50 años del debut de The Doors: El nacimiento de un mito

3 enero, 2017 5:29 pm Publicado por 
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El 4 de enero de 1967 se ponía a la venta el primer disco de una banda cuya influencia cambiaría por completo el panorama musical de las próximas décadas, sin ella jamás hubieran ocurrido los lamentos agónicos de Joy Division ni probablemente Iggy Pop hubiera untado su torso con crema de cacahuete y carne de hamburguesa. Y eso por no hablar de Eddie Vedder, Scott Weiland, James LaBrie, Ville Valo y tantos otros vocalistas que reconocen a Jim Morrison como máxima inspiración. Alfredo Villaescusa saca el bisturí y desmenuza el álbum seminal que marcó el inicio de la leyenda del Rey Lagarto.


the-doors-primer-lpDicen que la clave de su éxito estuvo en haber pulido bien las canciones en los populares garitos angelinos Whisky A Go Go y London Fog noche tras noche, no en vano Jim Morrison y compañía se convirtieron en banda residente del primer local después de hartarse de tocar en el segundo durante varios meses a principios de 1966. Un bar casi vacío sirvió para que los jóvenes se entregaran a improvisaciones y demás idas de olla que con el tiempo cristalizarían en himnos mayúsculos como “Light My Fire”, “The End” o “When The Music’s Over”.

Con el aura de respetabilidad que proporcionaba el haber sido telonero de los Them de Van Morrison y una reputación intachable en directo, probaron fortuna en el mercado discográfico en un primer momento con Columbia Records, pero la cosa no fructificó. Tuvieron la suerte de que Jac Holzman, presidente de Elektra Records, acudiera a uno de sus bolos por recomendación del líder de Love Arthur Lee y el hombre se quedó tan convencido con lo que vio que no dudó en ofrecerles un contrato en su prestigiosa escudería. Fue el inicio además de una fructífera colaboración junto al productor Paul A. Rothchild y el ingeniero de sonido Bruce Botnick.

Y así desde el 24 al 31 de agosto de 1966 grabaron el disco en los Sunset Sound Recording Studios de Hollywood, California. El resto pertenece ya a la historia de la música. Acabó vendiendo 20 millones de copias y los consagró junto a The Beach Boys o The Rolling Stones como padres de la modernidad de la época. El mundo asistió atónito a ese matrimonio poco convencional entre el rock y la poesía que no se limitaba a refugiarse en cuevas de culturetas elitistas, sino que aspiraba a abrirse camino hacia un plano superior. He aquí las razones.

1. Break On Through (To The Other Side)

Existen pocas apelaciones más directas a explorar nuevos estados de conciencia que este primer single del grupo, no en vano la discográfica Elektra decidió editar la frase “she gets high” (ndr: ella se droga) ante el temor de que esta referencia explícita a sustancias prohibidas perjudicara su difusión en las ondas. Por tanto, la versión original y todas las reediciones hasta 1990 han eliminado la palabra “high” y únicamente se escucha a Jim Morrison cantar “she gets” antes de fundirse en un grito. Las remasterizaciones más recientes han recuperado la estrofa censurada, así como las actuaciones en directo de la época, aunque muchas emisoras y recopilaciones siguen prefiriendo la versión políticamente correcta ya que resulta más familiar a los oyentes.

Respecto a la estructura de la canción, mencionar que utiliza un ritmo de bossa nova en la batería, un género en el que estaba muy metido John Densmore por aquel entonces, mientras que Robby Krieger a la guitarra se inspiró en el riff del clásico blues “Shake Your Moneymaker” de Elmore James. Y ya para terminar de rizar el rizo, el teclado tiene ciertas reminiscencias del popular “What’d I Say” de Ray Charles, un ejemplo perfecto de esa delirante mezcla de géneros que sería santo y seña de The Doors.

2. Soul Kitchen

Patti Smith en su álbum de versiones ‘Twelve’ explicaba de una manera muy peculiar lo que significaba para ella este tema: “Tuve un sueño en el que un travieso serafín detrás de una gruesa cortina de terciopelo me susurraba: “Tienes que hacer “Soul Kitchen””. Me levanté, me vestí y salí fuera cuando un camión enorme de la basura se paró en frente de mí y de su radio salía “Soul Kitchen”. Soy ligeramente supersticiosa, así que pensé que a lo mejor la debería hacer”.

Y es que, como bien dijo la poeta del punk, escuchar esta pieza supone traspasar el umbral hacia otro plano existencial, adentrarse en una habitación oscura mientras Jim Morrison se transforma en una suerte de ilusionista que te dice: “Coge una carta”. Pero dicha elección tiene trampa, solo hay un lugar donde ir.

3. The Crystal Ship

Esta cara B de su celebérrimo “Light My Fire” lleva suscitando especulaciones acerca de su enigmática letra desde hace décadas. Pese a que John Densmore quisiera zanjar polémicas al confesar que se trataba de una canción de amor a la primera novia de Morrison Mary Werbelow, su atmósfera somnolienta de colocón sugería otros significados menos elevados como el que apuntaba el crítico James Perone que vinculaba el título “The Crystal Ship” (ndr: El barco de cristal) con los viajes inducidos por las drogas. En esta línea, una carta dirigida al periódico Los Angeles Times en 1990 afirmaba que el tema en realidad hablaba sobre el cristal o metanfetamina, siendo en este caso el “barco” que menciona la aguja y el “beso” el acto de inyectarse. Al margen de las diversas interpretaciones, lo que sí que provoca desde luego es un chute de emoción.

4. Twentieth Century Fox

Esa ansia de las jóvenes de la Costa Oeste norteamericana por triunfar en el cine por los buenas o por los malas sirvió a Morrison para retratar a un numeroso grupo social de la época a la par que hacía un juego de palabras con el nombre de unos poderosos estudios cinematográficos. Aquí hay un fresco en toda regla hacia esas féminas que se valen de su belleza para lograr lo que se proponen y labrarse una carrera de dudoso prestigio profesional. Por el tono está ligeramente emparentada con “Dedicated Follower Of Fashion” de The Kinks, no era ningún secreto que el vocalista de The Doors admiraba tanto a los británicos que hasta fusiló el riff de “All Day And All Of The Night” en “Hello, I Love You”. Y aunque eso de referirse a las mujeres como “zorras” pueda chocar en pleno siglo XXI, lo cierto es que a finales de los sesenta ese término no poseía tanta carga negativa como en castellano y se utilizaba únicamente para designar a una chica guapa. Nada de resquemores.

5. Alabama Song (Whisky Bar)

Esta primera incursión en el cancionero ajeno que aparece en el disco pertenecía en realidad a la ópera de 1930 de Bertolt Brecht y Kurt Weill ‘Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny’ y no tardó en convertirse en un clásico de sus actuaciones en directo. Pese a que Morrison y compañía respetan el espíritu fantasmagórico de la original, cambian la melodía y también alguna estrofa como “Show us the way to the next pretty boy” por “Show me the way to the next little girl” y así transformar el coro de prostitutas de la obra de Brecht en una especie de reunión de borrachos ávidos por hincar el diente a alguna desvalida fémina. Su carácter circense mostraría además la predilección de la banda por los sonidos cabareteros, una jugada que repetirían en su siguiente trabajo ‘Strange Days’ con “People Are Strange”.

6. Light My Fire

Sin duda la pieza por la que muchos les recordarán y que a los verdaderos seguidores les produce un poco de náusea debida a su excesiva popularidad, aunque la verdad es que su éxito se debió en gran medida a la versión que grabó José Feliciano en 1968. Compuesta en su mayor medida por el guitarrista Robby Krieger, un hecho que le provocaba cierto resentimiento a Jim Morrison hasta el punto de confesar que odiaba cantarla, fue también protagonista de una polémica al comprometerse la banda a cambiar una estrofa que hacía referencia al uso de drogas para su actuación en The Ed Sullivan Show y al final pasarse la recomendación por el forro y decir lo que les viniese en gana. Ni siquiera se despidió de ellos cuando abandonaron el escenario.

7. Back Door Man

Este blues original de Willie Dixon y grabado por primera vez en 1960 por Howlin’ Wolf encajaba como un guante en el espíritu provocador de The Doors. En la cultura del sur de EE UU, el título hace referencia a los hombres que mantienen relaciones con mujeres casadas y utilizan la puerta trasera para huir antes de que el marido regrese por la entrada principal. Nada que ver por tanto con algunas especulaciones acerca de una implícita homosexualidad pasiva, de hecho, el batería John Densmore lo consideraba un tema “profundamente sexual y que ponía a todo el mundo a bailar”. Una de esas versiones que se adaptan tanto al estilo de una banda que casi se podría hablar de una composición propia, en especial en esa soberbia parte instrumental en la que Manzarek, Krieger y Densmore se explayan a gusto y se les une Morrison con sus aullidos.

8. I Looked At You

Muchos la consideran una pieza menor dentro de su discografía, aunque en el caso de The Doors hablar de temas endebles casi suene a chiste. Lo que sí se podría decir es que se trata de una composición rockera sin mayores pretensiones, aparte de divertirse, en la que utilizan ese truco repetido en infinidad de ocasiones en la historia de la música de hacer una pregunta y contestarla en la estrofa siguiente. Los protagonistas parecen ser dos personas que se acaban de conocer, aquí no hay margen para interpretaciones surrealistas.

9. End Of The Night

Y del tono desenfadado y hasta festivo pasan de un plumazo a una de las composiciones más tétricas de su catálogo, una especie de poema conceptual en torno a la idea de ‘Viaje al fin de la noche’ del escritor maldito francés Louis Ferdinand-Céline. En un estado de calma, probablemente inducido por las drogas o alguna otra sustancia, Morrison juega con la fascinación por la oscuridad y la identifica con la muerte, que él entiende como un descanso o un remanso de paz, según se desprende de las siguientes estrofas: “Realms of bliss, Realms of light / Some are born to sweet delight / Some are born to the endless night” (ndr: Reinos de dicha, Reinos de luz / Algunos nacen para la dulce delicia / Algunos nacen para la noche sin fin). Unos versos casi clavados a los que encontramos en el poema de William Blake ‘Augurios de inocencia’ (1803).

10. Take It As It Comes

Aquí adoptan el registro hippy total en una invitación a la vida contemplativa y a aceptar sin mayores aspavientos lo que nos venga dado a lo largo de la existencia, sean alegrías o desgracias. Al igual que gran parte de la juventud de la época y algunos colosos como The Beatles o The Beach Boys, Morrison también sufrió su etapa mística influenciada por el gurú de la Meditación Trascendental Maharishi Mahesh Yogi, aunque, al contrario que otros, jamás llegó a conocerlo en persona y su influencia se limita a la lectura de sus libros. Pese a su letra buenrollista, es toda una explosión de energía en la que destaca el teclado pasado de vueltas de Ray Manzarek. Los Ramones la recuperaron en 1992 para su álbum ‘Mondo Bizarro’.

11. The End

Si de lo que hablamos es de letras enigmáticas, esta obra maestra que en un inicio era una canción de despedida, probablemente a una chica, se lleva la palma con diferencia, puesto que está plagada de todos los símbolos recurrentes en los textos de Morrison, entre ellos, la autopista hacia el fin de la noche o la serpiente, ya utilizada con intención fálica por los artistas negros de blues clásico. Pero sin duda se recordará por los siglos de los siglos a los californianos por ese intervalo en el que introducen el complejo de Edipo en el mundo del rock, un tema muy discutido en la psicología Freudiana de la época. Nos referimos a esa parte recitada que comienza con las palabras “The killer awoke before dawn…” y alcanza su clímax cuando Jim dice: “Father? / Yes, son? / I want to kill you / Mother, I want to…” antes de reventar en un alarido ininteligible que los músicos amplifican a su vez. Lo cierto es que el productor Paul Rothchild decidió dejar fuera las palabras “fuck you”, aunque con esta acción quizás contribuyó a crear mayor dramatismo y una tensión propia del que se enfrenta cara a cara a sus temores más ocultos.

La versión en estudio no es la que solían interpretar The Doors en sus directos, ya que se trataba de la típica excusa para que Morrison desparramara y se quedara con la peña con sus desvaríos varios, que podrían incluir incluso relatos de accidentes, tal y como se puede escuchar en la pieza en vivo que cierra su álbum ‘In Concert’. O dicho de otra manera, que Jim cantaba lo que le salía de los mismísimos, un hecho que aprovechó Rothchild al dar libertad plena al cantante para explayarse y así registrar dos tomas completas de treinta minutos cada una, que posteriormente se condensaron en once minutos pasados en la mezcla final.

Como curiosidad, mencionar que dicha canción forma también parte de la historia del cine al ser incluida por Francis Ford Coppola en ‘Apocalypse Now’, tanto en la apertura del filme como en los créditos finales. Imposible olvidar esas imágenes de helicópteros sobrevolando el cielo mientras abajo las palmeras se funden en fuego y explotan como si fueran palomitas de microondas. El olor a napalm.

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