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Entrevista a Jesús Díez: “Describir la música con palabras siempre será más pobre que experimentarla”

23 junio, 2017 9:36 am Publicado por 
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Desde la disolución de Níobeth, la banda de metal sinfónico en la que comenzó a abrirse hueco ejerciendo de guitarrista y principal compositor, el virtuoso manchego afincado hoy en Londres no ha parado de absorber conocimientos y ponerlos al servicio de ‘Mono No Aware’, un debut en solitario donde ha fusionado con sublime originalidad el metal sinfónico y los sonidos tradicionales del lejano oriente. Fascinada por tan novedosa propuesta, Diva Satánica no ha podido resistirse y ha entablado contacto con Jesús Díez, quien no escatima en palabras para ponernos al tanto de su obra.

Jesus-Diez‘Mono no Aware’ podría traducirse como sensibilidad o empatía, ¿qué querías transmitir con este concepto?

“Es un concepto que hace referencia a la melancolía contemplativa ante lo efímero de todo lo que nos rodea y de nosotros mismos, a la empatía de ser conscientes de ello. Captura bien el estado de constante cambio de todo. Nos encanta aferrarnos a situaciones estables y a contextos que creemos que van a durar para siempre, pero no existe tal cosa; todo está en constante evolución, y ser conscientes de ello nos puede ayudar a atesorar más lo que somos y lo que hay a nuestro alrededor”.

¿De dónde viene tu amor por lo nipón?

“Viene originalmente de mi amor por los videojuegos. Desde que era un niño siempre he sido un gran fan de Nintendo y he crecido con sus juegos. Para mí los videojuegos nos aportan mucho a nivel cognitivo y emocional, así que siempre me han fascinado e inspirado”.

¿Te has formado de algún modo en la cultura japonesa?

“Diría que en primer lugar fue estudiando el idioma, algo que lleva ligada una gran carga cultural, sobre todo en el caso del idioma japonés. Después, dos viajes por el país me mostraron muchas más cosas de primera mano. Japón me fascinó y estuve investigando sobre conceptos únicos que no tenemos o no concebimos de igual manera en occidente, como el wabi-sabi, el do o el mono no aware. Hace tres años di una charla sobre el tema, comparando las diferentes formas que tenemos de apreciar las cosas. Por ejemplo, para nosotros una puerta es principalmente el objeto físico en sí, y si vamos a alguna iglesia nos encontraremos con ornamentación, a veces bastante sobrecargada, alrededor de ella; sin embargo, las puertas de los santuarios sintoístas son tremendamente sencillas, porque el elemento más importante y que se pretende resaltar es el espacio que se atraviesa en sí mismo. Eso no significa que sea un enfoque mejor ni peor, pero me resulta muy interesante indagar sobre esas diferencias”.

Has hecho arreglos de canciones tradicionales como “Sakura” o “Kokiriko”, integrando instrumentos típicos de su cultura. ¿Cómo lo consigues?

“Estuve un par de años tocando con el grupo de min’yō del SOAS de la Universidad de Londres, lo cual me sirvió para entrar más en contacto con el folclore japonés y los diferentes instrumentos que se utilizan. También conocí a algunos intérpretes como Hibiki Ichikawa, que interpreta el shamisen en el disco y que también lo interpreta en la película “Kubo y las dos cuerdas mágicas”. Elegí estas dos canciones por lo significativas que son y porque rápidamente se me ocurrieron ideas para adaptarlas al estilo del disco”.

A pesar de que te atreves con la voz de “Sadako´s Wings Of Hope”, son Ster Raventós, Mai Castro y Fernando Asensi los encargados de dar voz al proyecto. ¿Te has planteado abordar tú sólo la totalidad de las líricas?

“La verdad es que no me lo he planteado. Nunca he dedicado el tiempo necesario para mejorar mi técnica vocal lo suficiente como para estar a un nivel que pudiera cumplir con mis propias exigencias, y creo que el próximo instrumento que me gustaría perfeccionar cuando tenga tiempo es el piano. Aunque nunca se sabe y no cierro ninguna puerta de cara al futuro. También pienso que es enriquecedor tener diferentes timbres en el proyecto, no sólo a nivel instrumental, sino también a nivel vocal”.

¿Qué historias esconden sus letras?

“Muchas. “Sadako’s Wings of Hope” trata la historia de Sadako Sasaki y la leyenda de las 1000 grullas de papel, que me parece, además de tremendamente trágica, todo un ejemplo de fuerza y esperanza. “Farewell to the Moon” habla de Amaterasu, la diosa solar sintoísta. “Underneath the Stars”, de fascinación y aventura, de anhelo y descubrimiento. “Mono no Aware” captura la esencia del concepto del disco que he explicado antes. “Choose your Adventure” es un puñetazo en la mesa contra la gente que pretende decirle a los demás cómo han de seguir su camino, sea al vivir su vida o al crear sus obras, contra los que quieren nombrarse dueños de las llaves y decirnos qué puertas podemos usar y cuáles no, tanto a nivel creativo como a nivel vital. “Wistful Weaver” trata la historia de Orihime y Hikoboshi, inspirados por las estrellas Vega y Altair. “Upon the Ocean’s Calm” es una despedida anticipada, un canto a una permanencia imposible teñido de fugacidad. Con todo ello, ¿sabes qué? Al final, diría que todas mis canciones tratan de amor. No sólo de amor romántico, sino de amor a la música, a la creación artística, a la aventura, a los sueños… Al final lo que me mueve es el amor, la esperanza y el impulso creativo”.

Desde luego, el gusto por lo bello, o la sensibilidad artística han de ser condiciones indispensables en cualquier músico pero, ¿qué lugar ocupa para ti la técnica?

“No me gusta el virtuosismo “gratuito”. Veo la técnica como un medio, no como un fin. Es una herramienta para contar o representar, pero para mí lo esencial es el contenido. Tampoco me gusta que la técnica limite la expresividad ni la creatividad, porque tiene que estar al servicio de ellas. Que la tecnología nos permita que un solo guitarrista suene cinco veces simultáneas armonizando una melodía, o invertir y manipular sonidos para conseguir ciertos efectos o sensaciones, por ejemplo, es algo fantástico que no hace más que aumentar las herramientas que tenemos a nuestro servicio para crear y expresarnos, y creo que nada de ello tiene por qué ir en contra de la naturalidad y la autenticidad de una interpretación, sino que puede apoyarla y reforzarla”.

No habíamos tenido noticas tuyas desde la despedida de Níobeth en 2011, ¿qué has estado haciendo desde entonces?

“Por un lado, he estado trabajando en ‘Mono no Aware’ y, por otro, desarrollándome profesionalmente en el mundo de los videojuegos. Cuando me marché de España en 2013, tuve que dedicar mucho tiempo y recursos a perseguir el camino que quería, y estuve dando saltos de fe para, como diría Neil Gaiman, caminar hacia mi montaña. ‘Mono no Aware’ siempre estuvo ahí, creciendo y madurando conmigo, como parte del camino. Para mí, tan importante como hacerlo era hacerlo bien, y quise esperar a tener los recursos necesarios para ello”.

¿Responde este nuevo proyecto a las mismas inquietudes de aquel pasado musical o deseas tomar un nuevo rumbo?

“Un poco de cada. La necesidad de crear estaba en mí antes como lo sigue estando ahora. Me siento verdaderamente libre cuando estoy creando, y siempre he puesto toda mi alma en ello. Por otro lado, el tener una mayor libertad ahora significa poder cuidar de todos y cada uno de los detalles por mí mismo sin perder energía por el camino, lo cual es un auténtico privilegio. A su vez, contar con más experiencia repercute en optimizar los procesos para conseguirlo. Creo que todo ello convierte a ‘Mono no Aware’ en un trabajo mucho más personal y que también muestra una evolución. Tanto ‘The Shining Harmony of Universe’ como ‘Silvery Moonbeams’ (Ndr: los dos discos de Níobeth) fueron compuestos en alrededor de dos años cada uno; sin embargo, ‘Mono no Aware’ me ha acompañado durante mucho tiempo y ha crecido conmigo, así que refleja un camino más extenso y una evolución más profunda”.

Si tuvieras que presentar tu nuevo trabajo ante oyentes para los que fueras un desconocido, ¿qué les dirías?

“Los invitaría a escucharlo y descubrirlo por sí mismos, a dejar que sea la música la que les hable. El lenguaje de la música es el sonido, y describirla con palabras siempre será mucho más pobre que experimentarla. Si no tuviera más remedio que hacerlo con palabras, diría que es un viaje apasionante cargado de melancolía y esperanza que une metal sinfónico con instrumentos tradicionales japoneses”.

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