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Crítica de Enbor Arnasa: Atzinetik zeharo izorraturik

Estamos ante un disco que no es para todos los oídos. Reniega de los estribillos pegadizos, riffs de guitarra convencionales o los clásicos estándares del rock y del metal. Con 'Atzinetik zeharo izorraturik', Enbor Arnasa alcanza la cima de la música experimental, con diez cortes que son una auténtica travesía entre distintos paisajes sonoros.

El proyecto originario de Bizkaia (Euskal Herria), liderado por Iñaki Espartza y completado por el batería salvadoreño Dani Córdova, define su estilo como “rock étnico experimental”, una etiqueta que encaja a la perfección con el enfoque visual y conceptual del disco.

Nada más darle al play, con “Byakko agertu da”, Córdova nos recibe golpeando tres veces sus baquetas, dando paso a una atmósfera envolvente, liderada por unos arpegios de guitarra aderezados con un efecto de reverberación. Esto desemboca en un ambiente mucho más crudo, gracias a la voz, que navega sobre un punteo de guitarra con un ligero punto de distorsión.

“Ezin izan dute, Taluc” usa como carta de presentación una narración deportiva sobre el futbolista Ángel Di María. Cuando el comentarista termina su diálogo, el tema explota con una batería contundente y una voz desgarradora a la par que siniestra.

El viaje sonoro continúa con “Saoirse Don Phalaistin”, que rompe la dinámica de arrancar con arpegios de guitarra y nos da la bienvenida con unos escasos segundos de una pista de guitarra haciendo tapping, técnica popularizada por el gran Eddie Van Halen.

Durante este tema también podemos degustar una contundente línea de bajo que, gracias a estar ejecutada con púa, reafirma sin remordimientos su presencia en la canción. El tema es una oda a la libertad para Palestina, adoptando una fuerte personalidad social y combativa que mantendrán en todo el álbum. De hecho, su concepto principal es la invisibilización y marginación de los pueblos oprimidos.

Con “Larrako” nos presentan el tema más rabioso, caótico y explosivo, derrochando energía gracias a su cruda percusión y a su áspera, oscura y demoledora voz.

El disco pone el broche de oro con “Ebisu”, un tema muy cósmico que, al cerrar los ojos, te transporta a innumerables ambientes y lugares. Es sin duda uno de los mejores temas del álbum, además de ser uno de los más atmosféricos, gracias a un excelente instrumental que te hace trascender.

Desde luego, no es un disco que se adapte a cualquier estado anímico ni que pretenda conquistar al gran público, pero si llegas a él en un momento adecuado, te hará navegar por diferentes climas que se quedarán grabados en tu retina y en tus oídos durante mucho tiempo.

 

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