Se hizo rogar el regreso del guitarrista americano Andy Timmons a Madrid, tras once años sin pisar la capital. Consiguió levantar tanta expectación que agotó prematuramente las entradas en la sala Villanos, teniendo que trasladar el concierto a una del doble de aforo, como es la sala Mon, que también llenó en su totalidad.
Abría la noche el guitarrista, compositor y productor barcelonés Pedro Javier González, que posee un gran bagaje en su carrera, en la que ha grabado más de una decena de álbumes propios y ha colaborado con artistas de renombre como El Último de la Fila, Joan Manuel Serrat, Manolo García o Roberto Alagna entre otros.
Durante un poco más de media hora, interpretó temas propios sentado en una silla y con una iluminación mínima, mientras el humo se desvanecía. Con un público muy respetuoso que escuchaba en silencio y aplaudía cada canción, nos mostró su versatilidad, mesura y templanza a la hora de tocar y mezclar con toda naturalidad estilos de raíces como el flamenco y el jazz. No faltó tampoco un bonito homenaje a Camarón de la Isla.

No se hizo esperar mucho Andy Timmons, que fue recibido con una gran ovación, para colocarse en la parte derecha del escenario y, con una sonrisa que no abandonó durante toda la noche, empezar a desplegar todo el conocimiento y la clase que le han aupado a ser uno de los guitarristas mas reputados dentro del mundo del rock.
Andy Timmons
Para algunos de nosotros, el nombre de Andy Timmons estará siempre ligado a Danger Danger y sus dos maravillosos dos discos iniciales, enfocando posteriormente su carrera en solitario y como reputado músico de sesión al lado de artistas consagrados como Simon Phillips, Paul Stanley, Olivia Newton John, Kip Winger o Paula Abdul. Ha compartido escenario también con guitarristas relevantes como Steve Vai, Joe Satriani, Eric Johnson y Steve Morse.
Iniciaba su actuación con “Reclaiming My Time” y “Six FM”, pudiendo apreciar desde los primeros compases su estilo, donde el virtuosismo y la técnica no estaban exentos de esas emociones que le fluyen de forma natural, lejos de otros guitarristas que se limitan a recorrer el mástil a gran velocidad y sin ese feeling que marca la personalidad de un músico.

Con “Deliver Us” y “Helipax” nos recordaba que su álbum ‘Resolution’ cumplía diez años, y era un buen momento para revivirlo. Para conseguir este clima y esta brillante actuación, contó con dos músicos de postín que le daban la perfecta réplica con su base rítmica: por un lado, el solvente bajista Mike Daane, y por otro el poderoso y técnico batería Bob Avsharian, gran admirador del añorado Neil Peart (Rush).
Bromeando con uno de los botones que se le había desprendido del cuerpo de la guitarra, daba paso después a la breve y emotiva “Elegy For Jeff”, que dedicó al desaparecido Jeff Beck, para abrir la caja de las esencias de su nuevo álbum, ‘Recovery’, que continuaría con el tema homónimo y con otra intrincada y enérgica pieza como “Love>Hate”.
El título de este disco hace referencia a la recuperación por la que pasamos todos en algún momento de la vida. En su caso personal, tras haber pasado por un cáncer, una depresión, incluso por problemas de audición, y utilizando la música como parte de ese proceso terapéutico y de sanación.
“Winterland” puso a la sala a cantar su estribillo, y Andy sacó su móvil para grabar este momento con el público entregadísimo, llegando después “Strawberry Fields” de The Beatles, el cuarteto de Livepool que es una de sus grandes referencias y al que siempre vuelve cada cierto tiempo.

La maravillosa “Take Me With You”, con la que cerraba su anterior y brillante trabajo, ‘Electric Truth’, fue uno de los momentos más especiales del show, pues además de ser la única canción con letra, fue interpretada por el guitarrista de Evansville con mucha sensibilidad y sentimiento.
Turno después para “Super ‘70” y “Pink Champagne”, temas inéditos del recopilatorio ‘That Was Then This Now - The Best of X-Tacy’, abordando después “Opener Day Begins”. Para “Duende” contó con Pedro Javier González, creando un gran clima de complicidad y mostrándonos de una forma espontánea, como pueden convivir una guitarra eléctrica y una española en un escenario, ante la admiración de los asistentes. Lo despidió llamándole “maestro”.
El instante más festivo y desenfadado fue con la llegada de “Bohemian Rhapsody”, la popular canción de Queen, que fue cantada por toda la sala mientras Andy sonreía para mostrarnos su particular versión, de la que Brian May se sentirá muy orgulloso.

El solo de Mike fue el único momento prescindible para un servidor, aunque a Andy le sirvió para cargar pilas antes de enfrentarse en la parte final con el extraordinario “Electric Gypsy”, el indispensable “Cry for You” y “The Prayer / The Answer”.
Fiel a su Ibanez, el guitarrista estadounidense volvió a dejar el listón muy alto, ejecutando una exhibición a modo de clinic no solo para el gran número de guitarristas asistentes, sino para un público muy heterogéneo, con esa impronta que no está al alcance de muchos músicos al combinar una técnica deslumbrante con una cautivadora sensibilidad melódica. Andy concibe su música como una gran paleta de sonidos y sensaciones diferentes.
Ojalá que no tenga que pasar tanto tiempo para que podamos disfrutar de un artista tan especial, cercano y amable, que no dudó al finalizar el concierto en firmar cada disco y hacerse fotos con la larga cola de fans que le esperaban.
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