Hay discos que llegan cuando tienen que llegar. No porque alguien los anuncie como “necesarios”, sino porque encajan demasiado bien con el momento que atraviesa una escena, una generación o incluso una forma de entender la música. ‘Todos amigos’, el nuevo trabajo de Laura DSK, es uno de esos discos que parecen escritos desde dentro del problema, no desde fuera.
En muy poco tiempo, Laura ha pasado de ser una propuesta emergente a convertirse en una voz reconocible dentro del punk rock estatal, no tanto por cifras o titulares como por una actitud coherente y sostenida. ‘Todos amigos’ no suena a salto al vacío ni a disco hecho con prisas para aprovechar un supuesto momento dulce. Suena, más bien, a alguien que ha vivido lo suficiente como para saber qué quiere contar… y qué ya no está dispuesta a callarse.
El álbum arranca con “Alerta”, un tema que funciona casi como aviso previo: aquí no se viene a maquillar nada. Desde el primer minuto se respira desconfianza hacia los mecanismos que rodean a la música, hacia las promesas rápidas y hacia esa necesidad constante de aparentar éxito. No hay dramatismo exagerado, sino una ironía amarga, de esas que nacen cuando ya has visto cómo funcionan las cosas por dentro.
“Al monte” cambia el foco sin perder tensión. Es una canción que habla de distancia, de necesidad de aire, de salirse del circuito mental en el que todo va demasiado rápido. No suena a huida cobarde, sino a autoprotección. Musicalmente es uno de los temas más inmediatos del disco, de los que entran rápido pero se quedan porque conectan con algo muy reconocible.
Con “Me falta el tiempo”, acompañada por Carry y Entretiempo, aparece una sensación que atraviesa buena parte del álbum: la de vivir permanentemente al límite, intentando sostener demasiadas cosas a la vez. La colaboración no se siente como un añadido forzado, sino como una conversación compartida desde el mismo cansancio generacional.
La canción que da título al disco, “Todos amigos”, es probablemente una de las más incisivas. Aquí Laura pone el dedo en la llaga de las relaciones interesadas, de los apoyos que desaparecen cuando dejan de ser útiles, de esa camaradería impostada tan habitual en determinados entornos. No hay grandes discursos ni nombres propios, y precisamente por eso el mensaje resulta tan incómodo: cualquiera que haya pisado un escenario o se haya movido mínimamente en este mundo sabe de qué se está hablando.
“Dispárame” aporta uno de los momentos más emocionales del álbum. Juega con contrastes, con subidas y bajadas, con espacios más contenidos que rompen la dinámica para luego volver a apretar. Es una canción que demuestra que el disco no se basa únicamente en velocidad o volumen, sino también en saber cuándo parar y dejar que el tema respire.
A partir de ahí, el álbum se despliega con naturalidad. “La puerta de atrás”, junto a Kamikazes, habla de los márgenes, de los caminos secundarios, de todo lo que sucede fuera del foco principal. “En el ring” plantea la idea de lucha constante, no necesariamente épica, sino diaria, casi agotadora. “Adrenalina”, con Calero LDN, acelera el pulso y apunta claramente al directo, a ese momento en el que el cuerpo va por delante de la cabeza.
“Un mundo roto”, con la colaboración de Kogote de Ska-P, amplía el discurso hacia una mirada más social y colectiva. No se queda en la experiencia individual, sino que conecta lo personal con un contexto mucho más amplio y deteriorado. Es uno de los temas que refuerza la sensación de que ‘Todos Amigos’ no es solo un desahogo personal, sino también un reflejo de una época concreta.
“Gasolina”, junto a Radiocrimen, vuelve a poner sobre la mesa la idea de empuje, de seguir avanzando aunque el depósito esté casi vacío. “Bomba Violeta” aparece como uno de los cortes más directos y sin adornos del álbum, y el cierre con “Pa Tipos Como Tú (Punk version)” funciona como broche final, versionando a Shakira desde una óptica más cruda y acorde al conjunto.
Uno de los aspectos más interesantes de este lanzamiento es su edición física, que incluye de forma gratuita el anterior trabajo de Laura, ‘No se vende este álbum’. Lejos de ser un simple añadido, este gesto permite entender ‘Todos amigos’ como parte de un recorrido, no como un producto aislado. Escuchar ambos discos seguidos deja clara una evolución hacia un discurso más firme, más consciente y menos dispuesto a encajar en moldes ajenos.
A nivel sonoro, el disco suena sólido y compacto. La banda (con Charly, Bastian, Sergio y Santi) aporta una base contundente que refuerza cada tema sin robar protagonismo. Se nota que es un proyecto pensado para el escenario, donde Laura DSK ha demostrado que su propuesta gana todavía más fuerza, con conciertos directos, sin filtros ni artificios.
La trayectoria reciente de Laura, con presencia en festivales como The Juergas Rock, Cabo de Plata, Pirata o Rabolagartija, y decisiones tan poco habituales como rechazar propuestas que no encajan con sus principios, refuerza la coherencia de un proyecto que nunca ha ido por el camino fácil. Desde Dskarrila hasta hoy, el discurso ha cambiado de forma, pero no de fondo.
‘Todos amigos’ no busca unanimidad ni pretende gustar a todo el mundo. Es un disco incómodo, honesto y, sobre todo, muy consciente del lugar que ocupa. Laura DSK no necesita presentarse como relevo ni como salvadora de nada. Simplemente hace lo suyo, dice lo que piensa y asume las consecuencias. Y eso, en los tiempos que corren, sigue siendo profundamente punk.
El periodismo musical es mi forma de estar aún más cerca del rock y compartirlo con quienes lo sienten igual.
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