El 23 de febrero de 1996 sale a la venta ‘Agila’; curiosamente, en palabras de la propia banda, entraron al estudio para comenzar su grabación el 20 de noviembre de 1995, pero matizan que la fecha de lanzamiento fue cosa de la compañía. Sin saberlo, y supongo que casi sin imaginarlo, Extremoduro iba a remover el rumbo del rock estatal. ‘Agila’, rompedor con su legado, con sus portadas, con su logotipo, con producciones anteriores, con sonidos pasados, se convertiría en una de sus obras más espectaculares y completas. Referencia absoluta con el paso del tiempo, estamos ante una obra que ha soportado la carga de los años con firmeza. ‘Agila’, amigos, o de cómo la historia cambió para siempre.
Buscando una luna
No es que Extremoduro fuera nunca una banda que hablase de amores y desamores constantemente, pero tampoco lo rehuyeron. A su manera, cierto, pero si había que ponerse poético y “romántico”, no se le caían los anillos. Y en este corte que nos da pie, Robe se acordaba “entodavía” cuando la besaba. Estaba arrancando la cosa y tenía una pinta…
Prometeo
No, yo no descubrí a Extremoduro con ‘Agila’; ese honor se lo debo a ‘Como animales’, aquel disco primigenio, semi maqueta, origen de todo. Y tampoco os voy a engañar: tenían su punto, pero sobrevolaba un aroma punkarra que a veces me sacaba de la experiencia. Luego cayeron en mis manos ‘Somos unos animales’ y ‘Deltoya’; así, juntitos, en una cinta de 90. Los viejos del lugar sabrán de lo que hablo.
Mi rendición absoluta llegó cuando enganché ‘¿Dónde están mis amigos?’; palabras mayores. Con todo este historial, la salida de ‘Agila’ era esperada con ansia. Fue un amiguete de clase de la época, loco de Extremoduro, que se pilló el CD de salida; imagino que aparte de escucharlo en bucle, se acordó de grabármelo, llevándomelo a la mañana siguiente. Gracias, Sebas.
Sucede
Tomemos Madrid como termómetro del nivel de convocatoria de una banda. Extremoduro presentarían ‘Agila’ en la sala Canciller durante tres noches; a todas luces insuficiente, porque allá por el 95 ya se habían hecho con el viejo Pabellón del Real Madrid. Con Platero y Tú como teloneros, por cierto. Era tiempo de mostrar ‘Pedrá’ en vivo.
Pues con Fito, Uoho y compañía, se montarían, ya una vez pasado el verano de 1996, una de las giras de rock estatal más icónicas de finales del siglo pasado, alternándose las bandas sobre la tarima y mezclando músicos. Y ahora ya acogidos por el Palacio de Deportes, y durante dos noches. Level Up.
Hablando de ese verano, en varias fechas y varias ciudades, se montó un festi bajo el nombre de “El día de la bestia”, en el que Extremoduro encabezaban, acompañados por Def Con Dos, S.A., Eskorbuto, Ktulu, y creo que en alguna noche también aparecieron Pleasure Fuckers, que alternaban.
So payaso
Si buscas por internet covers de Extremoduro, “So payaso” debe ser el más repetido. O casi. Es curioso porque, salvo excepciones, la remodelación que le ha dado al tema cada intérprete es notable. En algunos casos con acierto máximo, otros chirriantes, algunos caseros, otros profesionales.
Metamos contexto: en 1996 no existía Youtube, lo que quiere decir que se han grabado diez, doce o quince años después. El legado es eterno.
El día de la bestia
Arriba hablábamos del festival, pero antes de ello, allá por octubre de 1995, Álex de la Iglesia estrenaba en cines la película, que no vendría al caso si no fuese porque en la banda sonora, compuesta por los grupos que os comentaba y muchos más, Robe colaría una canción que sin volverse loco tituló igual: “El día de la bestia”.
Esta BSO se puso a la venta meses antes que ‘Agila’, y sin tener ni idea, siempre me pareció que fue un tema compuesto para la peli y alejado de lo que después se plasmaría en nuestro trabajo hoy revisado.
Además, en la propia cinta cinematográfica fueron musicalmente protagonistas Def Con Dos y Ktulu, quedando Extremoduro como gran nombre, pero menos foco.
Tomás
Y Fito, Albert Pla… Uoho. A los “Milindris”, “Capi” y “Mon” que formaban la base de la banda, Robe sumó un sinfín de colaboraciones que enriquecieron sonido y contexto. Aparte de los mencionados, en los créditos leemos los nombres de José Sañudo, Ratanera, Sime, El Reverendo, Jesús Monge y Elena.
Y a todo esto, Uoho ya se quedó. De productor pasó a miembro, luego a mano derecha, y de ahí en adelante es historia. Y no, Tomás no colaboró.
¡Qué sonrisa tan rara!
Los cimientos de la popularidad estaban puestos, pero no es hasta ‘Agila’ cuando el Rey de Extremadura traspasa las barreras del rock, de la escena en la que se movían y… bueno, todas las barreras que te puedas imaginar. Correcto: el Canci, de rockeros y metaleros, fue su casa en la apertura; pero es que se veía venir que eso de las salas era época pasada.
No sé si ellos imaginaban que habían puesto una piedra filosofal desde la que acabar llenando pabellones por el amplio mapa; yo no, pero sin dármelas de visionario, aquello me olía a grandeza.
Cabezabajo
Aprovechando la presente de las giras y bolos, viajemos hasta el 21 de abril de 1997. Sale al mercado ‘Iros todos a tomar por culo’, otra barrabasada para la época, y otro pelotazo. A los que les seguíamos nos moló el título, entendiendo (o queriendo suponer) que no disparaba contra “nosotros”. A los que no, pues les haría gracia, qué sé yo.
Exacto: se grabó en la larga gira que arrasó el país presentando, obviamente, ‘Agila’.
Ábreme el pecho y registra
Entre el 1996 que nos atañe, finales de siglo y principios de milenio, Extremoduro grabarían más LPs, que no me voy a liar aquí ahora con ello, girarían una y otra vez a lo grande y, por ende, ya convertidos en gigantes, crearían escuela y aparecerían grupos a su rebufo.
Marea, Sínkope, Forraje, Poncho K, ciertos aspectos de La Fuga… Estopa, Melendi… Sí, Melendi, ¿o es que acaso no cantaba el asturiano eso de “¡Arriba Extremoduro!”? Y lo de Estopa no me lo invento yo, eh, que se decía en otros círculos que eran como Extremoduro, pero rumberos. No comparto en exceso la comparativa, mas te compro que se dieran un aire cada uno en su batalla. Y Melendi por extensión. Punto. Pero no me niegues que los primeros del listado, los que eran más rock, puro rock, sí que se alimentaron de la poesía maldita del Robe.
Todos me dicen
Haciendo un poco de memoria sobre lo publicado en esta casa en la época, Chema Gallego hizo justicia al disco en las páginas de Kerrang! de marzo de ese año, en el número 28, donde sin dudar le plantó las cinco Ks, la máxima nota. Transcribo textualmente: “El mejor disco de Extremoduro con diferencia”. Así que he venido a poner treinta años después el 10 desde MariskalRock.
Correcaminos, estate al loro
Para la mayoría de mundanos alejados de Extremadura, castúo era poco más que un amor del que nos habló Robe tiempo ha. Llegó ‘Agila’, que no águila, y nos enteramos de que significaba “espabila” … en castúo, que resultó ser una lengua antigua extremeña, o al menos esto es lo que se podía ver en la publicidad que acompañó a la promo del disco. Y luego ya no sé qué es verdad y qué no, porque también leí que les gustaba cómo sonaba la palabra, y poco más.
El asunto es que en tiempos en los que no teníamos ni Google ni ChatGPT, si no conocías esta historia es que no te enterabas de nada.
La carrera
Nada que ver tiene lo que os voy a contar aquí con la temática de esta canción. Pero siempre me gustó cuando Extremoduro se ponían, musicalmente, vertiginosos. Qué bien les sentó siempre darles celeridad a sus asuntos. Esta es un ejemplo, pero “Sucede”, “Prometeo” o “Tomás” cambiaban el paso, como antes lo habían hecho “Historias prohibidas” o a futuro lo harían “Enemigo”, “Puta” o “Mi voluntad”.
Me estoy quitando
Una versión de Tabletom, que sinceramente era un grupo que yo no conocía de nada, y además con un Robe cantando por bulerías sobre las drogas, tema que al igual que el del amor, sin ser una resonancia reiterativa, siempre fue recurrente. ¿Resultado? Pues un corte de esos extraños que se convertirían en santo y seña alguna vez por LP. Traían a las espaldas salidas de tono con “J.D. La central nuclear”, o en cierto modo “Bulerías de la sangre caliente”, pero este “Me estoy quitando” sería una apertura hacia futuras piezas como “Villancico del rey de Extremadura”, “La vieja (canción sórdida)”, “Manué IV” o ya en tiempos modernos, “Esto no está pasando”.
Cierro con subjetividad extrema: ‘Agila’ es uno de mis discos favoritos de todos los tiempos; aún hoy, escuchado una y mil veces, puedo volver a reproducirlo y disfrutarlo como antaño. Gracias Robe, Rey de Extremadura.
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