La marcha definitiva de Ozzy Osbourne de Black Sabbath se produjo en 1979, pero tal día como hoy de 1978 se produjo también un breve regreso del Madman a la banda de Tony Iommi. Dicha vuelta resultó bastante tormentosa y no hizo sino preludiar lo que parecía inevitable, la separación durante una larga temporada de los caminos entre los creadores de “Paranoid” y el carismático frontman, que desarrolló una trayectoria en solitario durante las siguientes décadas. Alfredo Villaescusa recopila los datos de aquella época complicada en la historia de la música.
El último disco de Black Sabbath con la formación original fue ‘Never Say Die!’ de 1978. Ese trabajo sería el último grabado con Ozzy Osbourne hasta el álbum ‘13’, ya bien entrado en el nuevo milenio. Al margen de la calidad de semejante obra, lo cierto es que por aquel entonces diferentes miembros de la banda se encontraban luchando contra el abuso de diversos tipos de sustancias.
Ese enrarecido ambiente provocó que el vocalista abandonara temporalmente la banda, en teoría para iniciar un proyecto como solista acompañado de una nueva banda. Pero los de Tony Iommi tampoco se quedaron quietos, puesto que intentaron seguir adelante con el cantante Dave Walker, conocido por su trabajo con Savoy Brown y Fleetwood Mac.
Según el guitarrista Tony Iommi, tanto Ozzy como Black Sabbath querían arreglar las cosas, pero no se comunicaron directamente, lo que llevó al breve periodo con Walker como frontman. La banda llegó a tocar material antiguo con él, e incluso una versión temprana de “Junior’s Eyes”, pieza que luego aparecería en el disco ‘Never Say Die!’, como podemos ver en el especial de la BBC ‘Look Hear’.
Ozzy finalmente regresó a Black Sabbath, tal día como hoy, como hemos dicho, pero con una particular condición. Se negaba a interpretar cualquier canción compuesta durante la estancia de Walker. Hubo que buscar algunas argucias para sacar el trabajo adelante, como que el batería Bill Ward se ocupara de cantar “Swinging the Chain”.
Ozzy también se negó a poner la voz a “Breakout” y por eso pasó a la historia en formato instrumental. Y a la ya mencionada “Junior’s Eyes” hubo que efectuar un lavado de cara en la letra para que se reflejara el reciente fallecimiento del padre del Madman.
Por lo comentado anteriormente, el método de trabajo para el álbum ‘Never Say Die!’ fue bastante peculiar, aparte de que solían componer canciones durante el día y aprovechaban la noche para grabarlas. De esta forma, no hubo margen para revisiones o arreglos posteriores, por lo que no extraña que Iommi más tarde diría de aquella obra que le faltaba cohesión.
Optaron por grabar en los Sounds Interchange Studios en Toronto, básicamente por motivos económicos, aunque luego la elección no les salió muy bien que digamos. Para mejorar la acústica, tuvieron que retirar la moqueta para lograr un sonido más vivo, lo que retrasó el avance debido a la falta de alternativas mejores.
Iommi recordó que la banda ensayaba en un cine helado durante el duro invierno de Toronto y que las sesiones de grabación se hacían por la noche, lo que añadía aún más incomodidad a un proceso ya de por sí agotador. El bajista Geezer Butler describió el álbum como un trabajo hecho a retazos. Señaló que, pese al título desafiante del disco, la banda sentía que quizá sería su última colaboración.
Y no iban desencaminados en ese sentimiento, porque la promoción del álbum fue un caos, con conflictos constantes y el deterioro de las relaciones a un nivel ya inasumible. En abril de 1979, apenas tres meses después de su reingreso en la banda, Ozzy sería expulsado al tiempo que se anunciaba la llegada de un nuevo cantante, Ronnie James Dio. El resto es historia conocida.
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