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Crónica de Crystal Lake + Miss May I en Barcelona: Metal y corazón ardiendo al unísono

Crystal Lake. Fotos: Gloria Limontes

El pasado 9 de marzo, la sala Razzmatazz 2 volvió a convertirse en un auténtico hervidero para recibir a los japoneses Crystal Lake, una de las formaciones más explosivas del metalcore moderno, que llegaban para presentar su nuevo LP ‘The Weight of Sound’. La banda nipona se encuentra actualmente de gira y no lo hizo en solitario: los estadounidenses Miss May I, que no pisaban nuestro país desde 2012, junto a Great American Ghost (EE.UU.) y los australianos Diesect, completaron un cartel explosivo que terminó incendiando la ciudad condal aquella noche.

La expectación era evidente desde mucho antes de que se apagaran las luces: camisetas negras, público joven mezclado con veteranos del género y una energía latente que anticipaba una noche intensa. Lamentablemente, por motivos laborales no llegamos a ver a las dos primeras bandas.

Como buen frontman, Levi Benton, al frente de Miss May I, lideró la carga junto a sus compañeros de banda, prendiendo la chispa que encendió cada acorde y detonó la noche. Jerod Boyd (batería), Ryan Neff (bajo) y Elisha Mullins (guitarra), junto con el propio Levi, dispararon a bocajarro desde el primer segundo de actuación, con una ejecución perfecta en los primeros temas del set: “Shadows Inside”, “Masses of a Dying Breed” y “Pray for Silence”.

Miss May I

No había tiempo que perder, y con un pogo como rey de la pista, se sucedieron cañonazos en serie como “Into Oblivion”, “A Dance With Aera Cura” y “Architect”. Cada riff, cada golpe de batería y cada grito del público se unieron en una explosión de energía que hizo vibrar cada rincón de Razzmatazz.

Los gritos desgarradores y agresivos de Levi, al puro estilo death growl, parecían no tener fin. La intensidad y la fuerza se mantuvieron implacables en todo momento. Con sus éxitos “Under
Fire” y “Hey Mister” dejaron el escenario y a la audiencia completamente preparada para el plato fuerte de la noche.

Miss May I

Tras unos minutos de tregua para facilitar la entrada y salida de las bandas y el intercambio de sus instrumentos y, por supuesto, la necesaria hidratación que el momento requería, Crystal
Lake irrumpió en el cuadrilátero con paso firme y listos para un combate sonoro cuerpo a cuerpo.

Crystal Lake

Crystal Lake

El inicio fue directo a la yugular con “Neversleep”, donde el temblor de la sala a consecuencia de semejante detonación sonora dejó claro desde el primer instante que la cosa iba muy en serio.

Sin dejar respirar, enlazaron con “Bludgod”, una descarga agresiva que consolidó el tono del concierto: velocidad, contundencia y una conexión inmediata con los fans.

Al frente del escenario, este quinteto de talentosos músicos tenía claro que iba a predicar con el ejemplo. Siendo fieles a su poderoso estilo y de “manera natural”, desplegaron una intensidad constante sobre las tablas.

Saltos, riffs afilados y una actitud arrolladora marcaron una actuación en la que la energía fluía de forma natural entre banda y público, contagiando a una sala completamente entregada.

Especial y merecida atención se llevó la actuación del vocalista neoyorquino John Robert Centorrino, que mostró un notable control de las técnicas de voz extrema propias del metalcore. Combinó fry screams más agudos con false cord screams más graves y potentes, aportando variedad e intensidad a temas como “Bludgod” o “Hail to the Fire”. Su dominio técnico le permitió mantener la fuerza y la claridad vocal durante todo el directo, sosteniendo con solvencia uno de los elementos más exigentes del sonido de Crystal Lake.

Crystal Lake

Uno de los momentos más celebrados fue “Six Feet Under”, coreada de principio a fin por los asistentes.

La intensidad no decayó con “Lost in Forever” y “Open Water”, dos temas que demostraron la versatilidad del grupo, combinando melodía y brutalidad con gran naturalidad.

Tanto el propio John como el resto de talentosos músicos, los guitarristas Yudai Miyamoto y Hisatsugu Taji, el bajista Mitsuru y el baterista Gaku Taura, demostraron una compenetración absoluta durante todo el concierto, funcionando como una maquinaria perfectamente engrasada que mantuvo la intensidad de principio a fin.

El fuego en la pista no dio tregua en ningún momento. Se sucedían continuamente los circle pits, muchos de ellos arrancados a la señal del propio John Robert, que animaba al público haciendo con los brazos el gesto de abrir el círculo.

La respuesta era inmediata: la masa se abría y comenzaba a girar con furia al ritmo de los breakdowns, convirtiendo la pista de Razzmatazz en un torbellino constante de movimiento y adrenalina.

 

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Crystal Lake

La contundencia y la explosión sonora de Crystal Lake no están reñidas, ni mucho menos, con los mensajes de paz y amor que la banda transmite sobre el escenario. Su vocalista, John Robert Centorrino, lo dejó claro en repetidas ocasiones al dirigirse al público (“Please mf*ers! Let's don't forget we are love!”) y al formar con sus manos el símbolo del corazón, un gesto que fue respondido con entusiasmo por una sala completamente entregada.

Crystal Lake

El concierto encaró su recta final con un desenlace tan emotivo como explosivo a cargo de “the two last f*ckin songs”, tal como las presentó John una vez que se subió de pie sobre la valla que separa el escenario del público, prácticamente fundido con la primera fila y animando a la sala a entregarse con todo en los últimos momentos del show.

“Apollo” irrumpió como antesala perfecta de la maravillosa “The Weight of Sound”, momento en el que los coros al unísono entre público y banda (“Carry me back home, send me home”) se elevaron con tal intensidad que probablemente pudieron escucharse en la otra punta de la ciudad.

Cuando las luces se encendieron y el eco de los últimos riffs se desvaneció en Razzmatazz, la sensación era clara: Crystal Lake no había venido simplemente a tocar, sino a arrasar. Una noche de circle pits, breakdowns devastadores y comunión absoluta con el público que dejó la sala convertida en una auténtica caldera.

En un mundo dominado a menudo por egos y troles, Crystal Lake demostró un enorme respeto y cercanía hacia su público. Una vez terminado el concierto, los miembros de la banda bajaron al pit para compartir unos momentos directamente con los fans, intercambiando saludos, fotos y algunas palabras.

Un gesto que prolongó la conexión más allá del escenario y que dejó claro que la comunión vivida durante el concierto no era solo parte del espectáculo.

Una descarga de metalcore moderno, brutal y honesto que dejó claro que Crystal Lake sigue siendo una de las bandas más intensas y cercanas del género.

Gracias por compartir vuestra música.

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