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Crítica de Dianna Keys: Eternal Longing – Nostalgia

No es fácil lanzar un álbum debut, ya que suele ser como un recopilatorio de las mejores canciones que un artista ha creado hasta recibir su oportunidad. Sin embargo, a Diana Keys no le ha temblado el pulso al presentar con 'Eternal Longing – Nostalgia' un ambicioso catálogo de temas, cargados de epicidad y emociones muy personales. Su música sumerge al oyente en un viaje de estilos variados y sorprendentes, donde la previsibilidad queda fuera de lugar. De repente, puedes encontrarte con un riff de guitarra intensamente rockero e incluso con un pasaje instrumental elaborado por una orquesta.

El disco nos da la bienvenida con la melancólica y a la vez enérgica "She Wolf". Su introducción apunta a aires de balada, pero de repente irrumpe una guitarra eléctrica, cargando de grandeza y epicidad al tema. El estribillo es de esos que, al escucharlo, te imaginas coreado por el público en directo, gracias a su alma y actitud de himno. La voz de Keys, aterciopelada y versátil, en esta ocasión presenta matices que recuerdan a Amy Lee, vocalista de los icónicos Evanescence, otorgando un sonido nostálgico arraigado a los principios de los 2000 y, al mismo tiempo, fresco.

Tras esto, el álbum nos transporta a un viaje en el tiempo, evocando esa etapa de la vida en la que cometemos nuestros primeros errores o nos enamoramos por primera vez: la adolescencia. En "Solo 16", la artista se reconcilia con su juventud, en un registro muy distinto al de su tema anterior, acercándose hacia el pop rock y cantando en español.

Los seguidores más fieles del rock, especialmente aquel con tintes sureños y de country, encontrarán en "Golden Days" uno de los momentos más climáticos del disco. La dulce voz de Keys se combina con una sensacional guitarra que recibe al oyente con un riff muy al estilo de los estadounidenses The Black Keys. Más adelante, esas seis cuerdas consiguen erizar la piel con un solo lleno de sentimiento y sustain, sin necesidad de velocidad o de sobrecargarlo de notas.

A través de "Anxiety", Diana Keys enfrenta la ansiedad y el estrés, ofreciendo uno de sus temas más personales e íntimos. Este despliegue de vulnerabilidad se mantiene en clave de rock, pero en una vertiente más bailable y festiva. En el tramo final nos recibe "In Flames", probablemente uno de los mejores cortes del álbum, cargado de rabia y dolor, sentimientos canalizados en un estribillo enorme. En esta canción mezcla tanto el español como el inglés y, nuevamente, para los amantes de la guitarra, ofrece un solo lleno de epicidad.

Finalmente, pone el broche de oro con "Heart of Mist", una de las piezas más ambiciosas, que cuenta con una orquesta generando una atmósfera sumamente envolvente. A veces te hace sentir como si formara parte de la banda sonora de una película de época, con claros aires de fantasía.

Alfonso Herreros

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