechazar la instalación de cookies.