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Crónica de Skunk Anansie + The Pearl Harts: Fuerza escénica

14 febrero, 2017 7:15 pm Publicado por 
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Sala La Riviera, Madrid.

Vivimos en una época en la que la cumbre del postmodernismo cool en la música significa reciclar viejas recetas sin añadir nada de originalidad y olvidarse de que hay algo que se llama presencia escénica a la hora de ofrecer una experiencia en directo atractiva y dinámica. Ante esto es de agradecer que todavía existan bandas como la londinense Skunk Anansie, que consiguieron sentar cátedra con un directo que lo tenía todo: energía a raudales, saber estar sobre el escenario (y fuera de él) y producción escénica (aunque no la desplegaron al completo como lo han hecho en locales de mayor aforo durante esta gira).

Un ejemplo de lo mencionado en la introducción se vio en las teloneras, The Pearl Harts, un grupo denominado power duo que consta de una batería y una guitarrista-vocalista y que hace una especie de garage rock con toques sabatianos en la onda de bandas como LA Witch o Death Valley Girls; sin embargo, de power poco o nada.

Puede que otros combos similares como The White Stripes o The Black Keys tuviesen su grado de originalidad y gracia hace más de una década pero, a mi parecer, si uno quiere reducir sus medios de reproducción sonora más allá del formato básico del power trio, debería tener por lo menos melodías con gancho y/o una presencia escénica que se coma al público, y ambas cosas brillan por su ausencia en su propuesta musical. Intrascendentes.

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The Pearl Harts

Afortunadamente, mi sopor se disipó en seguida con la entrada en escena de Richard “Cass” Lewis, uno de los bajistas más potentes de la escena actual y miembro de Skunk Anansie. Su intro de bajo del tema “And Here I Stand” dio el pistoletazo de salida del bolo con una Skin que desde el primer momento salió con un propósito: enseñar cómo se hace un directo lleno de energía y con actitud. Entró dispuesta a mostrarnos las razones por las que es considerada una de las frontwoman más apreciadas actualmente y desde luego no se escatimó en esfuerzos. Bueno, decir esfuerzo quizás no sea lo más indicado, ya que creo que lo que hace le sale de manera natural. Quizás suene a tópico, pero el término “pantera negra” le define  perfectamente. Además, tardó un par de minutos en lanzarse al público para el primer crowdsurfing de la velada. Volvió a hacerlo tanto en el tema “Twisted” (llegando hasta la mesa de sonido) como en “Little Baby Swastikkka”.

Por cierto, según la Wikipedia Skin tiene 49 años, pero tanto a nivel físico como vocal hace replantearse a muchos con la mitad de su edad eso de seguir en la música, porque ella es un auténtico huracán. Vestida como si acudiera a una rave (entre otras ocupaciones, tiene la de DJ de música techno, otra muestra de la ausencia de barreras a la hora de expresarse artísticamente hablando), mantuvo la interacción verbal con el público a un nivel básico. Comprensible teniendo en cuenta el bolo de casi 2 horas, pero igualmente sabe cómo manejar a la audiencia a su antojo como una buena maestra de ceremonias. Así por ejemplo, dejó que el respetable coreara el estribillo del “Hedonism” o nos recomendó que resistiésemos a todas las cosas jodidas que asolan no solamente Reino Unido sino España también antes de arrancar con “God Loves Only You”. Por si fuera poco, tuvo tiempo para tocar el theremin (manipulándolo incluso con la lengua) y la guitarra, tanto eléctrica como acústica, en temas como “I Will Break You”, “Weak” o “My Ugly Boy”; una frontwoman redonda donde las haya.

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Skin (Skunk Anansie)

El setlist estuvo pensado para mantener un equilibrio entre los temas más intensos y los más reposados, así que después del “Intellectualise My Blackness”, por ejemplo, pudimos disfrutar de uno de sus mejores y emotivos cortes, “Because of You”, o alternando entre las más calmadas “Without You” y “We Don’t Need Who YouThink You Are” con su clásico trallero “Yes It’s Fucking Political”. Contraste que se repitió entre la pausada “Victim” y la bailonga “Love Someone Else”, que sonó más alocada, rápida y trallera que en su versión de disco, donde además contaron con una especie de rayos láser rojos que se reflejaban en su chaqueta brillante (otro guiño a la cultura de DJ).

Ya hablamos de la presencia escénica de Skin y el groove impepinable e irresistible de Cass con el bajo, pero también merecen ser mencionados tanto el guitarrista Martin “Ace” Kent, que aunque no se prodiga en fuegos artificiales sonoros, sabe cómo y dónde meter riffs resultones, como el batería Mark Richardson con su pegada  incontestable detrás del kit. La banda contó con la presencia de una teclista que no solamente hacía los coros sino que en canciones como en la ya citada “Little Baby Swastikkka” dejaba los teclados, agarraba el micro y salía en primera línea junto a Skin para hacer segundas voces, algo que le daba más vidilla aún al ya animado espectáculo; todo un acierto.

Consecuentemente, el público no podía sino responder de manera entusiasta creando una atmósfera de auténtico jolgorio, una verdadera comunión entre el grupo y los allí presentes y es por eso porque decidieron regalarnos más temas después del bis de rigor. Después de que sonaran “Beauty Is Your Curse” (dedicada a Lemmy), “Cheap Honesty”, “Tracy’s Flaw” y “Charlie Big Potato” vino la traca final con “The Skank Heads (get off me)” y “100 Ways to Be a Good Girl” como muestra de agradecimiento por nuestra entrega, llegando a tocar así nada más y nada menos que 25 pistas en total.

Puede que la sala no registrara un lleno (además había otras propuestas musicales aquel mismo día como los Rival Sons), pero los que acudimos fuimos testigos privilegiados de la fuerza en directo que suponen estos londinenses.

Texto: Yorgos Goumas
Fotos: Nerea Ramos Mayor

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