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Crónica de Biffy Clyro + Bartees Strange en Madrid: La mordida del dragón escocés

La primera vez que fui a Escocia siendo un niño para ver el torneo de rugby Seis Naciones, el cual celebra otra nueva edición por estas fechas, observé cómo algunos adolescentes lucían una camiseta que decía Biffy Clyro. Al consultar a nuestro guía antes de entrar al estadio de Murrayfield en Edimburgo, me comentó que eran una incipiente y joven agrupación que hacía aguerridos directos por locales y que el nombre no tenía significado alguno. Pero algo me quedó rondando de aquella historia para siempre en mi interior. A día de la fecha, habiendo transcurrido algunas temporadas desde aquel suceso y varias de contemplar en vivo su talento, puedo sostener que su nombre sí tenía significado: son la furia de la bestia rock en estado pleno o, como se autorefieren a ellos mismos en directo, ¡Biffy “fucking” Clyro!

En los aledaños del río Manzanares, la expectación era máxima. Desde primera hora de la tarde, una enorme serpiente de fans daba toda la vuelta al recinto. Entre ellos comentaban el despliegue que se veía en el exterior de la sala La Riviera. Tres buses de doble planta, dos tráilers enormes y hasta un cocinero que salía y entraba con bolsas al templo madrileño de la música. El evento prometía ser algo más que un concierto, y vaya si lo fue. Un show en toda regla donde los voltios se transformaron en latidos. Día miércoles en la capital ibérica, transformado en una jornada que será guardada con cariño en ese rincón privilegiado del alma del respetable, la cual aún echa humo después del directo Biffy Clyro.

Bartees Strange

Como aperitivo para ir calentando motores, el respetable pudo disfrutar del set de Bartees Strange. Sentado en una silla en el centro neurálgico de las tablas, ante un caudaloso público, con su inseparable guitarra, ofreció pinceladas de su indie rock con piezas como "Boomer", "Wretched" y "Heavy Heart", entre otras. Contundente en su set y mostrando una raíz amplia de estilos a las cuerdas, el artista estadounidense supo cautivar y logró ser muy aplaudido al terminar su directo.

Se observan números, columnas, torres e hileras de luces y focos gigantes adicionales distribuidos por todo el stage. El humo abundante dice presente y el rugido se transforma en una sola voz de miles de gargantas, las cuales habían agotado todas las entradas. Un conteo regresivo al ritmo de beats electrónicos muy potentes, secundado por teclas intensas de piano, indica que se aproxima el momento señalado y anhelado por toda la platea.

Como una bestia gigante y con el torso desnudo, salta a escena Simon Neil, enfundado en su guitarra, y se ubica en el fondo del imponente escenario, a la diestra de su inseparable compañero y baterista Ben Johnston, y ante una tormenta imparable de luces inician la velada con "A Little Love", pieza perteneciente a su último trabajo de estudio 'Futique', publicado en el epílogo de 2025 y sobre el que pivotearía toda la actuación. El dragón Biffy Clyro ya está en casa y os va a morder.

Bartees Strange

Sin tiempo de respirar y aun desde el fondo de la imponente y colosal escenografía, disparan con "Hunting Season", y durante el ecuador de la misma, el frontman pega un salto desde la segunda planta del stage y se ubica en primera fila, casi al borde del foso de seguridad. Esa será una de las tónicas habituales de toda la noche. El dragón se moverá a lo largo y ancho de todo el escenario, con sus incontables tatuajes persiguiéndolo, porque no pueden seguir el ritmo de su piel.

En esta gira, no cuentan con el bajista James Johnston (alejado de los focos por inconvenientes personales de salud, al que le dedicaron con sentidas palabras la interpretación de "Friendshipping"), pero esto no es impedimento alguno para que el directo, en el cual llevan dos violines, teclados, dos guitarras, bajo y batería, sea sólido, contundente, emotivo y furioso. Construyen, a base de recorrido por su amplia discografía, un mapa de sensaciones. Son capaces de pisar el acelerador a fondo, atravesando el piso de la máquina móvil, hasta desarmar las armaduras más gruesas con sus medias baladas.

Biffy Clyro

Entre el respetable se ve numeroso público británico llegado especialmente para la ocasión y nos comentan que la energía del público en Madrid es contagiosa. Hecho que también agradece la banda en su concierto. Piezas como "Goodbye", "Who's Got a Match?" y su himno "Space", perteneciente a su disco 'A Celebration of Ending', van marcando y agitando el pulso; la sangre ya hervía. La conexión con sus fans es evidente y, en vivo, van atravesando todas las etapas artísticas del combo. Los dos violines sumados al teclado sirven para dotar de texturas emotivas a las piezas más tranquilas. El show de luces prosigue y se va adaptando a cada canción.

Las luces en el concierto son casi un miembro más de la banda. Están muy trabajadas y casi no se repite la secuencia a lo largo de las casi dos horas de actuación. Sirven como envoltorio ideal junto al humo, para crear una atmósfera desde la cual el grupo escocés sabe morder el alma mediante canciones del calibre de "Biblical", "A Thousand and One", "A Hunger in Your Haunt" y la inmortal "Black Chandelier". Son muy celebradas. El repaso por sus tres décadas de carrera es amplio. Eso se manifiesta en su show, que el público ha acudido a ver al artista en toda su magnitud, no a cantar solo las “dos conocidas” de la banda. Es un karaoke al unísono de los que no muchas veces se pueden presenciar. El sonido a lo largo y ancho del concierto es puro. Desde distintos puntos de la sala se puede percibir la buena ecualización. Derriban paredes, pero con estilo y riffs.

Biffy Clyro

Los escoceses son capaces de soplar brasas en el corazón de los presentes para que vuelva a ser una combustión incontrolable. Una montaña de sentimientos que comanda Simon Neil, quien se mueve constantemente y a quien aún no logran atrapar sus tattoos. El cantante no frena; hasta en las piezas más tranquilas se muestra inquieto, con ganas de interactuar con la platea, de fundirse con las maderas del stage y que sus raíces lleguen al centro del planeta Tierra. Se pone de espaldas al auditorio e interactúa visualmente con el baterista, se mueve nuevamente y congenia con el teclista, da unos pasos al lateral y se bate a duelo con su guitarrista. Su huella es eterna en el directo.

En la recta final del show, a pesar de que todos deseaban que la noche fuera eterna, llevan a cabo una versión atrapante de "Mountains", que es el puente ideal antes de los bises de verdadera antología.

Biffy Clyro

Un verdadero dream team de canciones: "Machines", la cual es un duelo vibrante entre guitarra y violín; la atrapante "The Captain"; la cruda "Living Is a Problem Because Everything Dies"; la rítmica "Bubbles"; y la eterna "Many of Horror" cierran la noche, los tatuajes por fin consiguen atrapar al cantante y se retira el grupo tras el grito de guerra que llevan a cabo conjuntamente con el público: ¡Biffy “fucking” Clyro! El dragón escocés Biffy Clyro pasó por Madrid y derribó todo a su paso.

Mauro Nicolás Gamboa

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