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Crítica de Rebrote: Rebrote

El silencio también forma parte del rock, aunque pocas veces se hable de él. El que rodeó a Iñaki “Uoho” Antón durante los últimos años no fue un silencio cómodo ni voluntario, sino uno impuesto por el final de una etapa irrepetible y por la necesidad de parar cuando el cuerpo y la cabeza lo exigían. ‘Rebrote’ nace desde ahí, desde un lugar poco habitual en los debuts: la pausa. Y quizá por eso este disco no tiene nada de impostado ni de urgente, sino mucho de reflexión, de oficio y de ganas reales de volver a tocar por el simple hecho de hacerlo.

Quien se acerque a este álbum esperando una reedición encubierta de Extremoduro va a equivocarse desde el primer corte. No porque falte carácter, intensidad o personalidad guitarrera —todo eso está muy presente—, sino porque aquí el punto de partida es otro. Rebrote no mira atrás para reconstruir nada, sino que utiliza la experiencia acumulada como herramienta para explorar nuevos caminos sin perder identidad. La diferencia es sutil, pero fundamental: no hay nostalgia, hay memoria.

El disco homónimo se mueve en un terreno donde el rock sigue siendo el lenguaje principal, pero no el único. Las guitarras de Uoho continúan siendo reconocibles, con ese equilibrio tan suyo entre crudeza y lirismo, aunque ahora parecen menos interesadas en imponerse y más en dialogar con el resto de elementos. La producción apuesta por un sonido orgánico, amplio, con espacio para que las canciones respiren y se desarrollen sin prisas, algo que se agradece en un trabajo que rehúye el formato de consumo rápido. Aquí las canciones se construyen, crecen, se retuercen y, en algunos casos, se permiten durar lo que necesitan durar.

Uno de los grandes aciertos del disco es la voz de Jaime Moreno. Lejos de caer en imitaciones o tics heredados, aporta una personalidad propia que encaja de forma natural con el universo musical del proyecto. Su manera de cantar no busca protagonismo constante, sino que se adapta al pulso de cada tema, reforzando el tono emocional de las letras sin sobrecargarlas. Esa contención resulta clave para que el disco no se convierta en un ejercicio excesivo de solemnidad.

Las letras se mueven en un terreno introspectivo, a ratos áspero y a ratos vulnerable, donde la ausencia, la reconstrucción personal y la necesidad de seguir adelante aparecen de forma recurrente. No hay grandes consignas ni eslóganes generacionales; hay reflexiones hechas desde la experiencia, con un lenguaje directo que evita el artificio. Temas como “Cuando no estás tú” funcionan casi como columnas vertebrales del disco, no tanto por su duración como por su carga emocional y por la manera en que condensan ese sentimiento de pérdida y búsqueda que atraviesa todo el álbum.

Los cortes más directos, como “Un brote” o “La flor de la verbena”, sirven para equilibrar el conjunto y recordar que Rebrote también sabe moverse en terrenos más inmediatos sin perder profundidad. Son canciones que funcionan como válvulas de escape, con riffs sólidos y un pulso rockero claro, pero sin caer en la obviedad ni en la repetición de fórmulas gastadas. Incluso en los momentos más eléctricos se percibe una voluntad de evitar el automatismo, de no tocar por inercia.

El disco avanza con una coherencia interna que no depende de singles ni de picos artificiales. “Sin disimular” y “Acto de revolución” aportan matices distintos al relato, combinando tensión, desarrollo y liberación, mientras que el díptico de “Aceleraciones” actúa casi como un marco conceptual que refuerza la idea de movimiento, de impulso contenido que finalmente se pone en marcha. No es un álbum pensado para escuchas fragmentadas, sino para ser recorrido de principio a fin, con atención y sin distracciones.

‘Rebrote’ no pretende ser un disco generacional ni marcar tendencia, su ambición es otra: demostrar que todavía se pueden hacer discos de rock con identidad, con tiempo, con profundidad y sin necesidad de mirar constantemente al retrovisor. En un contexto musical cada vez más acelerado, este trabajo reivindica el valor de la madurez creativa y del oficio bien entendido, ese que sabe cuándo apretar y cuándo dejar espacio.

Al final, lo más interesante de este debut es que no suena a cierre ni a epílogo, sino a punto y seguido. Rebrote no llega para sustituir nada ni para ocupar un lugar que ya no existe; llega para abrir uno nuevo. Y eso, en alguien con la trayectoria de Uoho, no es poca cosa.

Escucha ‘Rebrote’ en Spotify:

Kike Marcos

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