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Crónica de Ghost + Zombi: Ritual conocido

17 abril, 2017 9:05 am Publicado por 
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Razzmatazz, Barcelona.

Hay bandas destinadas a ser grandes. Esto es así. Preséntese la música como el pilar fundamental para cualquier formación; digámosle negocio, que es al final lo que mueve esta historia. Pero todo se resume en identidad, en saber crear un producto único y atractivo, algo que identifique a una audiencia y sepa generar un colectivo a tus espaldas.

Ghost han entendido siempre de lo que iba esto, han sabido coger cada una de las oportunidades que se les han presentado, más allá de teorías conspiranoicas varias y, por supuesto, más allá de tramas legales que ahora no vienen a cuento. La evolución de su carrera discográfica así nos lo dicta, de la oscuridad a la luz y volver a empezar, desde un ‘Opus Eponymous’ ideado para conciertos de pequeño formato hasta una “Square Hammer” destinada a ser un himno de estadios. Al fin y al cabo, es de esto sobre lo que va la música, el moverse por las distintas ramas que tus melodías te permiten para llegar al fin que tu desees, sin límites y sin trabas. Desde su comercialidad vendiendo consoladores al más puro estilo Kiss hasta su capacidad para generar singles que se quedan arraigados al subconsciente, Ghost han ido evolucionado su concepto escénico y musical a la vez que les surgían nuevas propuestas de mayor y más amplio formato.

‘Meliora’ fue un absoluto pelotazo, una perfecta combinación que mezcló en un mismo larga duración las diabólicas y misteriosas melodías de su álbum primigenio con la identidad más popera de un ‘Infestissumam’ que les empezó a llevar al estrellato. Si sus actuaciones en directo generaban dudas en un inicio, no tardarían en desmenuzarlas a partir, por ejemplo, de conciertos para la posteridad como fue el de la Apolo Condal hace un par de años, cuando consiguieron ofrecer un espectáculo a la altura de los grandes y que nos remitió a esa sensación que solo los cabezas de cartel saben transmitir. Un salto más en su meteórica pero aún corta carrera.

Zombi-WiZink-Center

Demasiado pretenciosos o no, la formación sueca decidió que, para su nueva gira, tocarían en salas de gran formato para meter todo su arsenal escénico en grandes escenarios, en los lugares donde tocan las grandes bandas. La realidad, eso sí, es otra: batacazo inicial y cambio de sala, del enorme Sant Jordi Club a una primera sala de la Razzmatazz que, si bien acorde con la ocasión, quedaba irremediablemente pequeña para la idea inicial que se tenía en mente. Pero allí estaban todos sus fieles, en pleno Jueves Santo para asistir a, ya no la primera, sino a una más de las muchas eucaristías que llevan ya a sus espaldas.

Antes de la misa que nos tenían preparada los cabezas de cartel, eso sí, tocaba ver a Zombi, un dúo progresivo instrumental que viene ejerciendo de telonero en toda la gira del Papa y los suyos. No es la primera vez que la formación sueca decide llevar con ellos a músicos de tendencias experimentales; si Dead Soul ya fueron buena muestra de ello en la anterior visita de Ghost, Zombi remarcaría la idea. Esta vez, eso sí, sin los buenos resultados de sus predecesores.

Porque, a decir verdad, la actuación del dúo americano dejó a desear tanto en el apartado musical como en el escénico, sin conseguir conectar con un expectante público en ninguno de los largos 45 minutos de su actuación. Las composiciones de Zombi son planas, sin cambios bruscos, sin experimentos más allá del monótono sampler que llevaban a sus espaldas y que ejercía de backing track para que Steve Moore al bajo o al sintetizador según le conviniera y  Anthony Paterra a la batería pudieran desplegar unas ideas que resultaros insulsas para un público que terminó por desconectar de su propuesta a los pocos minutos del inicio de su concierto. Es una verdadera lástima que se desperdicie una oportunidad como esta interpretando tu obra sin la más mínima conexión con tu público –un simple hola para empezar y un gracias mientras se retiraban- y con un repertorio que poco o nada tenía que ver con los cabezas de cartel de la noche.

Sin entrar en la capacidad artística e interpretativa de ambos músicos, que seguro la tienen, resulta verdaderamente incomprensible como han construido un seguido de composiciones a lo largo de sus ya 5 discos de estudio sin la gracia necesaria para dar un concierto que caldee un ambiente de estas características. En definitiva, una verdadera pena y una ocasión desperdiciada que alguien podría y sabría aprovechar mucho mejor.

Ghost-Papa-Emeritus-Nameless-Ghoul-directo-Madrid-2017Tras el chasco inicial, quedaría ya ante nuestros ojos la gran tela negra que cubriría el montaje escena de unos Ghost que tendrían que soportar el peso de las grandes expectativas. Tras una larga intro donde dos tipos destaparon el arsenal escénico de la banda –una plataforma con unas escaleras centrales y puestos elevados para batería y teclado-, por fin fue el momento en que los Nameless Ghouls y el Papa Emeritus III tomarían el escenario al ritmo de “Square Hammer”, sin duda uno de los mayores éxitos compositivos de la banda. Desde un primer momento, la audiencia se mostró entregadísima ante los suecos, siendo las líneas de temas como “From The Pinnacle To The Pit” o “Secular Haze” coreadas de principio a fin mientras las primeras filas se desvivían por algún gesto de los músicos que tomaban el escenario.

En este sentido, cabe destacar una puesta en escena que ha ido evolucionando al son de unos cambios de miembros que se hacen palpables desde el primer momento, siendo los guitarristas de la formación muchísimo más activos que sus predecesores y siendo el bajista el epicentro de la escena con el permiso de un Papa que siguió las pautas que tan buenos resultados le han llevado hasta la fecha. Porque al final el espectáculo que ofrecieron fue una especie de revival que terminó por convertir el concierto en una serie de guiños más que predecibles para la audiencia que ya les había visto con anterioridad. Desde el botafumeiro durante “Con Clavi Con Dio” hasta las monjas que reparten la hostia y el vino entre las primeras filas al son de “Body and Blood”, la banda se sintió segura en el marco de directo al que se han asentado ya desde las primeras presentaciones de su última larga duración hasta la fecha, ‘Meliora’. Si a eso le sumamos un sonido que, ni de lejos, llegó a ser tan perfecto como el de su actuación del 2015, obtenemos un concierto que, si bien efectivo y tremendamente capaz de conectar con un público en éxtasis, pecó de conservador.

Ghost-Papa-Emeritus-Madrid

Es innegable la capacidad de los Nameless Ghouls para atraer las miradas de los espectadores, subiendo y bajando de las plataformas centrales y echando unas miradas que hacen de unos tipos a los que ni siquiera se les ve la cara, unos músicos capaces de sacarte una sonrisa con cada uno de sus gestos. Y qué decir de Papa Emeritus III, con su versión sacerdotal hasta una “Cirice” que le hizo, otra vez, cambiar de vestimenta para convertirse en esa especie de frontman diabólico. Su voz no es que sea la mejor del mundo, y es evidente que es ayudado por samplers y efectos que dotan al conjunto musical de un aura mística ciertamente redonda, pero su manera de moverse por el escenario, su manera de interactuar con el público y su forma de atraer las miradas con gestos sencillos pero tremendamente eficaces le avalan como uno de los personajes más carismáticos de la industria musical contemporánea.

El estribillo de “Year Zero” siempre pone los pelos de punta, “He Is” puso a todo el mundo a corear sus preciosas melodías y la cañera “Mummy Dust” hizo que el público meneara unas cabezas bañadas en confeti. Pero en ningún momento llegaron a ser la versión apisonadora que vimos en la Sala Apolo. “Glueh/Zombie Queen” y “Ritual” pusieron punto y aparte al concierto, haciendo que los miembros de Ghost saludaran efusivamente al respetable para que después, y con el mismo speech de siempre acerca de los orgasmos, el Papa Emeritus III nos introdujera “Monstrance Clock”, el sempiterno cierre de concierto de la banda.

Los miembros de la formación desaparecieron del escenario y nos dejaron con las líneas de su última canción, coreadas hasta más no poder por una audiencia que les idolatra. Hora y media de concierto después, se escabullían entre bambalinas dejando una sensación ciertamente agridulce. Servidor no puede dejar de preguntarse si el efecto de haberlos visto en mejores condiciones y en conciertos muchísimo más bien estructurados, sin charlas innecesarias y con la sorpresa de quien es testigo de algo grande que surge ante sus ojos, hizo que esta vez el concurso se notará algo bajo en revoluciones.

Pero es que allí reside el reto de las bandas que aspiran a cambiar los cimientos de la industria, que quieren y dicen abiertamente que deben ser los sucesores de esos dinosaurios que se arrastran, con mayor o menor eficiencia, por los escenarios de medio mundo. Una formación al que tanta gente le augura ese futuro necesita de conciertos que sorprendan y que conecten tanto con el público más novel como con aquellos quiénes les han presenciado en el formato que sea. Porque Ghost tiene la calidad y el producto para comerse los escenarios de las salas y de los mayores festivales del mundo, y es por esa razón que hay que exigirles un poquito más; que hay que pensar no tanto en el tamaño de la sala donde actúan sino en el concierto que van a realizar.

Porque, al final, tienen la suerte de ser tan buenos que hasta un concierto que rozó el notable alto debe ser criticado.

                                                                                              Texto: Víctor Vallespir
Fotos (Madrid): Alfonso Dávila

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