Llevo un tiempo siguiendo de manera directa la carrera de Avatar, tanto en estudio como en directo como incluso a nivel personal, ya que he trabajado con ellos directamente en un par de giras previas en nuestro país y también he tenido la ocasión de entrevistarles varias veces. Por eso sabe aún mejor verles en un punto actual tan alto y relevante en la escena, sin haber dado aún el salto quizás a la primera línea directa, pero estando cada vez más cerca. Ellos comenzaron desde muy abajo y literalmente han ido subiendo peldaños y dando pasos adelante disco a disco, poco a poco y siempre con el trabajo duro, la originalidad e innovación por bandera. Y todo ello dentro de su propuesta y su particular “freak show”.
Sin duda ‘Don´t Go in the Forest’ ha sido uno de los discos del año, pero es que, aunque Avatar para algunos sea una banda “nueva”, llevan ya más 25 años por aquí, que sus comienzos datan de 2001, y aún como “Lost Soul”, aunque Johanness Eckerström no se uniera de manera oficial hasta 2003 (y su primer disco no saliera hasta 2006). Con lo que 20 años y 10 álbumes después, están en el punto de maduración, éxito y momento en sí perfecto. Manteniendo además formación estable desde hace más de 15 años, si nos permitimos seguir aportando cifras para empezar, y eso se nota y mucho. Que el entendimiento, camaradería y feeling entre ellos es perfecto, sumada a la ecuación la profesionalidad, inventiva y ganas de seguir sorprendiendo y avanzando a nivel de show gira a gira.

Esto no les exonera de tener cierto mecanicismo (que no artificialidad) en escena, pero es algo con lo que tienen que lidiar. Es decir, si queremos hacer este tipo de shows tan preparados y currados, la espontaneidad tiene que resentirse, o sacrificar la improvisación, al menos un punto. Pero ya está el desparpajo tanto del frontman como de toda la banda en realidad para que, primero, no se note (mucho), y segundo, sea irrelevante. Y aun así no parar de sorprender con nuevos trucos escénicos, “sencillos” pero muy efectivos, como en este caso era una batería que se abría por la mitad, dando paso a la entrada del show (desde su particular carpa de circo… de los horrores) tanto a los músicos como a diferentes elementos como el piano para “Howling at The Waves” y darles aún más solemnidad a los diferentes cambios de ropa de los músicos, dando ambientación diferente a cada parte del show.
Pero no nos adelantemos y empecemos por el principio, y las bandas invitadas. De las noruegas Witch Club Satan no puedo contaros mucho porque no llegué a verlas, ¿para qué iba a mentir? Nunca he sido partidario de los conciertos con dos y hasta tres teloneros a veces, porque empiezan prontísimo y mucha gente no llega a verles (casi siempre por motivos laborales, como fue mi caso), o no les interesan. Al final no sé qué ganan, pero bueno, así son las cosas y así se las contamos. Cierto que los comentarios de los que vieron a la banda (formada por tres provocadoras féminas… blackmetaleras, primarias y viscerales a su manera, para más señas) no fueron muy positivos, destacando en este caso que tampoco contaron con buen sonido precisamente y además tocaron muy poco tiempo y con la sala aún a medio gas. Pero el que firma no las vio y no puedo opinar. Nos apuntamos en la agenda asistir a uno de sus directos cuando vuelva a presentarse la oportunidad.

Alien Weaponry
También en formato de trío, a los neozelandeses sí les habíamos visto antes por estas lides, y fue interesante tenerles de nuevo aquí en directo esta vez de la mano de una gira tan potente como la de Avatar. Sigo pensando aún hoy, al día siguiente quiero decir, si musicalmente tienen mucho que ver con los cabezas de cartel, incluso a nivel estético y de show en sí. Me refiero aparte del mero hecho de ser una banda de metal actual, y bastante cañero, con lógico deje tribal tanto a nivel de presencia como sobre todo de sonido. Recordamos que, aunque tienen ascendencia holandesa (el apellido De Jong de los hermanos, batería y guitarrista/cantante, les delata), son de etnia maorí, y es una clave importante de su personalidad e incluso imagen, por supuesto.
Inevitable acordarnos de Sepultura, al menos de ‘Chaos A.D.’ y sobre todo ‘Roots’ en adelante, que son una influencia más que marcada para ellos. Punto exótico aparte, son una banda interesante, aún muy joven y con cosas interesantes que decir. Visto el concierto, breve, directo, duro y crudo, sigo preguntándome si los seguidores de Avatar eran (o son, vaya), su target, y si conseguirán refrescar su base de seguidores en esta gira, al menos en nuestro país, pero por ellos que no quede.

Tienen ya tres discos y en este caso el show fue breve pero intenso, destacando temas como “Taniwha”, uno de sus singles más conocidos, o “Kai Tangata”, de sus primeros tiempos. Un servidor, no miento, es más de Avatar que de la mezcla tribal entre nü y death metal racial de Alien Weaponry, que para gustos los colores, pero no podemos desdeñar su esfuerzo y eficiencia sobre el escenario. La próxima quizás encajen mejor en una gira más cercana a su estilo, al menos en mi humilde opinión.
Avatar
Era el momento de los suecos, y nos sorprendían desde el principio con esa intro y entrada a lo “barqueros del infierno”, con esa primera imagen de la batería que se abre y Johanness y Tim (cantante y guitarrista), salen encapuchados, en penumbra, candil en mano y comenzando sorpresivamente el show al ritmo adictivo y marcial de “Captain Goat”. Tras esto, momento de mirar atrás y dar buena cera con “Silence in the Age of Apes”, poniendo los arrestos sobre el escenario, mucha caña y molinillos mediante, ya sin hábitos, y desvelando el show “sencillo” pero efectivo que nos han preparado para la gira.
Personalmente me gustan más los temas pegadizos del grupo como la divertida “Eagle has Landed”, y ellos tan elegantes como macarruzos, con Johaness como histriónico maestro de ceremonias, y totalmente recuperado ya de los problemas que les han tenido unos días parados antes de la gira española. Es un tipo simpático y con personalidad, al igual que el resto de los miembros del grupo, destacando para mí siempre la tremenda pareja de guitarristas que forman Jonas Jarslby y Tim Öhrström, que son buenísimos además de excelentes “actuando”, en la doble acepción del término, sobre el escenario. Más soso quizás, pero bien en su papel, el bajista (y buen corista) Henrik Sandelin, y más participativo en el show el batería John Alfredsson, creador y principal instigador de la parte visual de Avatar, por si alguien no lo sabía.

Seguimos con cera pero alternando con canciones más divertidas, desde la tralla inmisericorde, pero pegadiza, de “In the Airwaves” (para mí de lo mejor del nuevo disco) con clásicos imprescindibles como “Bloody Angel” (casaca roja y sombrero negro mediante), o la (casi) discotequera y mucho más rockera “The Dirt I´m Buried In”, siempre un acierto en sus directos. Y lo mismo con “Colossus”, con ese ritmo tan hímnico y el toque musical industrial, y con una pequeña batería en primera línea, y la banda entrando marciales previamente al escenario… haciendo de hecho el juego que luego remarcarán con el ritmo de la canción.
Ya había tenido tiempo Johannes de reverenciar a Madrid, un lugar especial siempre para el grupo, y uno de los lugares donde mejor (y donde primero) se les ha acogido siempre, y de beber de ese bidón “de gasolina”, con ese efecto tan sencillo y tan chulo que nos encanta a los seguidores. Por cierto, esta vez no llenaron en la capital, que en La Riviera no es tan sencillo obtener el “sold out” y menos entre semana y en unos meses de mucha intensidad de conciertos (y el bolsillo lo nota). Pero sí hubo buena entrada, unos tres cuartos del aforo, y sobre todo excelente ambiente, con gente maquillada y disfrazada entre el público incluso. Y con una variedad de edades que me llamó positivamente la atención: desde literalmente niños y adolescentes a viejos rockeros de melena y barba blanca como el que firma.

Otro de los temas imprescindibles es “Torn Apart”, muy ruda, dura y rítmica y siempre valor seguro en sus directos, aunque personalmente me encantó el “momento piano”, con chupa de cuero tachueleada a lo Rob Halford (una de las influencias cada vez más indisimuladas de Johanness, ¡quién lo iba a decir inicialmente!) para atacar la genial “Howling at The Waves”. Eso sí, con la banda vestidos ahora más románticos (a lo “Entrevista con el vampiro”, vaya, pero elegantes, jeje) y darle ese punto visual tan evocador a una de las mejores canciones melódicas del grupo, y encima nueva. Tal vez me pareció un tanto excesivo, aunque sincero a la vez, el discurso de Johanness agradeciendo desde siempre el apoyo del público español, y de Madrid en particular, que se hizo pelín largo a mi entender, pero el tipo es así y nos encanta, tema histriónico y personaje en escena aparte.
Para comenzar la segunda parte del show, muy divertida la performance para “Legend of the King”, con el trono dorado entrando en escena, con Jonas coronado entrando y el resto de la banda con preciosas casacas blancas de piel dándole ese tono solemne, también de manera visual, al momento. Impresionante, por cierto, Jonas tocando en el trono, evidenciando influencias (dicho en el mejor sentido, desde Malmsteen a Eddie Van Halen o el propio Alexi Laiho) pero dando muestras de ser un verdadero rey del instrumento… Y el grupo de ser monarcas a la hora de hacer espectáculo y coreografías en directo, con humor pero sin dejar de presentar temazos de su ya bastante amplia discografía.
Íbamos llegando al final, y tras una cañerísima (y muy heavy) “Let it Burn”, que evidentemente hizo arder La Riviera, era el momento de cerrar épicos y marciales con “Tonight We Must Be Warriors”, coreadísima, y es que están en ese momento dulce en el que los temas nuevos son top en el set y la gente los espera casi más que los clásicos no tan recientes. Curioso el detalle, pero así es, y ellos encantados.

Ya solo quedaban los bises, y un globo rojo paseándose por el escenario nos indicaba lo que venía a continuación. Y es que posiblemente “Don´t Go in the Forest” fue el tema más coreado de la noche, ¡otra nueva triunfando!, que ya se ha convertido en un clásico posiblemente para siempre del grupo. Para el que firma, de gustos más clásicos, la tremenda interpretación de uno de los cortes más heavies, pero a la vez rotundos y melódicos del set, fue perfecto.
Quedaban dos temas, y eso que esta vez no hubo trompetas ni incursión de Johannes ni a la barra ni al foso, aunque no paró de agradecernos el apoyo y la presencia, “con esa conjunción que se produce en el aire entre nuestra energía y la suya, la del grupo, que forma una magia especial que nos une para siempre”. Bien, pero de nuevo algo excesivo en las loas (que por una vez sí se me hicieron más repetitivas), antes de arrancarse con una tremenda “It Smells Like a Freak Show”, pero rematar a toda pastilla con “Hail the Apocalypse”, muy dura y deathmetalera, previo mensaje solidario, en genérico, que muchos no terminamos de entender muy bien esta vez.
Como decía al principio, quizás un tanto mecánico este final que, por supuesto, no empaña un bolazo de bandera, pero que a un servidor le rechinó en la parte crepuscular del show, no puedo decir lo contrario. No sé, quizás fue porque ya les he visto unas cuantas veces y el elemento sorpresa es menor… Bueno, salieron a despedirse entre aplausos, con ese outro a lo peli francesa de los años 30 tan chulo y tan Avatar a la vez. Están de dulce y posiblemente en el mejor momento de su carrera, pero espero que no se estanquen y sepan seguir avanzando e innovando como siempre han hecho hasta ahora. No es fácil...
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