Primer disco en formato banda para Bob Eggsponja, este hombre orquesta murciano que nos ofrece diez canciones de rock de autor, rockautor, cantaurock o como queramos llamar al arte de dar forma a letras muy personales sobre ritmos entre los que predomina el rock and roll, aunque se abre la puerta al folk, al blues, a toques country y también a sonidos más duros del punk o el hard rock.
Lo primero que llama la atención es el excelente sonido logrado en esta grabación, encontrándonos a Santi Campillo, destacado exmiembro de M Clan, como productor, que ha hecho un sobresaliente trabajo dando calor rockero a temas como el inicial “Soy un soñador”, el setentero “Dentro de tu ombligo”, con unos destacados teclados que también aparecen en el rockero tema título, o el blues de “Un blues con amor”.
Sobre esta base de sonido sólidamente construida se van desarrollando las letras creadas por Bob, que no tarda en poner sobre la mesa el juego de palabras que le da apellido, aludiendo a los huevos en varias ocasiones, pero destaca más el hecho de que en los primeros temas tenemos sueños por un mundo mejor, el toque folk de “Leyenda Cherokee”, que consigue atrapar al oyente con su relato y reflexión sobre la vida en pareja; el vitalista mensaje de vive y deja vivir que transforma en un “Fluye y deja fluir” de árido sonido, o el ambiente creado entre el cabaret y el carnaval en la también profunda “Tu muchosidad”.
Vuelve a destacar la nitidez del sonido logrado en “Dentro de tu ombligo”, con su llamada a la confianza en uno mismo. Un sonido que atrapa también en el citado blues “con amor”, que juega en su letra estirando el chiste que te puedes imaginar con el titulo sobre las palabras “con-amor”. De aquí saltamos al gran homenaje rockero de “Rock and roll callejero”, sin que falte el “bebiendo blues” que pide el cuerpo con esa referencia “plateresca”, en el que se cita al millar de mitos y leyendas que tenemos la suerte de disfrutar en nuestro rock.
Tras este tema, que me hace pensar en que no debería perderse el sonido del piano entre las bandas de rock, la distorsión se recrudece para recibir “Tiempo cabrón”, que acelera el guitarreo rasgado mientras reflexiona sobre cómo pasa de rápido el tiempo cuando estamos con esa persona especial, aunque no sé si será para muchos bailando el latino ritmo al que hace mención.
El cierre llega con el fuerte contraste de “Marcelino punk y vino”, que puede recordar al gran Manolo Kabezabolo mientras va alternando un tempo más calmado con estrofas más rasgadas al tiempo que lanza cartas sobre la mesa tocando temas sociales sensibles y distintos puntos de vista con una mirada crítica también a algunas actitudes que puede pillar con el paso cambiado al oyente.
En definitiva, un disco que no deja de sorprender en cada paso, saltando de la caricia a las cosquillas, de estas a un tortazo de rebeldía, vuelta a los besos, al ánimo y de nuevo giro hacia la pelea, todo sobre unos cimientos musicales que espero que siga exprimiendo en futuras entregas.
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