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Crónica de Primal Scream: Tras la pista de los Stones

13 junio, 2017 3:27 pm Publicado por 
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Sala Razzmatazz, Barcelona.

De camino a la sala uno de Razzmatazz es prácticamente ineludible pasar por delante del hiperactivo Rocksound Club, que esa misma noche programa al renombrado Marc Ford, conocido principalmente por su paso por la excelsa formación sureña The Black Crowes, con el cartel de Sold out en la puerta. Otro gallo cantaría en la Razz, donde la banda escocesa no llegaba a cubrir media sala.

Pasaban unos minutos de las nueve de la noche cuando unas sirenas bañadas por luces rojas anunciaban el inicio del show con “Swastika Eyes”, uno de los temas rompedores de Primal Scream y de las pocas composiciones del grupo con alto contenido político, aunque en esta ocasión no en su variante más disco, aunque sea uno de los temas más remezclados del grupo. Sorprende desde el inicio la falta total de escenografía, con un montaje podríamos calificar de espartano, y una formación de lo más básica con Simone Butler al bajo, Martin Duffy a los teclados y el reputado batería de sesión Darren Mooney, que durante años ha participado en las grabaciones de Skin, Ian Anderson, Don Airey y muy especialmente Gary Moore. Junto a estos tres músicos ingleses quedan Andrew Innes, guitarra, y su líder indiscutible, Bobby Gillespie, únicos supervivientes de aquel primigenio ‘Sonic Flower Groove’ de 1987 desde la marcha de Robert Young en 2006. De los rojos leds pasamos a azules para la interpretación de “Slip Inside This House”, una versión de la psicodélica tejana de 13th Floor Elevators, una canción que ya formaba parte de su exitoso ‘Screamadelica’ (1991) y que Bobbie finiquita con el primer “gracias” de la noche. Otro cambio de tonalidad en las luces, ahora un tenue amarillo para la roquera “Jailbird”, que da lugar a los primeros coros y danzas de un entregado público.

primal-scream-directo-en-vivoContinúan con “Dolls” de su ‘Riot City Blues’ (2006), un corte que podrían haber firmado los mismísimos Rolling Stones, la agrupación que más ha influido, sin duda, en los escoceses; contiene un enorme solo de Innes y una parte central en la que la banda deja que sean los fans los que mantengan la llama de esta añeja composición. Tras un pequeño saludo hacia la ciudad y los allí presentes, Bobbie presenta “It’s Allright, It`s Ok”, corte que cierra ‘More Light’ (2013), y que navega entre el folk y el góspel, y en la que la audiencia participa activamente en sus omnipresentes coros, y a la que Bobbie felicita con un “beautiful” a su fin. Momento ahora para su nuevo disco ‘Chaosmosis’ y vuelta a la electrónica y los loops con “(Feeling Like) a Demon Again”. Pasamos al verde, y a cierta actividad visual con una especie de girasoles revoloteando sobre el telón de fondo para ejecutar “Star”, extraída de su atmosférico y transcendental ‘Vanishing Point’ (1997), disco que contiene una curiosa e irreconocible versión bailable de “Motörhead”. Igual de bailable que “100% Or Nothing”, una canción con aires al rock gótico de Sisters of Mercy o a los queridos Paradise Lost en aquel lejano ‘One Second’ (1997). La intro con la voz de Peter Fonda desde el icónico film “The Wild Angels” da paso a “Loaded” de su aclamado ‘Screamadelica’, una composición que recuerda una vez más a sus majestades satánicas y su “Sympathy for the Devil”.

Bobbie nos presenta a Duffy al piano antes de interpretar “Country Girl”, primer single de ‘Rock City Blues’ con el que llegaron a los primeros puestos del UK Top durante el verano de 2006, y presentada por Gillespie como “Catalan Girl”. Otro de sus éxitos es “Rocks”, del ‘Give Out But Don´t Give Up’ (1994), LP cuya portada es una bandera sudista; en fin, muy en la onda de unos primigenios The Black Crowes, con el público abducido en un baile tribal. Ahí radica la magia de los de Glasgow: hacer bailable el rock y llevarlo a las pistas.

Unos minutos de descanso para llegar a los bises con “I´m Losing More Than I’ll Ever Have” de su segundo trabajo y una luminosa “Movin’ On Up”. Con ella, llegamos al final de un concierto algo corto, hora y cuarto, con escasa presencia de material nuevo, tan solo dos cortes; fuera se quedaron “Where The Lights Get In” y “Private Wars”, que sí hicieron en Paris hace unos días.

El espectáculo lo podían llevar a cabo en cualquier sala o club, dada su mínima, que no minimalista producción. En cuanto a Bobby Gillespie se le vio cansado, como recién levantado de la siesta, y es que lo que más brilló en sí fue la camisa plateada que lució. Mejor aspecto ofrecía Innes, a pesar de su terrible vestuario, con una camisa y unos pantalones que ni regalados. En fin, esperemos que en futuras visitas ofrezcan algo más, con mayor entrega a la hora de ejecutar sus composiciones, porque en esta ocasión vinieron con las pilas algo descargadas.

Texto: Jordi Campàs
Fotos: Markceröck

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