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Crítica de Álex Bernal: Anything Goes

Conseguir llenar cada rincón de una canción es una ardua tarea para la que no vale todo el mundo. Una cualidad que se torna fundamental si estamos hablando de post rock, progresivo o rock instrumental, géneros en los que en ocasiones la falta de voz obliga a poner el énfasis en otros elementos. Y eso sin descuidar cierta dosis de dinamismo que indique que estamos escuchando algo realmente estimulante en vez de un ejercicio onanista sin ton ni son.

La habilidad sobre el mástil del guitarrista madrileño afincado en Palencia Álex Bernal está fuera de toda duda, virtuosos de las seis cuerdas puede haber muchos, pero lo que ya no abunda tanto es que dispongan de capacidad de transmitir y que su escucha se convierta en una experiencia placentera sin rasgo ni por asomo de tedio. Que las composiciones se extiendan como un viaje sonoro que no exige tampoco una adhesión inquebrantable, sino simplemente dejarse llevar.

Cinco travesías diferentes nos propone el EP ‘Anything Goes’ y todas de ellas merecen bastante la pena. La inicial homónima “Anything Goes” nos incita a recorrer la senda del hard rock con tintes progresivos de manera muy competente, toda una extraordinaria muestra de talento en la que se perciben unas versátiles influencias que abarcan desde Queen o Dream Theater hasta Metallica.

“November” explota, por el contrario, su faceta más reposada y sinfónica, con un comienzo deslumbrante de esos que eleva varios palmos sobre el suelo y ya no permite bajar con el resto de mortales hasta el final. Si encima sabemos que se trata de una pieza sobre lo que supone llegar a la edad madura y las convicciones personales que permanecen inalterables a lo largo de los años, poco más hay que añadir. Brillante.

Para dejar el ruido y no mirar atrás

“Drive Away” es un tema para pisar el acelerador a fondo, como hace el corte en determinados momentos, por algo el propio Álex Bernal nos animaba en sus redes a “dejar atrás el ruido” y no mirar atrás. “Forever” retoma la vertiente sosegada, con ambiente nocturno y algo de poso a lo The Cure, pero la composición va ganando energía a medida que se suceden los segundos hasta configurar un fresco maravilloso del que no conviene perderse ni el más mínimo detalle.

“Dash” pone el broche sin bajar ni una pizca el increíble nivel demostrado, un contundente y vertiginoso epílogo que se recrea en el hard rock y heavy metal, el tronco común en realidad de todo el conjunto, pues por mucho que se aminore o acelere la velocidad, sobrevuela un inequívoco componente eléctrico a lo largo del redondo. Para despedirse con buen sabor de boca.

Si eres de los que piensan que los trabajos de rock instrumental son aburridos, deja que este virtuoso te rompa los esquemas con su sentido del dinamismo, sus impresionantes paseos por el mástil sin ponerse pesado o su talento para componer intentando cautivar al oyente. Te atrapará, aunque no quieras.

Alfredo Villaescusa

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