Con su noveno disco, Judith Mateo firma el que puede ser el trabajo más representativo y cohesionado de su carrera. Lejos de ser un simple álbum de versiones o un ejercicio de virtuosismo instrumental, el disco se presenta como una obra de síntesis artística, donde confluyen todas las etapas previas de la violinista: el folk de raíz, la energía rock, la experimentación sonora y una incipiente vocación narrativa.
La idea de que el violín no solo lidera, sino que articula el discurso emocional y conceptual del álbum está ya plenamente asentada y formada. Si las versiones de temas rockeros y poperos son una de sus señas de identidad, lo que la hace destacar es que no se trata de meras versiones sino de reinterpretaciones donde dichos temas obtienen un nuevo y original matiz a través del propio lenguaje musical de Judith (con la que hablamos en esta entrevista). Aquí tenemos cinco temas archiconocidos de la música popular (aunque un servidor admite que no conocía el “Don't You Worry Child” de los Swedish House Mafia) con “A Sky Full of Stars” (Coldplay), “Rolling in the Deep” (Adele), “Take a Chance On Me” (ABBA) y “My Heart Will Go On” (Celine Dion).
La otra mitad del disco se compone de temas propios, que es donde, para un servidor, se pone más interesante. Para empezar, el tema “El proveedor” sorprende por su temática: una visión irónica, casi ácida, de las últimas “tendencias” a nivel de relaciones interpersonales, tal como quedan en las redes sociales. La verdad es que Judith no nos había acostumbrado en lo que a comentarios sociales se refiere en sus discos anteriores, y esta es una novedad bienvenida.
“Amanecer” es una preciosa balada folk (que en la segunda parte se convierte en power ballad), que es acaso mi tema favorito del disco, mientras que “Paddy’s Power” nos lleva directamente por paisajes irlandeses (donde Judith pasó varios años de su vida), una mezcla entre el jig y el rock celta que nos hace que tengamos ganas de tomarnos una Guiness (aunque, personalmente, nunca me gustó el dichoso brebaje este).
“Siempre” es una oda a la amistad donde, igual que en “El proveedor”, presta su poderosa voz su colaborador habitual, Chuse Joven, y “Fuego” es un tema instrumental donde cabe toda la esencia de Judith como músico: emociones y virtuosismo aliñados con rock celta y sensibilidad pop por partes iguales.
Un disco directo, elegante, emocional, que nos presenta a una Judith que se siente cómoda en su piel como violinista con un pie en el mundo del rock y el otro en el mundo del pop y folk, y que no tiene miedo a declararlo a los cuatro vientos.
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