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CardiaC: “Entre bastidores” de las giras por América

6 marzo, 2017 1:08 pm Publicado por 
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Ricardo Diges, líder de CardiaC, nos relata en este interesantísimo diario de gira cómo se desarrolló su última experiencia norteamericana. ¡No te lo puedes perder!


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CardiaC en Death Valley. Foto: Benoit Boulian

La ilusión de un mito

Girar por América es tan arriesgado como entrar en una jungla donde muchas veces los peligros no se ven ni de cerca, y eso ya nos lo avisó el año pasado Vinnie Stigma de Agnostic Front en Nueva York. Es importante tener en cuenta que  para abrir la puerta americana hay que desmitificar primero la imagen que los europeos tenemos de los yankis, y no caerse de culo ante el contraste de realidades alarmante. Es de todos sabido que la mayor parte de las bandas que adoramos aquí en Europa hacen caja durante el verano en nuestros festivales para poder sobrevivir en su país. Los americanos viven de su bandera infinitamente mejor que nosotros, su etiqueta les exporta, muchos creen que porque una banda sea americana tiene mayor calidad.. Si viajas un poco pronto te das cuenta que América no es un país tan rico como la gente lo imagina, puede incluso parecer por momentos tercermundista. Si sabemos que hay una clase social y de pobreza que no conocemos en Europa, y que puedes encontrarte gente medio desnuda tirada en el suelo inconsciente sin que nadie se inmute… lo dice todo. Estamos hablando de una sociedad muy divida y con muchísimas dificultades sociales. Por lo tanto no es asombroso que los recursos para la expresión artística y musical sean bastante precarios, esa es la primera realidad. Muchas de las salas tienen un material caduco, roto y con polvo… muchos técnicos de sonido no tienen ni formación, el artista que gira puede fácilmente olvidarse de muchas acomodaciones y los valores del underground decaen. Lo único que prevalece es el dollar y que cuando te regalan cervezas gratis tienes que dar una propina al barman por obligación. Nada es gratis.

Catarsis económica

El culto a dólar es esencial para comprender como los agentes, promotores y bookers independientes se mueven. No hay centros culturales subvencionados y/o alcaldías que financian festivales, etc. Es todo ganar o perder. Los amantes y activitas altruistas musicales son todavía menos numerosos que en Europa, dado que la gente tiene poco tiempo para ejercer su pasión. Es corriente que muchas salas desaparezcan de la noche a la mañana debido a problemas económicos, sanitarios, recalificación de terrenos y movidas políticas, como en Europa pero más tercermundista por caótico. Por eso hay lugares esporádicos que sólo existen durante un cierto tiempo. El ciudadano americano medio gana muy poco dinero para la cantidad horas de trabajo, es un sistema bastante esclavizante, cuesta mucho defender la cultura underground y todavía más despuntar. No hay apoyo ni estatal ni de la alcaldía ni subvenciones. Es un engranaje económico y social perfecto para una creatividad prolífica, mágica y angustiosa. Pero su mercado no es real aunque pueda haber una gran actividad. Los agentes y organizadores viven de la caza y están en competición. Gran parte de ellos querrán venderte la moto… el liberalismo ha llevado al artista al borde del precipicio. En un juego de alianzas y de seducciones hecho para que falles, puedes añadir mas dificultades al humilde músico americano en su tierra: distancias más largas para llegar a cada concierto, costes elevados con respecto a los contratos precarios, la falta de solidaridad entre bandas que en mi opinión son más individualistas que en Europa aunque haya crews guapos dentro del hardcore o el punk como los Pyratepunkx que recientemente descubrimos.

Realidad de Realidades internacionales

Mucha gente se queja de la salud de su escena local o nacional. Lo veo en diferentes países en Europa, y realmente la lucha es casi la misma en todas partes con sus particularidades. Lo puedes ver fácilmente por la falta de apoyos en general, no hay nada que envidiar en ese sentido y es gracias al espíritu combativo que las escenas y las bandas sobreviven y resisten.

West Coast Tour: San Francisco (Pacífica)

Después de innumerables horas de vuelos haciendo escala en Londres aterrizamos en San Francisco donde nuestro conductor Andrew (roadmanager de Madball / Agnostic Front) nos espera en el aeropuerto con nuestro mini van y un tráiler con nuestro backline. La idea es aterrizar y besar el santo. Pero no sabíamos a que atenernos con la llegada al poder de Trump a la hora de pasar la aduana. Afortunadamente todo sale bien y nuestro bajista logra incluso pasar 7 cajas de puros. La sala esta bastante cerca del aeropuerto, así que muy rápidamente pasamos a otra cosa. La sala es una gran taberna de surfers locales acostumbrados a ver conciertos de hardcore/punk. Cuatro jarras de cerveza y unas pizzas gigantes en compañía de un público que disfruta de partidos de NBA y sin teloneros subimos al escenario con la ayuda de unos bourbons con café para espabilar. A medida que empezamos a tocar, la sala se llena y la gente se viene arriba en los últimos 15 minutos, cerrando la noche con dos bises. Público generoso y muy agradecido. Abrimos el día siguiente viendo amanecer tomando los últimos tragos ante el Océano Pacífico: maravilloso.

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CardiaC en la conocida cadena norteamericana Hooters. Foto: Benoit Boulian

Reno

Salimos temprano casi sin dormir y cruzamos una tormenta de nieve en Sunflower Mountain. Al llegar a esta ciudad, conocida por ser el Las Vegas para pobres, y al alojarnos en el paranoico hotel-casino Circus Circus de los 80, recibimos una llamada del promotor diciendo que han cerrado la sala donde tocamos, que no nos preocupemos que tocaremos en otro evento con la gente de Gwar. Rápidamente nos damos cuenta que el evento tiene lugar al día siguiente… Nos quedamos lívidos. Después de varias llamadas locas nos meten en un sala muy guapa que se llama Jub Jub’s. Atónitos ante tanto surrealismo llegamos a la sala donde para colmo no dejan trabajar a nuestro técnico de sonido por “reglas” de la sala… flipante. A pesar de todo damos un buen concierto en una sala bastante potente aunque un listillo quiere bronca conmigo durante el show, y al que el crew local con chalecos (Pyratepunks) le ponen rápidamente en su sitio. No me dio ni tiempo para implicarme y los locales se portaron de perlas. Acabado el concierto nos llevan a un casino de mala muerte a probar fortuna y un desenlace feliz.

San José

Toca levantarse pronto para cruzar la tormenta de vuelta y llegar a tiempo después de ocho horas de carreteras cortadas. Al llegar a la sala nos damos cuenta que el local tiene dos salas con otro evento en paralelo: una fiesta hip-hop. Lo que conlleva medidas de seguridad tan ridículas como extraordinarias. Inútil deciros que los gorilas que estaban en la puerta conocían nuestros cuerpos de memoria de tanto chequeo. Al mismo tiempo que intentábamos integrarnos al rollo, el promotor me lleva a 200 metros donde está tocando Devildriver para ver a la banda, saludarles, tomar un trago y decirme que CardiaC será el alter-party de ese evento. Cuando subimos al escenario la gente empieza ya entrar en la sala y se anima la fiesta. Al mismo tiempo que tocamos sube la marea para dejarnos un buen sabor de boca a pesar de una seguridad típica de un barrio de gangeros.

Los Ángeles

Al llegar a LA las temperaturas suben pero nos llevamos una decepción. La sala estupenda donde tenemos que tocar se ha inundado debido a una tormenta histórica (dicen la peor en 30 años) y el evento ha sido desplazado a una sala más pequeña, un barrio problemático y gangero como lo es Boyle Heights. El resultado es medianamente salvable: robo de material a una de las bandas, público mucho menos numeroso de lo esperado por miedo a los gangs latinos, y nuestro guitarra Julien pegando a un atracador al ser agredido. Nos tenemos que marchar más rápido de lo previsto después del concierto para evitar represalias o más problemas.

Long Beach

A las afueras de LA rápidamente llegamos a una localidad donde pasamos la tarde en el bar del batería de Social Distorsion llamado Pike, compramos vinilos y algunas tablas de skate por la zona. Después tomar unas buenas rondas de cervezas con total ilegalidad en una fantástica playa llegamos a la sala bastante guapa con billares y un bar gigante. Concierto genial y gente muy animada con un buen moshpit. Compensa claramente el día anterior, sin tensión y muy buen rollo, la noche pasa volando, menuda fiesta.

San Diego

El día empieza con la reparación de las pastillas de freno de nuestro van. Una salida tardía con casi 4 horas de atascos para salir de LA. Paramos en la Jolla y nos preparamos para el show en una de las mejores salas de la gira, en pleno barrio gay, genial, con buen material donde nuestro técnico puede hacernos un gran sonido. Nuestros teloneros dicen hacer performance no música…había que verlo. Buen show para todos y después de mil birras nos damos cuenta que donde estamos las calles han sido cortadas por obras y nos costará salir…Parecía aquello una zona de guerra. Para colmo justo al lado estaba todo lleno de garitos con tías desnudas bailando. Parecía una película de Tarantino Abierto hasta el amanecer

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CardiaC en Las Vegas. Foto: Tank Bilt

Las Vegas

Salimos muy temprano hay más de 8 horas de carretera y además tenemos que buscar un amplificador en Anaheim (LA). Panorámicas excelentes, como todo el viaje, y el gatillo de la cámara de fotos echando humo. Parada obligatoria en el Death Valley, cruzando el desierto escuchando Kyuss. En Las Vegas nos espera un sala mítica de reputación legendaria: Beauty Bar. Es el paraíso, rollo muy profesional, una sala al aire libre, bandas cojonudas (una de ellas Astoria) con muy buena onda, ambiente estupendo. Probablemente uno de los mejores conciertos de la gira en una ciudad muy loca. Donde no daremos detalles del desenlace. Dormimos en un casino a 50 metros de la sala, todo está perfecto.

Phoenix

Viaje largo con un paisaje western total, desierto puro y duro. Empezamos a sentir el cansancio y en las siestas da rabia perderse las vistas maravillosas. Al llegar al lugar del concierto nos damos cuenta que se trata de una zona ocupada ilegalmente por una especie de gente cruzada genéticamente con Mad Max punkis y amigos lejanos de Suicidal Tendencies. Nos dijeron que estaban muy contentos que no hubiera habido todavía redada policial. Con el escenario al pie de unas palmeras, estamos en otro planeta, y todo ello con luces para un concierto de boys band! Entre tormenta de arena, buen rollo, gente generosa pero de un nivel económico bastante pobre nos dejamos llevar en un concierto donde los minusválidos allí presentes eran tratados con verdadero amor. Una fiesta hippie/punk indescriptible, con gente real, donde reina un espíritu familial muy agradable. No da tiempo para más, tenemos que conducir toda la noche para volver a Las Vegas y pillar el vuelo de vuelta. Agradecidos nos vamos, felices, pero ligeramente cansados por los excesos de 11 días de gira y aventura más allá de la música. ¡Volveremos!

Ricardo Diges

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