Madness Live!

Crónica de Devin Townsend + Between The Buried And Me + Leprous: Y fueron felices

7 febrero, 2017 11:53 am Publicado por 
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Sala Razzmatazz, Barcelona.

Pocos músicos poseen el carisma y la simpatía del hombre que acompañó en su día a talentos como Steve Vai y que construyó un muro sónico y vocal a su alrededor que le caracterizaría durante los años venideros. Desde sus álbumes con Strapping Young Lad, pasando por proyectos como Casualties Of Cool, Devin Townsend ha mantenido la senda compositiva con incontables lanzamientos que le han alzado como uno de los personajes más icónicos del progresivo mundial y, sin duda, una referencia para multitud de artistas que observan atónitos la mareante cantidad de ideas que pueden llegar a surgir de la mente pensante de un compositor tan talentoso como hilarante, otra seña de identidad imprescindible para entender el personaje con el que nos encontrábamos ese sábado en la ciudad condal.

Leprous-La-Riviera-MadridTal era la expectación alrededor del canadiense que la tremenda gira que englobaba en talento de Townsend con la técnica de Between The Buried And Me y la energía de Leprous se tuvo que pasar de la segunda a la primera sala de la Razzmatazz barcelonesa, que llegó a lucir un aspecto fantástico para una velada para delirio de los allí presentes. Antes del espectáculo que nos brindaría el cabeza de cartel de la noche, los noruegos Leprous dieron una auténtica clase magistral y aprovecharon la oportunidad de actuar en un escenario en condiciones con un sonido a la altura de las circunstancias.

Cuarta vez que nos visitaban presentando su más reciente lanzamiento ‘The Congregation’ (2015), pudimos ver la versión más compacta de la formación tras conciertos tan extraños como el del templete del Be Prog! My Friend de hace dos ediciones o como el de la ocasión en que les tocó telonear a unos Annihilator que poco o nada tenían a ver con ellos. Con la batería de Baard Kolstad en el lateral del escenario, suponemos para dejar espacio al material de las formaciones venideras, el peso escénico recayó, como no podía ser de otra forma, en Einar Solberg, por cuyas manos pasan las composiciones de la banda y cuyo movimiento en escenario capta todas las miradas dejando en un meritorio segundo plano a los demás miembros de la formación, todos vestidos con perfecta camisa negra debidamente planchada para la ocasión.

Desde la inicial “Foe”, que abriría ese ‘Coal’ de 2013, donde el brazo de Einar iniciaría los sincopados movimientos de la canción, la banda sonó tremendamente compacta y logró congeniar con buena parte de una audiencia quizás no acostumbrada a sus sonidos. A partir de allí, los noruegos se dedicarían a desgranar cinco piezas más de ‘The Congregation’, dejándose en el tintero –y muy a mi pesar- algunas composiciones de ‘Bilateral’ y del ya olvidadísimo ‘Tall Poppy Syndrome’. Temas como “Third Law”, “The Price” o “The Flood” demostraron las nuevas dinámicas compositivas de la formación en los últimos años, dejando espacio para los estribillos y degustando los diversos pasajes entre secciones a modo de punteos y notas de lo más dinámicas. Pese a que “Rewind” nos dejó con cierto sabor agridulce, pues la acortaron justo para cuando llegaba el trozo gutural del corte, el asunto se arregló para “Slave”, para cuyo final se alzaría la locura desbordante acompañada por los gritos de un vocalista que, parece, va olvidando esa faceta de su voz a pasos agigantados. Escasa media hora para un concierto que recibió una gran respuesta y que demuestra una vez más el tremendo presente de una formación que hace ya años está llamada a liderar la nueva hornada de bandas progresivas que han surgido en los últimos tiempos.

Between-the-buried-and-me-la-rivieraLos siguientes en pisar el escenario fueron Between The Buried And Me, cuyas composiciones, me atrevería a decir, no acabaron de congeniar con la mayoría del público presente en la sala grande de la Razzmatazz condal. Sus canciones se cuentan por infinitas notas, las cuales pueden no tener ese orden que buena parte de la audiencia buscaba entre la actuación de Leprous y Devin Townsend. Y es que, si bien repasaron sus composiciones de forma más que meritoria, la sensación de frialdad respecto al público fue más que patente durante su actuación, con unos músicos mucho menos activos que los de sus predecesores y con, insisto, un tipo de música que quizás necesita un espacio propio para según qué tipo eventos. Al final, la sensación fue un poco la misma que en el Be Prog! My Friend de este pasado verano, una formación que intenta conectar a partir de las internadas de Tommy Rogers enfrente del escenario pero que se queda a medio camino de forma irremediable.

Eso no significa, de ninguna manera, que la calidad de sus canciones no se mostrara de forma digna para sus seguidores más apasionados, que seguro disfrutaron de las notas de composiciones como la inicial “Fossil Genera”, o de las dos canciones que integraban ese genial ‘The Parallax II: Future Sequence’ y que se interpretarían de forma seguida durante su actuación, “Lay Your Ghosts To Rest” y “Bloom”. Y es que es innegable la calidad a sus respectivos instrumentos de cada uno de los miembros de la banda, siendo sin lugar a dudas el guitarrista Paul Waggoner quien destaca por encima de los demás a partir de sus incansables dibujos a lo largo y ancho de sus temas. Como no podía ser de otra forma, repasaron también algunos cortes pertenecientes a su más reciente lanzamiento, ‘Coma Ecliptic’: “The Coma Machine” fue la primera en asomar cabeza para dejar el cierre de su concierto a la dupla formada por “Option Oblivion” y “Life In Velvet”, cuyas últimas notas recibieron los aplausos de un público que, como bien se ha descrito, se dividió entre quienes disfrutaron de las intrincadas melodías de los americanos y entre los que prefirieron charlotear o acudir a la barra del evento. Ambas opciones tremendamente validas, faltaría más.

Fue acabar la actuación de Between The Buried And Me y empezó el verdadero espectáculo. Desde la PA de la sala no dejó de sonar entre cambio de bandas la llamada Ziltoid Radio, un seguido de intervenciones del extraterrestre donde introducía canciones de artistas como Ihsahn o los propios Leprous mientras iba soltando comentarios y pedorretas para los allí presentes. Tras media hora de cambio, que se hizo bastante larga a decir verdad, saltaron a escena entre luces azules móviles los músicos de esta tremenda banda llamada Devin Townsend Project. La figura del músico canadiense salió entre vítores y la fantástica “Rejoice” sonó a pura gloria. El propio Devin, tremendamente sonriente, relajado, interactuando en con las primeras filas y señalando todo aquello que le atraía la atención de entre el público, dio en todo momento una lección lírica del más alto nivel, llegando a todos los tonos que su privilegiada voz le permitía.

devin-townsend-project-la-riviera“Night” fue fantásticamente bien recibida y, para adentrarnos en territorios aún desconocidos, “Stormbending”, donde Devin dejó el protagonismo al guitarra Dave Young, y “Failure”, de su más reciente lanzamiento ‘Transcendence’, hicieron corear a un público totalmente rendido a la mágica escénica y sónica que tenía delante. Y es que el concierto fue una constante pleitesía al músico canadiense, que atrajo las miradas del respetable y no las soltó durante un solo instante, haciendo gala de una cantidad de recursos encima del escenario que servirían para una clase magistral de cómo ser un verdadero frontman.

“We try to be happy”, nos decía mientras encaraba las notas de la envolvente “Hyperdrive!”. ¡Ojalá haberle podido ver junto a Anneke en ese escenario! Townsend invitó a toda la gente a ser extraña mientras llamaba a mover los brazos al son de “Where We Belong”, y después encaró la composición más larga de la noche, “Planet Of The Apes”, para cuyas notas nos dijo que necesitaba una guitarra realmente potente. Vaya si la necesitaba, ¡tremenda Flying V que se sacó de la chistera! Si es que trucos al señor no le faltan, hasta hizo salir humo del hacha durante el solo del tema.

Y es que Devin Townsend ha hecho gala durante toda su carrera discográfica de una cantidad de recursos envidiable que le han permitido sumergirse en géneros de lo más dispares. Wankcore nos dijo el mismo que hacía, arrancando así las risas del respetable. La veloz “Ziltoid Goes Home” puso la nota heavymetalera al asunto para que, al terminar, la gente coreara el nombre del artista. Entre sonrojos pidió que parasen, pues ahora tocaba algo un poco más oscuro, una “Suicide” que precedió a la que fue la tripleta ganadora de la noche, cuyo inicio fue ni más ni menos que “Supercrush!” para luego dar la bienvenida a Ziltoid para una “March Of The Poozers” tremendamente efectiva y coreada. Que si el sábado era el mejor día para el rock n’roll o que si era demasiado embarazoso decir encima del escenario que tenía ganas de mear; los micro monólogos de Townsend se dieron una pausa después de “Kingdom”, para cuya parte rápida Dave Young y Brian Waddell se atrevieron a pisar la parte frontal del escenario para recibir los aplausos del respetable.

Los clichés son algo fundamental en el mundo del espectáculo, e igual de necesario tendría que ser reírse de ellos. “¡Necesitamos vuestra validación, gritadnos que queréis que volvamos!” o “¡A ver si lo hacéis mejor que en Madrid!”, espetó Devin para salir ya a modo de bis con su guitarra acústica para una “Ih-Ah!” que se erigió como el momento más especial de la noche. Y es que fue durante ese íntimo momento, donde animó a todo el mundo, mecheros en alto, que corearan, dieran palmas o lo que fuera que se les ocurriera durante el tema, cuando nos dimos otra vez cuenta de lo potente que es la presencia del canadiense sobre el escenario. Pocos músicos tienen la capacidad de, solos ante el peligro, congregar todas las miradas, gestos y oídos a su antojo. Entre risas hizo callar a alguien que hablaba entre el público: “¡Oye, que estoy siendo muy sensible y me estas estropeando el momento!” y hasta hizo que le gente imitara los sonidos de una tostadora, un gato o una vaca. Si esto no es ser un genio, que venga alguien a explicármelo. Y los oés oés que procedieron a tan mágico momento fueron más que justificados, por supuesto. Irremediablemente llegábamos al final de la noche y, tras los merecidos agradecimientos a toda la banda que le acompaña y a toda la crew que le ayuda en cada show, Devin Townsend encaró “Higher”, también de su último esfuerzo discográfico, para poner el broche de oro a una velada para el recuerdo.

Al acabar, el tipo se pasó minutos saludando a cada uno de los asistentes entre las primeras filas, agradeciendo la presencia de cada uno y hasta parándose a charlar, en pleno foso, con aquel quien le dirigiera alguna que otra palabra. Al final, y como bien nos dijo durante  su tremendo espectáculo, todo se resume en tratar de ser feliz. Si es que hay que quererle.

                                                                                  Texto: Víctor Vallespir
Fotos (Madrid): F.R. García

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