Qué gusto da encontrarte de vez en cuando con discos de rock and roll sin más apellidos, aunque cada uno de sus doce temas se pueda ganar un apodo, con un sonido cálido, directo, crujiente y embriagador, como el diablo manda. Aunque hayas estado escondido en una cueva durante décadas, sabes que decir Los Deltonos es sinónimo de rock and roll a la americana, y los de Hendrik Röver vuelven con ‘El futuro’ a reclamar su trono en el género cerca de celebrar sus cuarenta años de trayectoria.
El vigésimotercer disco de la formación cántabra, si no me fallan las cuentas, nos recibe con calma, aplomo y presentando sus armas, cencerro incluido, en el tema que le da nombre, que ya reclama nuestra atención, y no tarda en hacernos arquear las cejas con un guiño al pasado en “Andrés Muñiz”, nombre que nos suena del “Repartiendo” de los ‘Buenos tiempos’, y nos alegra saber que sigue siendo feliz “si luego hay baile”. Más allá de estos guiños y detalles concretos, otra cosa que agradece el oyente es recibir estas letras que se funden con la música del trío como el queso sobre la hamburguesa, sin alardes, cercanas, casi como guiones de doce rockeros cortometrajes de tres o cuatro minutos.
Buen ejemplo de esto es “El día aquel”, que va acelerando el ritmo mientras seguimos paladeando cada uno de los elementos de la grabación, destacando en este caso el bajo, pero en dura pelea con unas guitarras que combinan un crujido que calienta el estómago y partes en que parecen desdoblarse con gusto exquisito. El límite de ese crujido llega a rozar el stoner, con carácter más alegre en la ácida “Había una vez” y más contundente en la bipolar “Indecisión”.
Las ventanas se abren de par en par para dejar entrar el aire más fresco de “La fuerza”, con un enfoque en las voces y guitarras de sabor más independiente, amplio espectro y accesible estribillo rematado con rotundidad.
Y si de letras hablábamos, “El mal menor” vuelve a mirar a temas de día a día en este nuevo milenio, sobre una base que podrían firmar los Stones y no pocas veces los hermanos Robinson, referencias quizá demasiado generales y aplicables a muchos momentos del disco, pero es que con Los Deltonos no estamos a un nivel muy distinto. Y qué decir de “El color de los tiempos”, si creías que te podías acomodar, Röver y los suyos invocan a los Doors sin perder un ápice de carga explosiva en el mensaje del tema más largo del disco (cinco minutos, que esto no es Dream Theater).
No nos alejamos de esa dinamita hecha palabras cuando vuelven a calentarse las válvulas (aunque en estos tiempos quizá ya no sean necesarias) con “La campana” y el tremendo gancho en su riff. Un toque adictivo igualado posteriormente por el solo y la salida doblada hacia el final del tema. Pero entonces nos recibe “Meteorito” y nos vuelve a partir en dos frente a un bello apocalipsis entre la delicadeza más melódica y la rabia más cruda y rockera. Una genialidad que debe brillar especialmente en directo.
¿El cierre? ¿Ya? Sí, en un suspiro llegamos al “Naufragio” que prácticamente cierra un círculo que obliga a volver a escuchar un disco fantástico, que te puede acompañar o te puede poseer y tomar el control cuando menos te lo esperes. ¡Por 40 años más sin miedo al futuro!
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