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Crítica de Huevos Duros: EP I • 2026

Hay algunas ocasiones en las que una vez que se ha empezado, es complicado parar. Al polifacético Manolo Rock parece que le ha sucedido eso mismo con su proyecto Huevos Duros, que tan gratas sensaciones nos dejó recientemente con el álbum ‘Emotional Intelligence’. Esa nueva etapa que inauguró tras un largo periodo de hibernación sigue adelante con un EP que recoge el testigo del anterior trabajo y sirve de antesala a su próximo larga duración, ‘66’, que llegará el 20 de noviembre del presente año.

Tomando como punto de partida su obra precedente, esta colección de cuatro canciones se adentra en sonidos más guitarreros, tempos quizás más comedidos, pero sin abandonar todas aquellas características que nos enamoraron de ‘Emotional Intelligence’. Hablamos del poderoso influjo de Trent Reznor (NIN) o Depeche Mode, pero también de esas atmósferas recargadas deudoras del post rock o del indie más oscurillo en la onda Interpol o Editors.

“Chemicals Are Our Friends” evoca aquellas adolescencias químicas de los ochenta en las que se sazonó las noches de marcha con productos que escandalizarían hoy en día a los recatados contemporáneos que pretenden censurar todo. Un ritmo hipnótico a lo Massive Attack vale para transmitir esos chutes al cerebro de antaño, que podrán gustar más o menos, pero lo que nadie dudaría es que constituyeron toda una experiencia.

“Out of Place” es una canción de desamor, de ritmo contenido pero implacable, un descenso a los infiernos donde el fentanilo se transforma en la única tabla de salvación posible. Un estribillo luminoso en la senda U2 demuestra un indudable talento para la composición, pero que nadie se lleve a engaño, no se trata de una pieza accesible, el poso oscurillo y atormentado sigue ocupando una parte importante de este trabajo.

Un pacto de sangre real

“You Know Everything About Me” es definida como “un pacto de sangre real”, el entorno perfecto para desarrollar un interesante territorio intermedio entre Massive Attack y Depeche Mode. Probablemente el corte más inspirado de todo el conjunto, difícil será que no se enganche a la cabeza tras la primera escucha.

“Angel”, sobre el orgullo de ser padre, cierra este breve trabajo sin renunciar a esos ambientes futuristas que saben recrear con tanta precisión y con un gusto indisimulado hacia las grandes melodías, las que te taladran la cabeza y no te abandonan en lo que resta de día.

Que sean solo cuatro temas es realmente lo único malo de una obra sin desperdicio que nos pone los dientes largos de cara a su próximo álbum previsto para finales de año. Este extraordinario proceso creativo no lo va a detener nadie. Tan arrollador como un tren de mercancías.

Alfredo Villaescusa
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