Decir que esta es la crónica más importante de mi vida no es exagerado. Ver la última presentación, seguramente, de la última banda de rock and roll (sí, rock and roll, aunque se le sumen otros subgéneros más duros como el hard rock) activa del mundo no es poca cosa. Traer al joven adolescente que cada uno lleva dentro una vez más al presente no tiene precio.
Y más si se le suma que una de sus fechas, precisamente la de esta crónica, el 31 de marzo de 2026, fue el cumpleaños número 71 de Angus Young (se le cantó “Cumpleaños feliz” antes de “Whole Lotta Rosie”), último miembro original de la banda y quien también lleva el legado de su fallecido hermano Malcolm, junto a quien dio forma AC/DC.
Una noche con un clima veraniego en pleno otoño, mientras los aviones pasaban sobre el estadio desde el aeropuerto cercano, tuvimos un marco único. Miles de personas coparon el estadio de River Plate, el Monumental, donde hace 17 años se grabó el mítico show que dio vida a ‘Live at River Plate’, colmándolo hasta más no poder, lo que significó el sold out de los tres shows que realizaron en la República Argentina.
AC/DC
Con la intro sonando, AC/DC anunciaba el comienzo del primer tema para que se viniera abajo el estadio, quizás por ser, como dije al principio, la última vez que se les vería en vivo, al menos en Argentina. Y una catarata de clásicos se sucedió: “If You Want Blood…”, “Back in Black”, “Thunderstruck”, “You Shook Me All Night Long”, “Highway to Hell”, “Whole Lotta Rosie”, “T.N.T.”, “Riff Raff”… Uff, no fue un show sinceramente para alguien que compró la entrada solo por ver una banda “cool”; no fue ese tipo de show.
La voz de Brian, con 78 años a cuestas, ya no es lo que era. Está a un 30% de lo que fue, y él lo sabe, y así lo expresó en un par de oportunidades en las que gesticulaba molesto consigo mismo. Se le vio con algo de fastidio y trataba de disculparse con el público, el cual no hacía más que “hacer el aguante”, como se dice aquí, coreando cada canción, dándole un guiño, haciéndole sentir “Estamos con vos” en esta última aventura.
Aun así, con ese 30%, ¿alcanzó? Claro que sí. Y deja ver el gran frontman que es, y el mejor vocalista que fue en su plenitud. Estuvo mucho más comunicativo con la gente, seguramente expresando, a su modo, gratitud hacia el público y su devoción.
Angus, tema aparte. Ya cumplidos los 71, celebrados por el público con cánticos de feliz cumpleaños en todo el estadio, ¿qué decir de un músico que se cargó muchos momentos del show y no dejó de darle rienda suelta a su SG? Su épico solo/show en “Let There Be Rock” así lo demuestra, la tocó hasta dejarse las palmas de las manos rojas, como se podía ver al detalle a través de las pantallas gigantes del estadio.
Su clásico pasito, el “duck walk”, adoptado de leyendas como T-Bone Walker y Chuck Berry, aún sigue presente en el show, como si el tiempo no pasara. Esa energía, propia del joven estudiante en uniforme que encarna, parece hacerse piel en él.
Y así siguió transcurriendo la noche con más clásicos: “Hells Bells”, “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”, “Stiff Upper Lip”, “Jailbreak”, “Shoot to Thrill”, “High Voltage”, “Sin City”, para cerrar con “For Those About to Rock”, el clásico que ya anuncia el final de una noche fantástica, cargada de energía y emoción.
La banda que acompaña es eso mismo: cumple y acompaña el show, sin más. Luego del susto apenas al llegar al país de Stevie Young, de quien se dijo que tuvo un mini infarto cerebral y que, milagrosamente, como explicaba un doctor en medios públicos, fue uno de los pocos afortunados en los que ocurre y pasa como si nada, un fenómeno raro que permite continuar con controles y una vida normal. Los incorporados más recientemente, el baterista Matt Laug y el bajista Chris Chaney, hacen su trabajo y cumplen con lo requerido.
De hecho, la esencia de AC/DC en esta etapa está concentrada en el dúo que queda desde su última visita: Angus y Brian. Son ellos quienes cargan con todo el peso, y funciona.
Los fuegos artificiales marcaron el final de la noche y de una noche épica que cualquier persona, no solo quien escribe, dirá que fue para el recuerdo, uno de los mejores shows que pisaron suelo argentino.
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