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Crítica de Proyecto Plasma: El colmillo del tiempo

Por mucho que los grupos de post punk florezcan en la actualidad casi a cada esquina, siempre tendrán un pedigrí especial aquellos que antaño se calificaban como “siniestros” y hoy en día a veces podrían desdibujarse entre la pujanza presente del género. Un movimiento que siempre perteneció al underground, incluso aunque disfrutara de algunos picos de comercialidad a lo largo de los ochenta o noventa.

De esas catacumbas proceden los bilbaínos Proyecto Plasma, liderados por Villares de la Gala, que tan gratas sensaciones nos dejaron con su debut ‘Reflejos del Subsuelo’. En esta reválida siguen las directrices marcadas en su bautismo discográfico, pero quizás acotando más ese singular sonido after punk deudor de The Sisters of Mercy, Bauhaus o Siouxsie and the Banshees que se asemeja a la visita a una tienda de antigüedades. Ojo, que no lo digo en sentido peyorativo, todo lo contrario, pues anda que uno no puede toparse con objetos curiosos en ese tipo de establecimientos.

“Dual” supone una puerta de entrada de lujo a su perturbado universo, guardando la preceptiva ortodoxia del género, pero sin tampoco anclarse en la noche de los tiempos. Se sigue sintiendo el legado del coloso Txarly Usher, pero resulta una figura tan influyente en la escena que echarlo en cara sería como si en el terreno del rock alguien se quejara de las guitarras escuela AC/DC. Cualquier aficionado al gótico dirá que aquí tenemos un temón de órdago.

“Bienvenidos al infierno” comienza de manera sugerente, muy Type O Negative en cierta medida, antes de pegar un acelerón que en los directos cobrará su plena dimensión desencadenando pogos como si no hubiera un mañana. “La puerta negra” se acerca más al metal industrial en un inicio, aunque luego en el estribillo adopte una perspectiva más punk.

“Latido azabache” vuelve a la ortodoxia gótica, pues podría sonar tranquilamente en una sesión del género, seguro que en las distancias cortas también se antoja un auténtico subidón. De lo mejor del redondo. “Horas muertas” revela una faceta más poética, sobre todo en la letra de altos vuelos, mientras que “Mil cuchillos” se escora hacia ese metal gótico a lo HIM que tantas alegrías nos dio hace ya un par de décadas por lo menos. Del mismo modo, no sería tampoco descabellado pensar en la melancolía infinita del adorado Billy Corgan y Smashing Pumpkins.

Por muchas modas pasajeras que existan, siempre es motivo de alegría que todavía tengamos grupos de la vieja escuela, no tanto por edad, sino por espíritu. Ritmos que antaño agitaban ropajes oscuros permanecen escondidos para el que quiera buscarlos, pues la esencia de este movimiento era la anticomercialidad y el pensamiento crítico que sin duda desarrollan los textos reflexivos que aquí nos encontramos. Un chute trascendental.

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