JAVIER PÉREZ, MÁS DE UN MILLÓN DE KILÓMETROS SOBRE DOS RUEDAS

enero 21, 2012 por:  
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El sonsecano Javier Pérez nació sobre dos ruedas. A muy corta edad, descubrió que su auténtica pasión eran las motos. Esta afición y su ansia irrefrenable de aventura le han llevado a recorrer lugares fascinantes, algunos tan recónditos y australes, tan alejados de la mano de Dios, que resultan desconocidos para la mayoría de los mortales.

Javier Pérez relata a EL DIA sus aventuras y desventuras sobre sus dos ruedas.

Su cuentakilómetros personal refleja más de un millón de kilómetros y de momento sigue girando a mil revoluciones. En los últimos siete años, acompañado de su infatigable “Margarita” -nombre cariñoso con el que ha bautizado a sus cabalgaduras- se ha pateado el cono sur de América. Argentina, Chile, Perú, Brasil y Bolivia figuran en su diario de a bordo, pero sus retos no encallan de momento. Ya tiene en su mente el próximo viaje, un asombroso recorrido que le llevará desde Argentina, pasando por Panamá, con la vista puesta en el gélido país de Alaska.

Un sueño
Su sueño comenzó en el sofá de casa. Lo cuenta Pérez en su página web (www.javierperezen moto.com), en la que cuenta todas y cada una de sus andanzas de trotamundos. “Mientras veía la película “Diarios de motocicleta”, en la que se evocan las aventuras (y desventuras) que en 1952 emprendían dos jóvenes argentinos a los mandos de una Norton de 500 cc, me quedé petrificado”. Uno de estos jóvenes era Ernesto Ché Guevara. Fue tan grande el impulso de rodar algún día por aquellos caminos del cono sur, que sin prisas pero sin pausas comencé a preparar mi viaje a Argentina. El filme representaba justo la aventura que yo había buscado desde pequeño”.

Las aventuras son arriesgadas, unas aventuras que, por lo general y salvo raras excepciones, prefiere afrontar en solitario, desafiando al destino, por zonas inhóspitas y en la mayoría de casos intransitables.  Lugares casi despoblados, enormes distancias entre pequeñas aldeas, pocas gasolineras, contrastes infernales de temperaturas, viento lateral, lluvia torrencial y granizo y trayectos de ripio y barro. En su itinerario no existen las carreteras convencionales de asfalto. Es necesario ir bien preparado: un buen equipo térmico, escaso equipaje y tanques adicionales de gasolina, que en más de una ocasión le han salvado el pellejo en la soledad del viaje. Por descontado,es imprescindible un buena preparación física y una gran fortaleza mental para superar las hazañas por indómitas tierras.

Es todo un reto personal. “Puedes quedarte sin combustible en mitad de la nada, quedar aislado por una fuerte nevada y sin alimentos, romper la transmisión sin tener recambios, pasar varios días sin cruzarte con nadie ni ver un teléfono”, señala. Es lo apasionante de la aventura, apunta Pérez, que, afortunadamente ha tenido la suerte de encontrarse con “gente maravillosa” en su camino, a lo largo del que ha hecho muy buenos amigos. El sonsecano ha comprobado que la gente, cuanto más sencilla, cuanto más humilde es, por norma general es mucho más acogedora y hospitalaria.

Pero por si las moscas, y cómo nunca sabe con quién te puedes encontrar, añade que siempre hay que recurrir a la picaresca, una picaresca que sólo proporcionan los kilómetros de experiencia, y que consiste en no dar pistas sobre el recorrido que vas a trazar. Así, nos cuenta que si paras en la carretera, lo haces poniendo las motos en la dirección contraria a la que uno se dirige, pero también tiene por norma no pararse más de diez minutos en el mismo sitio.

No sólo moto
Pérez nos cuenta que la aventura no se limita exclusivamente a la moto. Hay sendas intransitables, como la ruta transamazónica con más de 5.500 kilómetros de distancia, que no se pueden realizar sobre dos ruedas como el viaje en el que se embarcó navegando en canoas, en balsas o en barquitos en el Amazonas, cruzando el río Negro o  el Madeira
.Lo inhóspito de su recorrido le han llevado a encontrar a otros motoristas en apuros. En el sur de Chile se topó a un motero alemán perdido en un camino, con síntomas de congelación.
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Desde los Andes  hasta la selva amazónica
“¡ Vamos Margarita, que tenemos mucho que recorrer…!!!”. Estas son las palabras que, junto una caricia, suele pronunciar Javier Pérez a su compañera de viaje nada más partir.

Su aventura por el cono sur de América comenzó en el 2005, cuando inició el recorrido por Argentina en moto y en solitario. Con suficiente antelación, contactó con una empresa en Buenos Aires, que le preparó la moto  para un viaje de esa envergadura. En 35 días recorrió 15.000 Kilómetros,  bajando toda la cordillera de los Andes hasta Ushuaia, ciudad más austral del mundo, desde donde subió bordeando el Atlántico, llegando a Buenos Aires sin ningún incidente importante.

En 2006, pone rumbo a Chile, una aventura en solitario de 18.000 kilómetros por el país sudamericano, abordado en 31 días. En su inmenso trayecto, Pérez miró a los ojos de las nevadas cumbres del Aconcagua (6.959 metros de altitud) al pico más alto de América, cuyo macizo es atravesado por el largísimo túnel del Cristo Redentor, paso fronterizo entre Argentina y Chile; pasó por Talca, región inundada de lagos y frondosos bosques; la isla de Chiloé, a la que llegaría días más tarde fascinado por los lugares que jalonan esta bajada absolutamente increíble: el Salto de Laja, Los Ángeles, Temuco, Villarrica, Los Lagos, Río Bueno, Osorno, Llanquihue y Puerto Varas; el desierto de Atacama o los espectaculares géiseres del Tatio.

En su viaje a Bolivia (2007), después de su paso por Potosí y Sucre, “Margarita” le llevó por escarpadas montañas, en su destino a Thoco Pampa,hasta recónditos lugares habitados por indígenas. Posteriormente, en medio de la dureza de un camino de angostas veredas, su destino llegaba hasta “La Higuera”,pequeña aldea donde murió asesinado el “Ché”. Las Misiones Jesuíticas, zona declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO o la selva boliviana formaban parte del sorprendente itinerario de este intrépido motorista. En su trayecto desde Trinidad a San Borja, propios y extraños se asombran de que hubiese podido culminar el recorrido, un auténtico barrizal, intransitable para cualquier osado motorista. Finalmente, los Andes bolivianos.

En 2008, recorre Perú, con la intención de cruzar a Chile por el paso fronterizo de San Francisco, provincia de Catamarca (Norte de Argentina) y pasar al desierto de Atacama, alcanzar Arica e ingresar en Perú por la ciudad de Tacna. Su moto para esta ocasión, una Honda Transalp 650.

Su primer salto a Brasil llegaría un año más tarde en el 2009, trazando una línea recta hasta Sao Luis, en la costa Norte del país, para visitar el paradisíaco P. N. Lencóis, desde donde se encaminaría hacia el sur, hacia Mato Grosso, atravesando la selva.En 2010, repetiría experiencia por tierras brasileñas, en una recta de sur a norte, que le llevarían hasta Sao Louis y Belem, donde pondría rumbo al corazón de la selva amazónica, con temperaturas asfixiantes y caimanes en su recorrido.

Hace varias semanas ha regresado de su viaje por la Patagonia Argentina.

Fotos: J. Pozo

EXTRAIDO DEL PERIÓDICO “EL DÍA” DE TOLEDO

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